Como somos tipos duros y nos gusta vivir peligrosamente, nos ponemos en marcha sin desayunar. Ya comeremos algo de fruta en el coche. A cinco minutos al oeste de Lebanon paramos en la tienda de antigüedades de Linda August, donde nos proveemos de todo tipo de souvenirs perfectamente prescindibles y que luego veremos más baratos en un montón de sitios.
Como hemos visto el pueblo en un momento, hay 37 grados, y ya va siendo hora de comer, entramos en el único Restaurante que vemos abierto, el “Mi Torito”, un sitio de auténtica comida mexicana donde nos llevamos una sorpresa agradable, ya que hasta el momento es el mejor sitio en el que hemos comido en todo el viaje, y además nos trataron muy bien (saludos Rafael). Supongo que estarían alucinados de encontrarse allí a unos turistas hablando en español.
En Oklahoma la Ruta 66 está bastante conservada, así que no tenemos problemas para seguirla. En una de éstas nos encontramos con un lugar con gradas repleto de gente, coches, barbacoas… pensamos que se trata de un rodeo y que estaría guapo ver uno en vivo, así que paramos. Cuando nos acercamos nos damos cuenta de que en realidad es una carrera de coches, de estas super macarras que se ven en las pelis. El sitio se llama Creek County Speedway.
No sé si lo sabréis, pero al menos en esta zona de los EEUU es difícil encontrar algo abierto para cenar más tarde de las 20:30. Un ejemplo es el siguiente pueblo al que fuimos (Chandler). Es sábado, sobre las nueve y media y ya está todo cerrado.
Llegamos hasta el final del pueblo, y nada, así que entramos en una gasolinera para dar la vuelta, con tan mala pata que lo hacemos por dirección contraria, justo cuando está repostando un coche de la policía (glup). Un poco para desviar la atención de nuestra pequeña infracción, y un poco por necesidad, le preguntamos al poli si hay por allí algún sitio abierto para cenar. En ese momento nos damos cuenta de que justo al lado hay un sitio con un cartel enorme que pone “ken’s Pizza”. El poli (que nos mira con cara de no estar pensando “estos putos guiris…”), nos recomienda lógicamente el mencionado local, y para no contrariarle, dirigimos hacía allí nuestras ruedas. Una vez allí, y por cómo nos mira la gente, nos imaginamos que no es muy habitual ver turistas de nuestros lares. Todavía alucinan más cuando pedimos una pizza tamaño “jumbo”, a pesar de las advertencias de la camarera de que era “very, very big”. La verdad es que no era nada big, así que acabamos con ella sin problemas.










