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lunes, septiembre 01, 2008

Día 22: Thousand Oaks- Los Ángeles

WHERE IS PAMELA?
Hemos llegado a Hollywood. ¡¡Hollywood!! ¡¡La ciudad de las estrellas!!
Es cierto eso de que la tele engorda. Desde luego lo ha hecho con esta ciudad, porque vista desde aquí, in situ, no parece tanto. Hollywood Blvd con su Walk of Fame no parece tan grande como en la tele, ni tan brillante. Se han olvidado de ponernos la alfombra roja y las luces no brillan. Que pena no haber coincidido con algún acto, seguro que la ciudad se transforma y luce más.
Eso si, aquí todo “artista” tiene su estrella. A la altura de nuestra suela, como merece más de uno. Quisiera ser critico con este tipo de cosas, pero siendo de naturaleza humilde y de condición sencilla, comprendo que no se pueden separar los talentosos músculos de Schwarzenegger de la no menos talentosa voz de Aretha Franklin. No hemos podido resistir la tentación y nos hemos hecho una foto con nuestro ídolo, Chuck Norris. Le hemos pedido a otro guiri que nos hiciera la foto de rigor, mientras jaleábamos, ¡Chuck! ¡Chuck! ¡Chuck! No se si podremos añadir esa foto, porque se mantenía a una distancia de seguridad propia de contaminación nuclear.
Dando un paseo por Hollywood Bvld, hemos comprobado que la profesión de superhéroe esta de capa caída al ver a Spiderman, Superman, el Zorro y alguno más, repartiendo folletos de no se que historias.

Hemos pensado que no podemos irnos de la ciudad sin ver las letras de HOLLYWOOD.
Nos consta que son bastante grandes, pero nos cuesta dar con ellas. Por fin encontramos el camino de Mulholland Drive, que nos conduce hasta una zona alta desde la que podemos ver las famosas letras. Bueno, una cosa mas.
Nos hemos puesto camino a la playa. Y por supuesto, a la playa de Santa Mónica. Tenemos que comprobar ciertas cosas relacionadas con “Los vigilantes de la playa”.

De camino, pasamos por Beverly Hills y claro, hemos tenido que darnos una vuelta. No esta mal esta zona, me recuerda un poco a Neguri. Me pregunto si una casita por aquí, será tan cara como en mi barrio.

Volvemos a ponernos camino a la playa. Nos encontramos semáforos cada 300 metros, y parece que los tienen programados para que te tengas que parar en todos, así que el camino se nos hace cansino y tedioso. Por fin llegamos a la playa y con esto, al final de la ruta 66. Nos hacemos una foto con la placa que presumiblemente es indicativo del final de la ruta. Se nos mezclan la alegría de haber completado nuestro objetivo, con la tristeza de saber lo que esto supone.
La playa, inmensa. Hemos tenido que cruzar un desierto de arena para llegar a la orilla. Llevad agua para el camino.
Vale, vemos las casetas, vemos los coches de los socorristas, incluso vemos algún socorrista, pero… ¿y las patinadoras?, ¿y las chicas con cuerpos aceitosos?, ¿y las socorristas?, ¿y Pamela? Pues nada, parece que alguien ha avisado de que veníamos. Creo que así es mejor.
Después de tanto tiempo sin ir a la playa, hemos tenido que venir hasta aquí para meternos en la mar. Por fin, chapuzón en el Pacífico. Hora de comer. Nos hemos ido al Café Crepe. En el 1460 3rd st. Hablan español y tanto la comida como el trato es bueno.
Después de comer hemos dado un paseo por la zona peatonal, en la que diferentes artistas nos muestran su arte. Se ve y se escucha a gente, que en nuestra humilde opinión, es realmente buena.

Hemos optado por darle al cañonero lo mínimo para beber, así que vamos todo el día con la reserva en rojo. Esperamos haber calculado bien el consumo y las millas que nos quedan hasta el aeropuerto, porque seria una lástima quedarse tirado por el camino y no poder coger el avión. Jo, no podríamos ir a trabajar.

Decidimos ir a buscar el hotel que habíamos reservado previamente desde casa. Es el Metro Plaza Hotel y se encuentra en el 711 N de la Main St.
Hoy no tendremos que buscar ni regatear para dormir, que bien.
Este hotel, al igual que el de New York, esta en el barrio chino. Nos gusta el riesgo.

Después de asearnos, volvemos a la calle. Tenemos que exprimir el tiempo al máximo. Vamos descubrir la noche de Los Ángeles. Coño, buen titulo para un libro. La noche de los ángeles. Vale, pues como en otros sitios, no somos capaces de encontrar zona de marcha. Tampoco necesitamos mucha, solo un poco, con un nivel parecido a la semana grande de San Sebastián nos conformaríamos. Un beso Amaia. Por otro lado, vemos que es una ciudad un poco oscura y triste por la noche. Tanta estrella y no se refleja en la ciudad. Seguramente no nos hayamos movido por los sitios adecuados, pero ya hemos dado demasiadas vueltas, así que decidimos ir al hotel y tomarnos allí unas garimbas, que esta es nuestra última noche en tierra de los EEUU. La siguiente la pasaremos en el aire.

Hoy cuesta meterse en la cama, sabemos que cronos no se para y que tratar de alargar la noche es retrasar lo inevitable. Conscientes de que esto se está acabando, nos vamos a dormir contentos por lo vivido en este viaje y sabiendo que mañana veremos a nuestra gente. Siempre y cuando no nos quedemos tirados por el camino.

Día 21: San Jose- Thousand Oaks (Los Ángeles)

WHEN POSSIBLE MAKE A LEGAL "U" TURN...
Esta será, sin duda, la frase más escuchada del viaje. Es la frase que nos decía la voz del navegador del cañonero cada vez que nos confundíamos de camino o no hacíamos caso a sus no siempre sabias indicaciones. En general nos ha resultado de gran ayuda pero otras veces... cariñosamente la llamábamos "la guarra" o "la zorra", en función del grado de cabreo que nos produjese.

Tras pasar noche en San José, nos dirigimos ya dirección sur con idea de acabar el día lo más cerca posible de Los Ángeles. Pero primero paramos en Santa Cruz, donde reside un primo de Luis con la idea de desayunar con él. La quedada es en un restaurante brasileño y el desayuno es una fabula. Las camareras están muy bien, en particular hay una increíblemente guapa.

Tras despedirnos del primo de Luis, retomamos el camino hasta Sand, donde paramos en un "Circuit City" (una especie de centro comercial de aparatos informáticos, etc... tipo "Media Markt") con la idea de mirar algunas cosas (un portátil, cámaras, un disco duro externo). Hay un portátil con buena pinta en los papeles de propaganda pero ya se les ha acabado, así que decidimos seguir y parar en algún centro igual (o similar) por el camino (para desesperación de Carlos, que es el único de nosotros que no tienen pensado comprar nada... salvo un pin de la ruta 66, ya difícil de conseguir y en cualquier caso que nos e va a encontrar en un sitio de estos.

Una vez más en el coche, llegamos a Carmel, donde comienza una famosa carretera californiana que recorre el estado de norte a sur (o viceversa). Se trata de la "Big Sur". Ellos la llaman así porque el primer camino que se hizo por allí lo llamaron "Gran Sur" los misioneros españoles que llegaron a las costas californianas a comienzos del siglo XVIII. Solo han cambiado al ingles la primera mitad del nombre. Para que os hagáis una idea, es la carretera por la que conduce Michael Douglas como un perro en celo en "Instinto Básico" cuando va en busca de Sharon Stone.

La carretera está plagada de curvas y tiene un entorno espectacular. Montañas a un lado y al otro el mar. Desafortunadamente, hay algo de niebla y no podemos contemplar la belleza de los parajes en todo su esplendor.

Finalmente, paramos en un sitio donde había buenas vistas (y algo menos de niebla) para comer y luego continuamos hasta San Luis Obispo, donde termina esta carretera.

En esta ciudad volvemos a la carga con la tecnología. Esta vez paramos en un "Best Buy" pero los precios son más caros, de modo que a pesar de la hora (las 7 de la tarde) decidimos seguir camino hasta Santa Bárbara, donde el navegador nos indica que hay otro "Circuit City" pero tenemos que llegar antes de las 9...
Llegamos a las 20:40 y compramos lo que teníamos pensado, tras lo cual, al llegar al coche hicimos cuentas del despliegue tecnológico que teníamos:
- 2 portátiles.
- 9 cámaras digitales.
- 18 tarjetas de memoria.
- 2 discos duros externos.
- 2 navegadores.
- 2 MP4.
- 1 calculadora científica.
- 5 teléfonos móviles.
- 4 pen-drives.
Vamos... ni en la NASA!!!

Ya más relajados todos, reanudamos camino a Los Ángeles hasta llegar a Thousand Oaks uno de los pueblos/ciudades que pertenecen a Los Ángeles o están en su área de influencia. Allí pillamos un motel (un "6", como tantas veces) y cenamos después. Lo cual es bastante raro, pues casi siempre hemos dejado para el final buscar un sitio para dormir.

El viaje se está acabando. Ya solo nos queda ver Los Ángeles mañana y la mañana del día siguiente, pues por la tarde tendremos que tomar los vuelos de regreso a casa. Se nos va a hacer raro no tener hamburguesa y coca-cola para comer o cenar. Lograremos acostumbrarnos y readaptar nuestras vidas a un estilo de vida europeo?

Día 20: Escalon-San Francisco-San Jose (California)

Empieza un nuevo día. Hoy toca San Francisco. Ayer nos quedamos en Escalon, a algo más de 80 millas de la ciudad de las cuestas, así que nos toca madrugar algo más de lo habitual en nosotros. Desayunamos de camino en el coche nuestro habitual yogur y un plátano con la intención de no perder demasiado tiempo con los copiosos desayunos americanos.

Amaneció un día algo ventoso (alguno no lo tuvo en cuenta cuando se hizo una parada antes de llegar a San Francisco para echar un meo) y bastante más fresquito que en jornadas precedentes. Incluso tuvimos que sacar nuestras sudaderas del fondo de las maletas por primera vez en todas nuestras vacaciones (alguno más friolero ya lo tuvo a mano hasta el último día). La idea de bañarnos en el Pacífico por primera vez en nuestras vidas la tuvimos que dejar para otra ocasión. Sólo un intrépido viajero tuvo la osadía de introducirse en dicho océano.

Llegamos a San Francisco y después de callejear un rato enseguida nos dimos cuenta de por qué le llaman la ciudad de las cuestas. Y menudas cuestas. Nuestro cañonero sufría y rugía mucho en ellas. Y como consumía el tío. El marcador de la gasolina bajaba rápido, como todo el viaje, pero esta vez más.

Enseguida llegamos a la orilla de la bahía de San Francisco, al lado del Golden Gate. El otro puente, por el que entramos a la ciudad, el Bay Bridge es más largo pero el primero es más emblemático. En medio de la bahía se veía la isla de Alcatraz con su prisión.

Poco después atravesamos a pie el Golden Gate ida y vuelta. Bonitas vistas de San Francisco desde el medio del puente. A la vuelta la niebla se iba echando sobre el puente, así que pudimos hacer algunas fotos diferentes de él.

Tras comer en un italiano en el barrio italiano de la ciudad seguimos callejeando por las cuestas. Nos acordamos de Steve McQueen en la película Bullit pero nos reprimimos nuestras ganas de una carrera con el cañonero aunque lo compensamos haciendo un travelling desde el techo del Lincoln Navigator con una de nuestras supercámaras bajando Lombard Street, famosa calle que es tan empinada que han tenido que hacerla formando eses para poder bajar por ella.


Otra cosa curiosa que tiene la ciudad son unos autobuses eléctricos conectados pòr unos cables que cuelgan sobre las calles. También es famoso el tranvía de San Francisco, con el que nos cruzamos varias veces.

Acabamos el día tratando de realizar unas compras (sí, otras más) que nos habían encargado. A algún dependiente no le sentó bien que le regateáramos y que comprobáramos que la mercancía estaba en buenas condiciones. Como vimos que se ponía borde nos fuimos sin comprarle nada después de estar un buen rato en la tienda. Detrás de nosotros algún mother fucker y alguna que otra lindeza. Curiosa manera que tienen de tratar a los clientes por aquí.

Día 19: Fresno- Yosemite National Park-Escalon (California)

Después de pasar la noche en Fresno, partimos hacia el Parque Nacional de Yosemite, que queda a nada menos que 80 millas. Por si fuera poco, a medio camino nos encontramos con una máquina que está pintando las líneas de la carretera y nos hace ir un buen rato prácticamente parados.
Cuando por fin llegamos al Parque (25 $ por vehículo, válido para 7 días), el primer sitio al que nos dirigimos es al Glaciar Point. Aunque es un ratillo de coche merece la pena porque desde allí se puede contemplar unas vistas increíbles del Half Dome (una curiosa y enorme roca que parece que está cortada por la mitad), de las cataratas de Yosemite (lástima que en nuestra visita estén secas), y alguna otra catarata.


Inmersos entre tanta naturaleza nos sale el lado montañero y decidimos que ya va siendo hora de aparcar el coche (perdón, EL CAÑONERO) y andar un poco, así que retrocedemos un trecho y tomamos un camino que nos lleva a Sentinel Dome, desde donde podemos contemplar mientras comemos otra de las “piedras” famosas del Parque. Me refiero al llamado “Capitán”, una mole que, por lo que cuentan, es una especie de Meca entre los escaladores (si veis la foto sabréis por qué).


Después de meditar un rato si lo escalamos o no, al final decidimos dejarlo para otro día, que ya es un poco tarde, hoy hace mucho calor y esos excesos no pueden ser buenos. Así que en vez de escalar el Capitán, lo que hacemos es acercarnos hasta la Bridalveil Fall. Os parecerá que vamos a lo fácil, pero de eso nada, que para llegar a la cascada hay que jugarse el tipo (casi tanto como para subir al Capitán), y si no os lo creéis, mirad la siguiente foto.


E incluso nos dimos un bañito.


Total, que solo conseguimos salir del estado de criogenización en que nos han dejado las aguas de la cascada de marras cuando ya se está poniendo el sol, justo a tiempo para contemplar uno de los anocheceres más bonitos de todo el viaje, y por si pensáis que exagero, vedlo vosotros mismos…



En resumen, que si vais a viajar por la zona y estáis pensando si pasaros por Yosemite o no, no lo dudéis. No creo que os arrepintáis, aunque os recomiendo no escoger agosto, porque el hecho de verlo sin apenas agua en sus numerosas cascadas le resta bastante de su encanto.

Día 18: Porterville- Sequoia & Kings Canyon National Park- Fresno (California)

Goodbye Porterville! El Sequoia & Kings Canyon National Park nos espera, así que allí dirigimos las ruedas de nuestro Cañonero.

La entrada nos cuesta lo mismo que la del Gran Canyon, es decir, 20 dólares por coche, un precio razonable. Enseguida empezamos a ver secuoyas. La verdad es que son grandes las puñeteras, como podréis comprobar en las fotos que os ponemos a continuación:

Ya me imagino lo que estaréis pensando, que al lado de Miguel hasta una encina parece grande, y no os falta razón, pero para que os imaginéis el verdadero tamaño de estos monstruos botánicos, tened en cuenta que cuando cae alguno de ellos por una zona de paso de la carretera, abren un boquete en el tronco del árbol para que pasen los coches por debajo y… HASTA CABE EL CAÑONERO:

Bueno, el primer punto importante que vamos a visitar dentro del Park es Moro Rock, que como su propio nombre indica es una roca por la que se puede ascender y desde cuya cima se ven una estupendas vistas del Parque. Eso sí, tened cuidado si veis que está nublado, porque debe ser una zona con bastante riesgo de que caiga un rayo. O eso decían los carteles, aunque como dice César, estos americanos lo flipan mucho, así que igual es que una vez cayó un rayo, y ya piensan que va a caer uno todos los días. Como a nosotros nos gusta vivir peligrosamente (y el cielo está completamente despejado), nos arriesgamos, y la verdad es que las vistas no defraudan.


Bajamos de Moro Rock y volvemos al cañonero para comer. Esto está lleno de carteles que advierten de que no dejes alimentos en el coche, por lo de los osos, e incluso hay unos contenedores metálicos para guardes la comida en ellos, pero nosotros no hemos hecho ni caso. Nos parece que con toda la gente que hay por la zona, a los osos no les va apetecer demasiado acercarse, y además, es mucho más probable que nos quedemos sin comida si la dejamos en esos contenedores, que hay muchos osos de dos patas que son muy vivos.

Después de una suculenta comida (sándwiches y cervezas), seguimos nuestro camino, dirigiéndonos ahora al General Sherman. Para los que no lo sepáis, ése es el nombre del árbol más grande del mundo, que por supuesto, es una secuoya gigante que está en este Parque. Cuando decimos que el General Sherman es el árbol más grande no nos referimos a que sea el más alto, que no lo es, sino al que más madera contiene en su interior. Para que os hagáis una idea, éstas son sus cifras: Mide unos 84 metros de alto, 11 metros de diámetro en la base y 31 metros de circunferencia, tiene un volumen de 1487 metros cúbicos, y se le estiman unos 2200 años. Se cree que lo plantó la duquesa de Alba.


Una vez que nos hemos extasiado lo suficiente con tan magnífico árbol, volvemos a la carretera deseosos de conocer los demás secretos que ofrece el parque. Así que otra vez al coche, y cogemos la National Scenic Byway dispuestos a seguirla hasta que se acabe el parque. El problema es que tanto mirar las maravillas naturales, se nos ha olvidado fijarnos un poquito en la aguja del depósito de gasolina, y resulta que está un pelín vacío. Miramos el mapa que nos han dado al entrar y vemos que en él hay un aviso que dice: “No gasoline sold in parks”. Es decir, que no hay gasolina sólida en el parque. No problemo, porque nosotros la queremos líquida, así que p’alante y en la primera estación paramos. En caso es que empiezan a pasar los kilómetros (perdón, las millas, que aquí no tienen kilómetros) y la gasolinera no aparece. Por mucho que intento conducir suave para economizar, los tres mil y pico kilos que mueve el cañonero se notan y la aguja no para de descender. Llega un momento en el que el cuentakilómetros (perdón, cuentamillas) del coche deja de marcar las millas que llevamos recorridas y empieza a marcar las que nos falta para que se nos agote el depósito: 35 millas. Joder, parece que lo hacen para acojonar. Bueno, de aquí a 35 millas, anda que no habrá gasolineras. Seguimos avanzando y ya un poco mosqueadillos llegamos al final de la carretera. Como no hemos visto ninguna indicación, y contraviniendo los más elementales instintos masculinos, nos bajamos y preguntamos a unos amables lugareños dónde está el punto de repostaje más cercano, convencidos de que ya no puede andar muy lejos. Aunque no entendemos un carajo de lo que nos contestan, por la cara que ponen nos imaginamos que no está tan cerca como suponíamos. Además tenemos que dar la vuelta y volver por donde hemos venido. Miramos otra vez el cuentamillas: nos queda gasolina para otras 21 millas (¡Glup!). Y encima está anocheciendo. ¿Cuánto costará una grúa que saque nuestro cañonero del parque? Intentando alejar ese tipo de preguntas de nuestras mentes, damos la vuelta y como no queda otra alternativa salvo que queramos pasar la noche allí, volvemos a la carretera. La cuenta atrás nos va poniendo cada vez más nerviosos. Nuestra única esperanza es llegar a Kings Canyon Lodge, por donde ya habíamos pasado antes sin parar porque no tenía pinta de haber gasolinera allí. Cuando por fin llegamos nos queda gasolina únicamente para 11 millas. Al entrar vemos que sí hay gasolinera, pero es tan vieja que no sabemos si aún estará en funcionamiento hoy en día. Nos bajamos Miguel y yo y entramos en el local. Allí nos atiende una señora a la que preguntamos si tienen gasolina (de la líquida, que de la otra ya sabemos que no). Una vez más, no entendemos un carajo de lo que nos dice, pero parece que nos quiere decir que ya está cerrado, o algo así. Parece que la señora se quiere hacer la remolona, así que saco mi lado salvaje y le lanzo una mira felina de esas que no admiten replica:

Y, por supuesto, sale inmediatamente a ponernos la gasolina. Cuando os decíamos que la gasolinera era vieja no estamos exagerando. Al repostar vemos un cartel que advierte que son los surtidores de gravedad más viejos de América.


El sistema es curioso: primero la gasolina que le vas a meter al coche llena el depósito cilíndrico que veis en la foto, y una vez que se ha hecho eso, la gasolina pasa a nuestro coche por la acción de la gravedad. La verdad es que a nosotros nos da igual: por fin tenemos comida para el cañonero, y eso nos llena de felicidad, como podéis comprobar:

Tan contentos estamos que decidimos salir del parque e ir a celebrarlo como se celebran aquí las grandes cosas: con una buena hamburguesa, of course.

Ha sido un día de emociones fuertes, así que buscamos un motel y nos vamos a la cama, que mañana nos espera Yosemite, que también promete…

Día 17: Beatty-Porterville (California)

LEAVING LAS VEGAS



Salimos del motel Death Valley, en Beatty, a las 11:00 de la mañana. Un poco tarde, pero el día de ayer fue intenso y aprovechamos hasta tarde.
Bueno, ya podemos decir que hemos dormido en el desierto. No ha resultado tan duro. Se nota que estamos hechos de otra pasta.

Hemos pasado por el punto de información turística de Beatty, pero lo hemos encontramos cerrado. Así que sin consejos acerca de cómo atravesar este desierto, nos hemos preparado por nuestra cuenta poniendo en práctica nuestros conocimientos de supervivencia. Como no nos decidimos entre camellos o mulas, optamos por seguir en el cañonero.

Seguimos sin cobertura, así que nos resulta imposible ponernos en contacto con la gente que queremos. Tenedlo en cuenta, que luego hay malos rollos con eso de “no me llamas nunca” y “no te acuerdas de mi”. Es mejor poner sobre aviso a quienes acostumbréis a llamar. Y después del desierto vienen los parques naturales y pasara más de lo mismo.

Nos hemos metido en el desierto y bueno, como describir lo que vemos… esto es inmenso y esta lleno de… nada. Vale, tierra seca, mucha caló y las plantas normales de estos lugares, pero no vemos el típico cactus de las pelis. Tal vez estén en Almería.

Hemos hecho un descanso en el desierto. Por llamarlo de alguna manera, porque el termómetro marca 113º F, que vienen a ser 45º C.


Nos hemos parado en Stovepipe Wells, no se puede decir que sea un pueblo. Vemos dos tiendas, un salón, un restaurante, una gasolinera y creo que un… ¿motel?

Os preguntareis ¿a quien se le ocurre montar en mitad del desierto, este chiringuito? Pues os contestamos. A alguien con mucha visión de negocio. La hostia con el oasis en mitad del desierto, seguro que es más rentable que Las Vegas.

Mejor que no os pille necesitados de gasolina. ¿Y la tienda? En el poco rato que estuvimos allí, no paraba de pasar gente por la caja. Nosotros incluidos, of course. Hay momentos en los que el aire acondicionado es un reclamo demasiado fuerte.

En marcha de nuevo hasta Lone Pine, donde nos paramos a comer. Entramos en el “The Mt. Whitney Restaurant” que esta en la carretera principal de entrada al pueblo. Salimos contentos tanto por el trato recibido, como por la comida. Una de las chica que trabaja aquí, habla español, así que por respeto a ella, por unos instantes volvemos a nuestra lengua materna incluso para hablar entre nosotros.

Después de comer, completamos lo que nos queda del Death Valley, para poner rumbo hacia el parque de las Sequoias.
Por cierto, sabíais que… ¿el Death Valley es el segundo parque natural más grande de EEUU, después de Alaska? Pues os digo mas, en él se encuentra la cota mas baja de América del Norte y el pico mas alto de EEUU. De lo que se entera uno cuando lee, eh?
Hemos pasado al estado de California y se va notando en el paisaje. La tierra empieza a tomar otro color y donde antes veíamos arbustos y tierra seca, ahora vemos árboles y arroyos. Es sorprendente este cambio tan acentuado en el paisaje.


La noche nos ha atrapado en el coche y hemos sido testigos de un accidente protagonizado por una vaca parda, por ser de noche. Parece que los ocupantes del coche se encuentran bien y el único que ha resultado herido, ha sido el animal. Después de un intento de envestida, sin daños, el cowboy nos dice que podemos avanzar, pero que lo hagamos despacio para no asustar mas al animal y por el coche que se encuentra siniestrado delante nuestro. Buff, que mal rato.

Hemos llegado a Porterville y hemos pensado que lo mejor a estas horas es pasar por un supermercado y hacer compras para cenar hoy, y desayunar mañana. Así ahorramos tiempo y dólares.
Un día tranquilo, de no ser por el accidente. Hoy nos quedamos a dormir aquí, en Porterville. Buenas noches y buena suerte

Día 16: Boulder City- Las Vegas- Beatty (Nevada)


En anteriores capítulos de “Lost” (in the USA):

Cinco intrépidos jóvenes viajan de una punta a otra de los Eh, Eh, Uh, Uh en un cañonerou. Pero el camino está lleno de peligros que hay que sortear… por ejemplo,
- ¿Qué clase de grifo tendrá el motel de esta noche? ¿Me helaré con agua fría hasta que logre descifrar como sale la caliente?
- ¿Qué tipo de taza habrá en el water? ¿Las de absorción (normal) o las de abducción (que arrastran todo al hiper-espacio con una velocidad tres veces superior a la de la luz)?
- ¿Qué diferencia hay entre un Hotel y un Motel? Aparte de la H y la M.

Las últimas noticias sobre ellos les situaban en un Hotel-Casino de Boulder City (Nevada), después de no haber podido realizar su tan ansiada excursión en helicóptero sobre el Gran Cañón…


Bueno, ya hemos abandonado la ruta 66 de manera definitiva, lo que no vamos a dejar es la ruta del colesterol.
Parece que hoy nadie ha despertado a nadie erróneamente. Aún así, Carlos persiste en sus problemas… hoy no le ha sonado el móvil/despertador.

Tras haber encontrado ese increíble hotel de Boulder City (a precio de motel) nos disponemos a desayunar en el mismo. Problema, entre pedir y que nos sirvan tardan más de 50 minutos. Nosotros nos lo engullimos en menos de 10 minutos. Por primera vez no ponemos ni un céntimo de propina.
Y por fin llegamos a Las Vegas, antro de perdición. Una ciudad llena de hoteles/casinos que por dentro son como parques de atracciones. Lo primero que nos sorprende al llegar es que vemos varias capillas para casarse. Bueno, eso lo conoce todo el mundo. Lo que no sabíamos es que también hay capillas “drive-trhu”, es decir, que te puedes casar desde el coche (romántico, ¿eh? Podría dar para la letra de una canción de Mana o La Oreja de Van Gogh). Yo me pregunto… ¿quién ordena a los sacerdotes que celebran estas bodas? ¿Carlos Jesús? ¿El padre Apeles?...

Las Vegas es una ciudad grande en medio de un desierto. ¿De dónde sacan el agua? Es un misterio. Ya en Galena (Kansas) le preguntamos a Rafa (camarero del restaurante de comida mexicana “Mi torito”, sito en la susodicha ciudad) y nos miró con cara rara (como pensando, de dónde vendrán estos pobres hombres). Nos comentó que “aquí” el agua sale por el grifo todo el año y que no sabe el origen.
El meollo de la ciudad se encuentra en Las vegas Boulevard (también conocido como “The Strip”) una calle muy larga en la que se encuentran gigantescos hoteles que también albergan casinos en su interior. En realidad, podría decirse que son como parques de atracciones o temáticos, que sirven para atraer a los jugadores (o turistas).
Por poner algún ejemplo, el “Luxor” es una pirámide y dentro está ambientado estilo antiguo Egipto; el “Paris-Las Vegas” tiene una reproducción de la torre Eiffel, del Arco del Triunfo y por dentro, el techo está pintado el cielo con nubecitas… ¡parece que es de día permanentemente!; el “Venetian” es parecido. Por dentro hay un canal con góndolas (y gondoleros) incluidas.
Así podría contaros de unos cuantos…

Este día hemos variado la táctica de ataque a la ciudad. Como es muy fácil no perderse (es ir recorriendo una calle) nos damos una hora y quedamos a la entrada de uno de los hoteles pero la visita la hacemos cada uno a nuestro ritmo. Luego comida y a la tarde seguimos igual, esta vez nos damos dos horas y media.
Comimos en el “Harley Davidson Café”, muy chulo. Decorado con motos y con unas camareras de escándalo. No sé que las dan de comer…
Nos pegan un buen puyazo y, por segunda vez en el viaje (que yo recuerde), nos incluyen la propina en la cuenta sin consultar (un 17%...). No me parece justo. Tendríamos que ser nosotros quienes decidamos en función del servicio.

Por cierto, estamos los cinco de acuerdo en que hemos visto cantidad de jamelgas por Las Vegas. Como todo el mundo sabe, los seres inertes y la mayoría de los seres vivos tienen tres dimensiones, exceptuando a la vaca que tiene 6 (delante, detrás, Izquierda, derecha, arriba y abajo y las mujeres que tienen cuatro. Pues bien, en Las Vegas, las mujeres tienen muy desarrollada la cuarta dimensión.
Da la impresión que aquí se puede pillar fijo (basta intentarlo).

Tras la quedada en el punto de encuentro de la tarde vemos alguno de los hoteles juntos (el “Venetian”). Decidimos que ya que estamos en Las vegas hay que apostar algo, ¿no?
El resultado fue el siguiente:
* César se encuentra un cuarto de dólar.
* Carlos echa 1 USA $ en las tragaperras con escaso éxito.
* Entre todos nos jugamos 20 USA $ en la ruleta. Repartimos las fichas y… mierda, sale el 2. ¿Cómo vamos a proseguir ahora el viaje si todos nuestros ahorros se han ido al carajo?
Afortunadamente, en nuestra mesa solo estábamos nosotros y el “crupier” (o como se llame la persona que atiende a la ruleta). Por cierto, era igualito que “el chino Kudeiro”.
Curiosamente, para poder jugar les pidió la identificación a Carlos y Miguel (no debía fiarse que fuesen mayores de edad) cuando son los más veteranos de nosotros.

Entre pitos y flautas salimos de las Vegas a eso de las 11:30 p.m. con dirección a Pahrump (es difícil de escribir pero más difícil es de pronunciar) y con idea de dormir allí. Después de lo de la noche anterior hemos preguntado en varios hoteles de Las Vegas a ver si hay algún chollo… pero nada. Todos completos (y son mega hoteles) salvo uno y cuesta 341 $ la habitación. Con lo que hemos perdido en las apuestas no nos lo podemos permitir.
Increíblemente, en Pahrump tampoco encontramos un motel con habitaciones libres, así que decidimos seguir camino hacia nuestro siguiente destino (Death Valley Nacional Park) y rezar para encontrar algún pueblo con moteles con plazas libres…
Todo lo que nos vamos encontrando esta cerrado.
Llegamos a un pueblo (Beatty, Nevada) que parece tener varias opciones. El primer motel está cerrado por obras. Probamos en el siguiente y justo cuando vamos a entrar se nos adelanta un coche… y cogen las tres habitaciones que quedaban libres. ¡Que mala pata!
En el siguiente motel nos dicen que tampoco tienen plazas pero nos ven tan desesperados (son casi las tres de la noche) que la chica de la recepción hace una llamada para ver si nos pueden dar 2 habitaciones en el motel del pueblo que estaba en obras. Bajo nuestra responsabilidad si pasa algo, nos dan las dos habitaciones. ¡Menos mal! Hay que ver el lado positivo, hemos hecho de noche el trayecto que habríamos tenido que hacer por la mañana. Podemos levantarnos un poco más tarde de lo habitual.

Y así termina la historia del día. Lo que suceda a partir de mañana nadie lo sabe.

domingo, agosto 31, 2008

Día 15: Flagstaff- Grand Cannyon-Boulder City (Nevada)

Era uno de los días más esperados. Nos esperaba el paseo en helicóptero por encima del Gran Cañón del Colorado. El vuelo lo habíamos reservado en el aeropuerto el día anterior en el aeropuerto, que queda un poco antes de la entrada sur del parque. Igual deberíamos haberlo reservado antes porque no había hasta las 14.00h y lo queríamos a primera hora. Pero bueno, así aprovechamos para visitar otro rato más el Gran Cañón.

Esta vez fuimos al Desert View que queda al este del Parque. Para ello nos levantamos temprano, una vez más. Carlos siguió con sus problemas con la alarma del móvil. Esta vez no le sonó. El dijo que lo había dejado bien puesto. Ya, claro.
Una vez allí, Después de las fotos de rigor en las que se veía el Río Colorado más cerca que desde los miradores del día anterior, nos dispusimos a realizar una foto completa con los 5 fantásticos. Para ello un miembro del grupo les dijo a 2 chiquillas que teníamos al lado, y que hablaban medio en catalán medio en castellano, a ver si estas 2 chicas tan guapas y tan españolas lo podían hacer. La foto la sacaron pero no pusieron buena cara. Que conste que no lo hicimos con mala intención.

El tiempo se nos había echado encima. Debíamos volver al aeropuerto rápidamente. Así que al conductor, cuyo nombre omitiré, no le quedó más remedio que saltarse todos los límites de velocidad posibles y efectuar unos cuantos adelantamientos temerarios. Ni aún así llegamos a tiempo. De todas formas no nos valió de nada. Ya al llegar y ver todos los helicópteros en tierra nos temimos lo peor. Era un día con bastante viento y estaba nublado. Efectivamente no estaban saliendo los vuelos.
Fue un bajón tremendo. Era una de las cosas más atráctivas que habíamos planeado para nuestras vacaciones, sino la que más. Se juntaba el vuelo en helicóptero, que ya solo es suficientemente atractivo, con hacerlo sobre el Gran Cañón.

No había solución. Asi que nos tuvimos que ir a comer unos tristes sándwiches de mortadela y salami que habíamos comprado en un Walmart y que en otras condiciones nos hubieran sabido a gloria. Además justo empezó una tormenta, así que decidimos largarnos del Gran Cañón rumbo a Las Vegas donde podríamos matar nuestras penas jugándonos el dinero que nos habíamos ahorrado con la suspensión del vuelo.

Nos estuvo siguiendo la tormenta prácticamente toda la tarde. En algún punto intentamos coger algún rayo con nuestras cámaras y alguno lo consiguió. También vimos algún arcoiris.

Pasamos por pueblos como Seligman y Kingman. El primero mucho más pequeño y coqueto con todos los establecimientos de la Main Street haciendo alguna mención a la ruta 66. Es una parada obligatoria de todos aquellos que quieran seguir la ruta. El segundo en cambio es un pueblo más grandote y no tiene tanto encanto. También tiene un museo de la ruta 66 al que llegamos cuando estaba cerrado una vez más.

Como anécdota decir que al llegar a Kingman un vagabundo nos recibió preguntándonos si eramos franceses, enemigos de EEUU. Parece que desde la guerra de Irak no tienen mucho aprecio a los franceses por aquí.

Después de tomar unas frescas birras en un tugurio local retomamos el coche. Aquí abandonamos la ruta 66 que nos ha acompañado desde Chicago (que lejos suena ya). Nos vamos dirección Las Vegas y luego seguiremos hacia el norte dirección San Francisco. Trataremos de llegar al final de la ruta 66 en Santa Monica cuando nos acerquemos a Los Ángeles.
Ya de noche pasamos por la presa Hoover que sirve de frontera para llegar al estado de Nevada. Si de noche ya nos parece espectacular de día debe serlo mucho más. De una simple presa también tratan de hacer negocio, pues había carteles de visitas guiadas por la presa, tiendas y demás.

Buscamos alojamiento y lo encontramos en el Hotel-Casino Hacienda en Boulder City, a unas 30 millas de Las Vegas. Nos sorprendió con sus precios bajos, más barato que algunos moteles, y el hotel estaba muy bien. Allí que nos quedamos y así pudimos tener una primera toma de contacto con las máquinas, el poker, las ruletas, el blackjack, etc. Fue sólo un aperitivo de lo que nos esperaba al día siguiente.