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lunes, septiembre 01, 2008

Día 20: Escalon-San Francisco-San Jose (California)

Empieza un nuevo día. Hoy toca San Francisco. Ayer nos quedamos en Escalon, a algo más de 80 millas de la ciudad de las cuestas, así que nos toca madrugar algo más de lo habitual en nosotros. Desayunamos de camino en el coche nuestro habitual yogur y un plátano con la intención de no perder demasiado tiempo con los copiosos desayunos americanos.

Amaneció un día algo ventoso (alguno no lo tuvo en cuenta cuando se hizo una parada antes de llegar a San Francisco para echar un meo) y bastante más fresquito que en jornadas precedentes. Incluso tuvimos que sacar nuestras sudaderas del fondo de las maletas por primera vez en todas nuestras vacaciones (alguno más friolero ya lo tuvo a mano hasta el último día). La idea de bañarnos en el Pacífico por primera vez en nuestras vidas la tuvimos que dejar para otra ocasión. Sólo un intrépido viajero tuvo la osadía de introducirse en dicho océano.

Llegamos a San Francisco y después de callejear un rato enseguida nos dimos cuenta de por qué le llaman la ciudad de las cuestas. Y menudas cuestas. Nuestro cañonero sufría y rugía mucho en ellas. Y como consumía el tío. El marcador de la gasolina bajaba rápido, como todo el viaje, pero esta vez más.

Enseguida llegamos a la orilla de la bahía de San Francisco, al lado del Golden Gate. El otro puente, por el que entramos a la ciudad, el Bay Bridge es más largo pero el primero es más emblemático. En medio de la bahía se veía la isla de Alcatraz con su prisión.

Poco después atravesamos a pie el Golden Gate ida y vuelta. Bonitas vistas de San Francisco desde el medio del puente. A la vuelta la niebla se iba echando sobre el puente, así que pudimos hacer algunas fotos diferentes de él.

Tras comer en un italiano en el barrio italiano de la ciudad seguimos callejeando por las cuestas. Nos acordamos de Steve McQueen en la película Bullit pero nos reprimimos nuestras ganas de una carrera con el cañonero aunque lo compensamos haciendo un travelling desde el techo del Lincoln Navigator con una de nuestras supercámaras bajando Lombard Street, famosa calle que es tan empinada que han tenido que hacerla formando eses para poder bajar por ella.


Otra cosa curiosa que tiene la ciudad son unos autobuses eléctricos conectados pòr unos cables que cuelgan sobre las calles. También es famoso el tranvía de San Francisco, con el que nos cruzamos varias veces.

Acabamos el día tratando de realizar unas compras (sí, otras más) que nos habían encargado. A algún dependiente no le sentó bien que le regateáramos y que comprobáramos que la mercancía estaba en buenas condiciones. Como vimos que se ponía borde nos fuimos sin comprarle nada después de estar un buen rato en la tienda. Detrás de nosotros algún mother fucker y alguna que otra lindeza. Curiosa manera que tienen de tratar a los clientes por aquí.

Día 19: Fresno- Yosemite National Park-Escalon (California)

Después de pasar la noche en Fresno, partimos hacia el Parque Nacional de Yosemite, que queda a nada menos que 80 millas. Por si fuera poco, a medio camino nos encontramos con una máquina que está pintando las líneas de la carretera y nos hace ir un buen rato prácticamente parados.
Cuando por fin llegamos al Parque (25 $ por vehículo, válido para 7 días), el primer sitio al que nos dirigimos es al Glaciar Point. Aunque es un ratillo de coche merece la pena porque desde allí se puede contemplar unas vistas increíbles del Half Dome (una curiosa y enorme roca que parece que está cortada por la mitad), de las cataratas de Yosemite (lástima que en nuestra visita estén secas), y alguna otra catarata.


Inmersos entre tanta naturaleza nos sale el lado montañero y decidimos que ya va siendo hora de aparcar el coche (perdón, EL CAÑONERO) y andar un poco, así que retrocedemos un trecho y tomamos un camino que nos lleva a Sentinel Dome, desde donde podemos contemplar mientras comemos otra de las “piedras” famosas del Parque. Me refiero al llamado “Capitán”, una mole que, por lo que cuentan, es una especie de Meca entre los escaladores (si veis la foto sabréis por qué).


Después de meditar un rato si lo escalamos o no, al final decidimos dejarlo para otro día, que ya es un poco tarde, hoy hace mucho calor y esos excesos no pueden ser buenos. Así que en vez de escalar el Capitán, lo que hacemos es acercarnos hasta la Bridalveil Fall. Os parecerá que vamos a lo fácil, pero de eso nada, que para llegar a la cascada hay que jugarse el tipo (casi tanto como para subir al Capitán), y si no os lo creéis, mirad la siguiente foto.


E incluso nos dimos un bañito.


Total, que solo conseguimos salir del estado de criogenización en que nos han dejado las aguas de la cascada de marras cuando ya se está poniendo el sol, justo a tiempo para contemplar uno de los anocheceres más bonitos de todo el viaje, y por si pensáis que exagero, vedlo vosotros mismos…



En resumen, que si vais a viajar por la zona y estáis pensando si pasaros por Yosemite o no, no lo dudéis. No creo que os arrepintáis, aunque os recomiendo no escoger agosto, porque el hecho de verlo sin apenas agua en sus numerosas cascadas le resta bastante de su encanto.