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lunes, agosto 04, 2008

Fotos

Times Square en New York

Vista dek Skyline de New York desde el ferry de Staten Island

Comienzo de la ruta 66 en Chicago

Tomando unas birras en un auténtico bar americano en Springfield (Illinois)

Los chicos del maíz. (Illinois)

Ruta 66 (Kansas)

Día 7: Goodbye Chicago

Hoy nos despedimos de Chicago. Nos hubiéramos quedado más, es una ciudad agradable y por la que es fácil moverse. Además ya teníamos localizado el Dunnkin’s Donnuts donde desayunar y la licorería donde… ver los partidos de baseball. Aunque esto ultimo lo hemos descubierto hoy, buscando un lugar donde tomar una cervezuca, después de una dura mañana de compras por la ciudad.
Nos ha resultado difícil dar con un sitio en el que poder tomar una cerveza sin mas, pero cuando hemos visto un local con aspecto de bar de Moe, nos hemos dicho aquí va a ser. Y efectivamente, hemos entrado en un bar que parecía un almacén de cerveza con expositor de botellas de licor. Y ahí hemos tomado nuestra cerveza mientras veíamos un partido de baseball, al mejor estilo americano y acordándonos de nuestros compañeros de viaje, porque como tenemos una responsabilidad con nuestra hoja de ruta, nos dividimos para optimizar el tiempo. Unos van a por el coche de alquiler y otros… nos quedamos de compras por la ciudad. Por cierto, que después de hacerlas y haber mirado en varios sitio, entramos en una tienda más. Mal, eso no hay que hacerlo nunca, porque en la tienda que entres después de hacer las compras, siempre encontraras lo que has comprado mas barato. Y si, resulta difícil disfrutar de una cerveza fría en un local con aire acondicionado, viendo un partido de baseball, mientras tus amigos esperan un coche que no llega, con 35 grados centígrados en la calle.
Al principio nos gusta que nos pidan el pasaporte antes de servirnos la birra. Siempre te sube el ego cuando te echan menos edad de la que tienes. De hecho es lo normal con lo bien que nos conservamos y lo guapos que estamos, eso dice mi abuela. Pero cuando preguntamos si realmente parecemos tan jóvenes, nos gusta que nos lo digan, nos corrige diciéndonos que por norma tiene que pedir identificación a todos los clientes.

Es difícil entender ciertas cosas y ver los contrastes entre el brillo de cristal y acero de los rascacielos y gente que busca un banco donde dormir y algo que llevarse a la boca. Aunque esto no es exclusivo de aquí, si que los contrastes son mayores.

Bueno vamos a pasar de estos comentarios y os sigo contando, lo del día. Los que han tenido que ir a por el coche, vuelven a buscarnos con uno prestado. Lo cual implica volver al concesionario a buscar el que realmente queríamos. No tardará, nos aseguran. Total que cuando hemos llegado al concesionario, nos ha llevado a ver el coche que nos van a dar en lugar del que habíamos pedido. Cuando lo hemos visto, nuestras caras han cambiado. Nos tendrían que haber hecho una foto en ese momento. Las bocas abiertas, los ojos desorbitados y el suelo del parking inundado. Nos han dado un NAVIGATOR, un LINCOLN NAVIGATOR.
Yo no se mucho de casi nada, y menos de coches, menos mal que mis compañeros de viaje me han corregido cuando les he preguntado si habíamos alquilado un autobús escolar. Esto es un trasto como el Cañonero de los Simpsons (gran referencia cultural a tener en cuenta). Después de hacer las fotos oportunas y trastear un rato, es imposible no hacerlo con juguetes nuevos, nos vamos a comer.
Sabemos que ahora empieza lo más duro, carretera y manta. Pero seguro que es una de las partes mas interesantes de este viaje y nos pasarán cantidad de cosas. Buenas, espero.
Conducir estos coches es de lo más aburrido y cuesta un poco dejar el pie izquierdo en el banquillo. El mío ha protestado varias veces y el resto de la tropa ha tenido que sufrir su espontaneidad.
Nos metemos por carreteras en las que parece que estamos en el saltamontes de fiestas del barrio. Con este trasto, nada tememos, aunque vemos que aquí, casi todos los coches son de este estilo y no digamos los camiones. Yo para ser feliz quiero un camión de estos. Deben de gastar más en el coche que en la casa, porque las casas se las lleva el viento.

Nos hemos ido a Sprinfield. Ese nombre nos resulta tan familiar ya desde antes de venir, que claro, hay que verlo, aunque los USA debe de estar infectado de pueblos con este mismo nombre. Hemos cenamos en Sammy’s, un bar del pueblo de Sprinfield. La gente, la música, la comida, todo, muy bien. Después cervecita, otra, con Blues en un bar de enfrente, el Floyd’s. Un tipo muy enrollado que nos pide el pasaporte para poder entrar en el local, al ver que somos españoles, nos hace una referencia a Fernando Torres y no se qué (imagino, mas que traduzco, es un problema que tengo con todos los idiomas) y hace la vista gorda con los que han olvidado su pasaporte en el coche. No hay nada como tener contactos (gracias Fernando). Una noche perfecta, aunque hemos tenido que sufrir los bailes sin sangre de algún rostro pálido. Como no somos quienes para dar clases, hemos pensado que con uno que haga el ridículo es suficiente. Él lo estaba pasando bien, y que coño, nosotros también con él. Hay gente auténtica, a veces demasiado.
Después de esta agradable velada, nos hemos ido a buscar un sitio donde dormir. Lo encontramos sobre las 1:00, en una carretera secundaria. A partir de ahora será siempre así. Unos días tardaremos más que otros en dar con un sitio donde meternos, pero no tendremos problemas, porque estas carreteras están llenas de moteles.

Mas adelante, más y mejor. Seguiremos informando.

Día 6: En Chicago

¿Que hay de nuevo amigos?

Un blog me mandan hacer violante
que en mi vida me he visto en tal aprieto…

Al grano.

Hoy hemos comenzado el día reponiendo fuerzas en un Dunkin’ Donut junto al hotel. Así no variamos la dieta rica en colesterol.
Con el estomago bien lleno nos hemos dirigido al Planetarium, que está situado al final de un muelle del lago Michigan. Desde allí se pueden observar unas magníficas vistas del skyline de Chicago. También hay un museo de Ciencias Naturales y el “Soldier Field”, el estadio donde juega el equipo de fútbol (americano) de Chicago (los “Bears”, de hecho la ciudad está llena de osos… tipos grandes, gordos y peludos).
Le pedimos a una rubia (dato no significativo) que nos hiciese una foto con los rascacielos de fondo. Cabíamos de sobra pero empezó a retroceder más y más y nos temimos lo peor… efectivamente, hizo una foto con un 25% de hierba de jardín, un 25% de hormigón del muelle, un 25% de nuestros cuerpos serranos pero enanos y el resto (otro 25%) de edificios y cielo. En la parte de la hierba se puede ver la bici de la chica posada sobre el césped. Parece que quiso que nos llevasemos un recuerdo de ella.

Desde allí cogimos uno de los buses turísticos que te llevan por la ciudad (GRATIS pero gratis de verdad, no como los autobuses y metros de algunas ciudades europeas, que son gratis si entras por la cara) hasta dar una vuelta casi completa. De hecho, el bus recorría el “Loop” una zona rectangular del downtown de Chicago (el centro del centro, vamos).
Desde una parada de este bus, hicimos un paseito hasta el Chinatown. La verdad es que no merece la pena visitarlo, no tiene nada que ver con el de Nueva York o San Francisco. Eso si, aprovechamos para comer (comida china, por supuesto) y nos ocurrieron un par de anécdotas.
Encontramos una oficina de correos e intentamos aprovechar para comprar sellos (no es fácil encontrar oficinas de correos, se esconden… sobre todo si las estás buscando, Ley de Murphy). Nos atendió un afro-americano (a partir de ahora simplemente negro) que nos preguntó de donde éramos. Le dijimos que de España y empezó a hablarnos de sitios… conocía Madrid y Barcelona (decía que había buena fiesta) y cuando le dijimos que éramos del norte también conocía Bilbao y nos dijo que entonces seríamos vascos… y que estábamos locos por querer hacer la ruta 66, no había nada hasta California.

También hablamos con un mexicano que hablaba a la velocidad de la luz. Intentó contarnos una película que había visto sobre España y una batalla naval contra los “inglaterros” (sic) en la que estos queman petróleo y nos hunden los barcos (¿¿¿???) y una reina que era lesbiana y otra mujer que era ninfómana… en fin, ninguno conocemos la peli, si podéis ayudarnos a saber de que peli se trata os lo agradeceríamos. No hay que descartar que fuese una peli porno.
Tomamos otro medio de transporte (en este caso el metro y pagando) para alejarnos de Chinatown y nos paramos a descansar un rato en Buckingham Fountain, en el Grant Park.

Desde allí fuimos a la torre Shears (el edificio más alto de los Estados Unidos y 2º del mundo) desde donde pudimos contemplar unas magníficas vistas nocturnas de la ciudad.
Por último, pillamos unas pizzas características de la ciudad, con la masa muy gorda, en un restaurante junto a la torre, el Giordano’s. Hay más Giordano’s (y otros similares) dispersos por la ciudad. Estaban cerrando y tuvimos que llevarnos las para comer fuera. Como hacía muy bueno nos las comimos en unas mesas de una plaza del centro, cerca de la zona de teatros de Chicago (similar a Broadway en Nueva York).

Y por fin al hotel a descansar, que mañana nos espera otro duro día de aventuras…

sábado, agosto 02, 2008

Día 5: De Nueva York a Chicago

Hoy toca traslado. Dejamos NY y nos dirigimos a Chicago. Nos marchamos de la Gran Manzana con la sensación general de que esperábamos algo más. No es que nos haya decepcionado pero quizá las expectativas fueran demasiado altas. No es una ciudad especialmente bonita, hay demasiada gente, ruido, coches, taxis, turistas, españoles, demasiados malos olores en algunas zonas que no esperábamos y que nos recuerdan a otro tipo de ciudades. Pero es una visita obligada, es como la capital del mundo. Hay muchas cosas que nos han impactado, pero sobre todo las vistas nocturnas de la ciudad, tanto las vistas del skyline de la zona sur de Manhatan desde Brooklyn, como Times Square de noche, como las impresionantes vistas desde la planta 86 del Empire State. Sólo por esto merece la pena la visita aunque hay muchos más.

Como digo nos marchamos hacia el aeropuerto de Newark situado en New Jersey, fuera del estado de Nueva York, en un suppershuttle. Allí, una vez más, no dejan de sorprendernos las exageradísimas medidas de seguridad. Esta vez incluso nos mandan descalzarnos y contemplamos como un anciano que viaja en silla de ruedas, es obligado a levantarse para pasar por el detector de metales y le tienen un buen rato de pie. En fin,.
Hasta ahora nos hemos encontrado con mucha gente que habla español (no digáis castellano porque no lo entenderían), lo cual nos ha facilitado las cosas. Me temo que a partir de ahora esto se complicará aunque espero que nuestro oído se vaya acostumbrando cada día más al inglés.

La visita a Chicago comienza bien. El hotel es un hotel como Dios manda a pesar de ser tan sólo de 2 estrellas. Muy lejos del hotelmasbienpensión de NY, aunque este último hizo su cometido. Estaba bastante limpio y se dormía de puta madre quizá debido a que llegábamos reventados todos los días.
Nada más llegar salimos a callejear y a tratar de aprovechar lo que nos quedaba del día. Casi de casualidad nos encontramos con el inicio de la Ruta 66. Desde aquí empezaremos nuestro viaje en coche el jueves hasta Los Ángeles. Llegamos al Millenium Park y nos encontramos con el Cloud Gate del arquitecto inglés de origen hindú Anish Kapoor. Se trata de una obra que por su forma la gente la conoce como The Bean, alubia en inglés. Es peculiar porque refleja todo lo de su alrededor. Así que nuestras cámaras echan humo, y la de César más. También hay muy cerca un auditorio al aire libre que por sus formas intuimos que es de Gehry y no nos equivocamos.
Continuamos paseando pero esta vez en los Trolley Bus, autobuses gratuitos que nos llevan a Navy Pier, una especie de centro de ocio americano situado en los muelles de la ciudad que no deja de ser como un centro comercial aunque su noria le da cierto encanto.
Terminamos el día subiendo al John Hancock Center, el tercer edificio más alto de la ciudad del que nos han dicho que tiene las mejores vistas y puede que así sea.
Volvemos al hotel por la Magnificent Mile con la intención de cenar previamente pero una tormenta nos obliga a entrar en el primer sitio que vemos que resulta que es un Mc Donalds. La amable camarera que nos atiende, que no se quita el polvorón de la boca mientras nos habla, nada más darnos la Mc Comida nos comunica que tenemos que salir, que ya es la hora de cierre. Así que no nos queda más remedio que refugiarnos a comer las hamburguesas en los soportales de un edificio junto a algunos homeless. Bonita manera de acabar el día.

Dia 4 en New York City

Lunes día 29 de julio.
Bueno, como el día va a ser largo y tenemos muchas cosas que ver, decidimos no perder el tiempo con el desayuno, así que cogemos algo de fruta en un puesto cercano al hotel, y en marcha. Empezamos atravesando el puente de Manhattan. Las vistas desde aquí son muy chulas, y es curioso comprobar el contraste que hay entre las zonas más deterioradas y los rascacielos. En cualquier caso, os advertimos de que éste es, probablemente, uno de los puentes más ruidosos del mundo, ya que por él circulan constantemente trenes, además de coches y camiones.
La vuelta a Manhattan la hacemos por el Puente Brooklyn, donde César (adicto a los puentes) hace como dos millones de fotos. Saliendo del puente nos dirigimos al Ayuntamiento, y desde allí, visita obligada a la famosa Wall Street, que me defrauda un poco, porque me esperaba una calle más grande, más ancha, más lujosa…
Seguimos nuestra ruta cogiendo el Ferry que va a Staten Island. El Ferry sale cada media hora y el trayecto dura 25 minutos, y aunque en Staten Island no parece que haya mucho que ver, os recomendamos cogerlo porque desde el mismo se pueden contemplar unas estupendas vistas de la ciudad y de la Estatua de la Libertad, y además ES GRATIS!! Una vez llegados a Staten Island, y habiendo comprobado nuestras impresiones acerca de el lugar, nos volvemos.


Como ya va siendo hora de comer, y en nuestro afán por integrarnos completamente, decidimos que hoy vamos a comer unos perritos calientes, como unos auténticos neoyorquinos. Así que vamos a un pequeño jardincillo llamado Bowling Green (cerca de Wall Street), y nos aposentamos allí. Después de comer, encendemos el ordenador para ver si hay wi-fi y ¡premio!, tenemos una estupenda conexión gratuita, así que César aprovecha para hablar a través del Skype en medio del parque sin micrófono ni nada, brindarnos una de las escenas más surrealistas del viaje, para nuestro deleite y sorpresa de los neoyorquinos que había por la zona (ver foto). Parece que se está achuchando con el ordenador…

Después de comer, nos dirigimos a la zona cero. Es un sitio que se intuye antes de verlo, porque según vas andando de repente notas un enorme vacío en una zona plagada de edificios, y cuando te acercas, allí está: las grúas, los obreros, las placas de recuerdo a las victimas… Desde el World Financial Center podéis ver toda la zona desde un punto elevado. Entre nosotros, caras serias y pensativas. No podemos evitar pensar en la gente tirándose desde las ventanas de las Torres Gemelas y en lo que debió sentir la gente que se encontraba allí ese día.
Pero bueno, nosotros debemos seguir la ruta, así que nos sobreponemos y cogemos el camino hacia nuestro próximo destino: el mítico Empire State. Nosotros decidimos visitarlo a la hora de anochecer, para ver desde arriba la puesta de sol. Como ya habíamos cogido las entradas por internet, nos ahorramos esa cola, pero la que hay que hacer para pasar el control de seguridad es inevitable. A pesar de las enormes medidas de seguridad, conseguimos despistar al segurata, diciéndole que lo que pita es el trípode de la cámara, y con semejante argucia conseguimos pasar con 5 tenedores de plástico, una cucharita y una navaja multiusos. Armados hasta los dientes con semejante arsenal, estuvimos pensando un rato si asaltar o no el edificio. Al final decidimos que no, porque teníamos hambre y queríamos cenar pronto, y si nos entretenemos con asaltos a rascacielos no cenamos ni para las mil. Aun así, nos dan ganas de usar los tenedores de plástico con las yugulares de unos italianos que se nos quieren colar.
Total, que entre una cosa y otra tardamos una hora en subir hasta arriba, así que tenedlo en cuenta para hacer vuestros cálculos horarios.
Después de la visita al Empire State nos vamos a cenar, y dada la hora que es, lo cansados que estamos y el madrugón que nos espera al día siguiente, decidimos suspender nuestros planes de volver a Harlem para escuchar jazz en vivo. Una pena, pero así ya tenemos excusa para volver otro año…

miércoles, julio 30, 2008

Dia 3 en New York City

Salimos a las 9:30h del hotel con ganas de devorar la gran manzana…
La mañana empezó movida, recorriendo los puestos ambulantes del Chinatown y del Little Italy (en cuestión de segundos pasas de un país a otro de forma drástica). Los mercadillos estaban abarrotados de gente (chinos la mayoría).

A media mañana todo este bullicio fue desapareciendo y comenzamos la parte chillout de nuestro viaje a Nueva York (este comentario entiéndase como una opinión de un servidor al que este relax en mitad del ajetreo no le llegó a llenar en ningún momento, pero no del grupo. Yo habría preferido haber ido a Harlem a escuchar cantar Gospel. Pero, por encima de todo, este es un grupo en el que la democracia emborracha todo lo que hace).
Y es que nos pusimos a explorar las rutas que traían las guías de Tribeca y el Soho, que son barrios residenciales relativamente cerca del Downtown de Manhattan (osea, donde estaban las Torres Gemelas) que, además por ser domingo, tenían una calma total. Era como estar en una ciudad muy distinta a la que habíamos visitado el día anterior y a la que visitaríamos el día siguiente.

Al final de la mañana volvimos al Little Italy para comer. Nos sentamos en una terraza en la calle y pudimos observar el cometido de uno de los empleados del local, una chica joven para más detalles, muy bien vestida y muy guapa, que se dedicaba no sé muy bien a qué, pero el caso es que allí estaba, venga a captar clientes (coño, ahora lo entiendo…).
Cuando estábamos degustando los manjares de la cocina italiana-neuyorquina comenzó a llover y la chica a la que me acabo de referir nos invitó a entrar dentro. Aceptamos of course.
Como seguía lloviendo nos tomamos un cafelico en otro local del Little Italy.
Entre el chillout de por la mañana y la lluvia de primera hora de la tarde los ánimos no estaban por las nubes precisamente…
Pero… entonces… la lluvia paró… Pero no el chillout, pues seguimos viendo la zona tranquila de la ciudad.

A eso de las 7:30 pm dejamos el chillout y nos fuimos a la zona del Empire State para comprar (Luis) una cámara de fotos. Y digo Luis, porque en principio era él el que se la iba a comprar. Pero lo cierto es que, además de él, Edu y yo sucumbimos a la tecnología que nos ofrecían en aquella tienda (justo enfrente de la entrada del Empire State) y nos compramos el mismo modelo de cámara: una PANASONIC LUMIX TZ-5.

En principio no le dimos importancia al hecho de comprar esta cámara, pero lo cierto es que, como empezamos a temernos al siguiente día, nada más empezar a usarla, esta cámara iba a cambiar el sentido de nuestras vidas. Su gran angular permite captarlo todo, todo y todo. Y si queda algo fuera, para eso está su zoom de 10 aumentos. Es una bomba.
Pero todo este mundo de felicidad que nos ha dado la referida cámara a Luis, a Edu y a mí se ha convertido, a la vez, en un mal rollo en el grupo. Os podéis imaginar el motivo. Y es que Míguel y Carlos se encuentran marginados cuando van a hacer fotos, dado que sus medios no están a la altura de los nuestros. Ajo y agua.

Bueno, chorradas a parte, tras la compra de las cámaras, a eso de las 9, nos dirigimos hacia el Harlem (en metro).
Pero a la hora que llegamos allí los del Gospel ya se habían ido a dormir.
Nada más salir del metro, una chiquita blanca (extraño, dado que Harlem es un barrio en el que predomina la gente negra) se ofreció para indicarnos cualquier información que necesitásemos, al vernos un poco perdidos.
Le preguntamos por un local en el que se pudiese escuchar Jazz en directo. Nos indicó un local, al que fuimos, pero en él se escuchaba música de Brian Adams, pero no en directo, sino en CD, gracias a Dios.
Aprovechamos para cenar allí. Cenamos bien, bueno o no tanto.

Nos sucedió algo curioso. Y es que la camarera nos ofreció el mandarnos información de eventos que se iban a celebrar en el bar, para que fuésemos a verlos. Le dijimos que no iba a ser posible y se lo debimos decir con un nivel de inglés tan perfecto que ella comentó algo parecido a “Ah, claro, no podéis venir porque sois de otra ciudad ¿quizás?”. Sí, de otra ciudad, de otro condado, de otro estado, de otro país y de otro continente. ¡No te jode!
Esto nos dio pie a entrar en conversación al respecto de nuestro país. Y nos sirvió para comprobar que el nivel de conocimiento del mismo que tenía esta muchacha era espectacular, con respecto a lo que se acostumbra por aquí, pues sabía que teníamos rey.
Finalmente le preguntamos un lugar en Harlem donde escuchar Jazz en directo.
Nos indicó y fuimos para allá.

Por desgracia llegamos al final de la actuación. Se trataba de 3 tipos que tocaban de maravilla. Al acabar nos pusimos a hablar con el cabecilla y, casualidades de la vida, resulta que su abuelo era vasco y su madre de Ibiza. El tipo se apellidaba Ayala y pienso que le hizo ilusión el hablar con 4 vascos y con un montañés (bueno lo del montañés un poco menos).
Nos fuimos del local, pillamos el metro y, agotados, llegamos al hotel.
Permitidme hacer una reflexión acerca de la ciudad.
Nueva York es enorme. Bastante más que Reinosa.
Una cosa que me ha llamado mucho la atención es la cantidad de taxis que hay. Mires a donde mires hay algún taxi. Además son todos iguales (amarillos y el mismo modelo de coche). Hay bastantes más taxis que en Reinosa.
De todos modos, yo tengo una teoría al respecto: puede que solo haya unos 20 taxis y que diese la casualidad de que estuviesen siempre pasando por donde íbamos nosotros, por algún extraño motivo. En futuras visitas a la ciudad seguiré desarrollando esta teoría. De ser así, solo habría 18 taxis más que en Reinosa.

Día 2 en NY City

¡Hola de nuevo gente!

Nuestro segundo día en New york comienza con una visita al Greenmarket en la zona sur de Union Square. Hemos visto frutas y verduras de talla XXL. Cobra sentido la frase “De lo que se como se cria”.

Después de recorrer la zona de Times Square hemos hecho un alto en Bryant Park. Es un parque que invita al relajo, tomando un café (o cualquier otra cosa) mientras disfrutas de los libros que también te ofrece el parque. Nosotros decidimos comer aquí.

Después de un corto descanso (hay muchas cosas que ver) nos fuimos a la biblioteca publica de New York. Es espectacular. Nos dieron ganas de ponernos a estudiar y a curiosear los libros, pero no disponemos de tanto tiempo. Así que previa inspección de nuestras mochilas, igual que a la entrada, nos fuimos hacia Roquefeller Center. Como no podía ser de otra forma pasamos por la Lower Plaza que tanta veces hemos visto en las pelis. No vimos a nadie patinando y el árbol de navidad brillaba por su ausencia, le echamos la culpa al calor y a no encontrarnos en diciembre. Es difícil tenerlo todo. Snif.

Central Park, ese peaso de parque lleno de actividad, creemos que también por la noche, aunque de otro tipo y no aconsejable por lo que nos han dicho. Aquí pudimos ver algún partido de softball y grupos que bailaban a la vez que patinaban. Hubiéramos bailado con ellos pero ya nos encontrábamos dosificando nuestras fuerzas. Así que solo movíamos la cadera, mientras un compadre cubano animaba el ambiente, ¡caliente!




De aquí, después de pasar por la zona de los diamantes (Diamont Row), donde no encontramos nada que nos llamara especialmente la atención (lo siento ama y churri, merecéis algo mejor), nos fuimos a cenar y para el hotel, que después de 16 horas andando no veíamos el momento de escribir.

domingo, julio 27, 2008

Día 1: De Bilbao a Nueva YorK

NEW KIDS ON THE BLOG

¡Hola a todos!

Bastante después de lo esperado, nos ponemos a escribir alguna cosilla.

El viaje fue largo y pesado, como os podéis imaginar. Nosotros llegamos con una hora de adelanto (aeropuerto JFK) y Cesar a su hora (en Newark) con lo cual le sacábamos 2 horas de diferencia.

Tomamos un “shuttle” (una fregoneta que recoge distintos pasajeros en el aeropuerto y los va dejando por los hoteles o en la direccion que le pidas) desde el aeropuerto hasta el hotel. Eso nos sirvió para ir viendo cosas de Manhatan y hacernos una composición de lugar… un lugar gigantesco.

Por fin, llegamos al hotel. Que decir del hotel… el conductor del shuttle nos comento “¡¡¡¿Seguro que os queréis quedar aquí?!!! Eso os da una idea de su aspecto coqueto. Simple, a la par que elegante. Debe tener 1 estrella pero una estrella de al menos 5 puntas.


Una vez reunidos todos comenzamos a visitar la ciudad. Como estamos en Chinatown pasamos el East River por el Manhatan Bridge, que nos pilla al lado.
Pudimos ver unas vistas increíbles. Desde el puente se podían ver los rascacielos de la zona sureste de Manhatan además del famosísimo puente de Brooklyn. Una pasada. Por lo que nos hemos dado cuenta, la ciudad gana en belleza por la noche. Los edificios iluminados ganan mucho.

Después de unas 26 horas sin dormir, excepto alguna cabezadita en el avión, nos retiramos a descansar.

¡Hasta otra!