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lunes, agosto 04, 2008

Día 6: En Chicago

¿Que hay de nuevo amigos?

Un blog me mandan hacer violante
que en mi vida me he visto en tal aprieto…

Al grano.

Hoy hemos comenzado el día reponiendo fuerzas en un Dunkin’ Donut junto al hotel. Así no variamos la dieta rica en colesterol.
Con el estomago bien lleno nos hemos dirigido al Planetarium, que está situado al final de un muelle del lago Michigan. Desde allí se pueden observar unas magníficas vistas del skyline de Chicago. También hay un museo de Ciencias Naturales y el “Soldier Field”, el estadio donde juega el equipo de fútbol (americano) de Chicago (los “Bears”, de hecho la ciudad está llena de osos… tipos grandes, gordos y peludos).
Le pedimos a una rubia (dato no significativo) que nos hiciese una foto con los rascacielos de fondo. Cabíamos de sobra pero empezó a retroceder más y más y nos temimos lo peor… efectivamente, hizo una foto con un 25% de hierba de jardín, un 25% de hormigón del muelle, un 25% de nuestros cuerpos serranos pero enanos y el resto (otro 25%) de edificios y cielo. En la parte de la hierba se puede ver la bici de la chica posada sobre el césped. Parece que quiso que nos llevasemos un recuerdo de ella.

Desde allí cogimos uno de los buses turísticos que te llevan por la ciudad (GRATIS pero gratis de verdad, no como los autobuses y metros de algunas ciudades europeas, que son gratis si entras por la cara) hasta dar una vuelta casi completa. De hecho, el bus recorría el “Loop” una zona rectangular del downtown de Chicago (el centro del centro, vamos).
Desde una parada de este bus, hicimos un paseito hasta el Chinatown. La verdad es que no merece la pena visitarlo, no tiene nada que ver con el de Nueva York o San Francisco. Eso si, aprovechamos para comer (comida china, por supuesto) y nos ocurrieron un par de anécdotas.
Encontramos una oficina de correos e intentamos aprovechar para comprar sellos (no es fácil encontrar oficinas de correos, se esconden… sobre todo si las estás buscando, Ley de Murphy). Nos atendió un afro-americano (a partir de ahora simplemente negro) que nos preguntó de donde éramos. Le dijimos que de España y empezó a hablarnos de sitios… conocía Madrid y Barcelona (decía que había buena fiesta) y cuando le dijimos que éramos del norte también conocía Bilbao y nos dijo que entonces seríamos vascos… y que estábamos locos por querer hacer la ruta 66, no había nada hasta California.

También hablamos con un mexicano que hablaba a la velocidad de la luz. Intentó contarnos una película que había visto sobre España y una batalla naval contra los “inglaterros” (sic) en la que estos queman petróleo y nos hunden los barcos (¿¿¿???) y una reina que era lesbiana y otra mujer que era ninfómana… en fin, ninguno conocemos la peli, si podéis ayudarnos a saber de que peli se trata os lo agradeceríamos. No hay que descartar que fuese una peli porno.
Tomamos otro medio de transporte (en este caso el metro y pagando) para alejarnos de Chinatown y nos paramos a descansar un rato en Buckingham Fountain, en el Grant Park.

Desde allí fuimos a la torre Shears (el edificio más alto de los Estados Unidos y 2º del mundo) desde donde pudimos contemplar unas magníficas vistas nocturnas de la ciudad.
Por último, pillamos unas pizzas características de la ciudad, con la masa muy gorda, en un restaurante junto a la torre, el Giordano’s. Hay más Giordano’s (y otros similares) dispersos por la ciudad. Estaban cerrando y tuvimos que llevarnos las para comer fuera. Como hacía muy bueno nos las comimos en unas mesas de una plaza del centro, cerca de la zona de teatros de Chicago (similar a Broadway en Nueva York).

Y por fin al hotel a descansar, que mañana nos espera otro duro día de aventuras…