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lunes, febrero 23, 2009

Los Ángeles

Hoja de ruta para los Oscar
Extraído de elmundo.es (http://www.ocholeguas.com/2009/02/09/america/1234196030.html?pestana=1)

Los Ángeles puede ser de todo menos una ciudad. Exagerada, extraña, salida de madre y con un urbanismo que parece fruto de la improvisación, la metrópolis californiana será objeto de todas las miradas en los días previos al 22 de febrero, con motivo de la gala de entrega de los Oscar

Cien kilómetros mide Los Ángeles. Conocerla en su totalidad sería una locura, un imposible y, también, un absurdo. Más allá de su parte histórica (que la tiene), Hollywood Boulevard es el lugar en el que todo converge: la ceremonia de los Oscar, los turistas, el Teatro Chino, el cartel de Hollywood y un sinfín de tópicos que hacen de esta megaurbe de plástico y botox un lugar apasionante.

1. Ante ustedes...
Con apenas nueve kilómetros, Hollywood Boulevard no es sólo una de las calles más famosas de L.A, sino una de las más... cortas y comedidas. En una ciudad en la que hay avenidas infinitas, capaces de unir la distancia que separa Madrid de El Escorial, este boulevard se caracteriza por su sencillez aparente, escasa desertización (esto es, se ven peatones por sus aceras) y una concentración inusual de caramelos para el turista que aterriza aquí en pos de una dosis de espectáculo e intrascendencia típicamente angelina.
El tramo más estimulante (el comprendido entre Gower Street y La Brea Avenue) mide apenas dos kilómetros y allí se concentran los principales focos de atracción no sólo de este barrio cinéfilo, sino de toda la localidad: el Teatro Chino, las famosas estrellas que decoran las aceras, los hoteles míticos, museos sin ningún tipo de complejos y tiendas de souvenirs con toda la memorabilia imaginable sobre la meca del cine.

2. El rótulo prohibido
Si hay algo sagrado en Los Ángeles, eso es el famoso cartel de Hollywood. Dadas las mediáticas consecuencias que tendría una intervención en el grupo de letras, resulta imposible acceder hasta los pies de éstas... de una forma legal. Las medidas de seguridad eran inexistentes en 1927 cuando la actriz Peg Entwistle se lanzó al vacío desde lo alto de la letra H (15 metros de caída), desesperada por el fracaso de su carrera artística. La mejor forma de aproximarse para obtener la necesaria fotografía es por el sur, ascendiendo por el laberinto de calles residenciales que se abre entre Los Feliz y Hollywood Hills.
Una opción práctica y sencilla es seguir esta ruta: partiendo de Franklin Avenue (la paralela al norte de Hollywood Boulevard) hay que tomar Beachwood Mover hasta enlazar, a la izquierda, con Ledgewood. Hay que subir por esta hasta toparse con Rockcliff, donde se gira a la derecha hasta llegar a Deronda, a mano izquierda. A medida que ascendemos por ésta, aparecerán ante nosotros las letras-rótulos... y si es con luz de atardecer, mejor. La breve excursión (siempre en coche, por supuesto) permite conocer, además, la cara amable y cercana de la metrópolis angelina: casitas residenciales sencillas, hechas en madera... prueba inefable de que, también, hay seres humanos que habitan en el interior del monstruo.

3. Como huellas de dinosaurios
Todo el mundo acudía al café Rick’s de Casablanca. Lo mismo ocurre con el Teatro Chino: a diario, una horda de gente se concentra en el número 6801 del Hollywood Boulevard, frente a esa fachada icónica de aires asiáticos. Sus intenciones pasan por pisar, fisgonear y hurgar en las huellas de los más de 200 artistas que, desde 1927, han sido invitados a inmortalizar su nombre en el cemento fresco. Aparte de las huellas digitales de artistas de todo tipo (desde Marilyn Monroe a Steven Seagal), algunos baldosones tienen mensajes añadidos (Volveré, escribió Arnold Schwarzenegger) o, incluso, guiños a la ficción, como las aletas del pato Donald, el surco de los rodamientos de R2D2 de Star Wars o el arpa de Harpo Marx.
La plazoleta, de acceso gratuito, es testigo del paso de más de 4 millones de personas al año, lo que la convierte en el principal caramelo turístico de L.A. Este hecho no pasa desapercibido para las decenas de impersonators que, ataviados como Elvis, Darth Vader o Superman, ofertan su imagen para alegrar las fotos y así ganar unos dólares. El Grauman's Chinese Theatre (ése es su nombre completo) oferta además la posibilidad de, previo pago, visitar el interior de las instalaciones, las bambalinas y recovecos.
A apenas dos kilómetros al sur, en el número 7734 Santa Monica Boulevard, se ubica el Tomkat Theatre donde se instituyó hace unos años el Sex Walk Of Fame. En el lugar se exponen las huellas de algunos de los actores y actrices más importantes de la industria porno. Las de las manos y los pies, claro.

4. Introducción al mundo del Oscar
El famoso Kodak Theatre, gigantesco recinto que, anualmente, acoge a la mayor concentración de astros del firmamento celuloídico no es lo que parece. De hecho, parece tan poco que apenas se deja ver. Ubicado en el interior del inmenso centro comercial Hollywood & Highland, pared con pared con el Teatro Chino, el Kodak cuenta con un acceso discretísimo, más propio de un modesto cine de barrio que de un anfiteatro de su importancia y calado. Las galerías en las que se encuentra albergan la mayor concentración de tiendas de moda de la zona, así como bares, restaurantes o tiendas de electrónica que, el día de la ceremonia, son discretamente ocultadas tras unos amplios cortinones.
En los días previos, es posible pasear por un tramo de la alfombra roja (convenientemente protegida y plastificada) que luego pisarán las estrellas. Asimismo, durante el mes de febrero, en un local del propio Hollywood & Highland, en el patio exterior (su ubicación cambia casi cada año), se habilita la exposición Meet The Oscars! donde se exhibe medio centenar de estatuillas reales. Los visitantes pueden coger una con sus manos para captar sensaciones, calcular su peso y tamaño.

5. Shopping en una urbe imposible
Los Ángeles dista mucho de ser un paraíso para los amantes de las compras. Más allá de Rodeo Drive (que más parece un parque temático que una calle real), la Main Street de Santa Mónica o los Malls que salpican, aquí y allá, la llanura angelina, la ciudad californiana tiene tiendas de todo tipo y condición, pero hay un problema: están repartidas a lo largo y ancho de su gigantesca cuadrícula. Hollywood Boulevard, dado su carácter turístico, puede ser una discreta excepción: aparte del citado Hollywood & Highland, la calle cuenta con numerosas y modestas tiendas que venden la ropa de marca que fascina a europeos (pantalones Levi's, Dickies, calzado deportivo...) a precios bastante atractivos, sobre todo en la vertiente oriental de la calle.
Los amantes de los libros y el celuloide deben acudir a la Larry Edmunds Bookshop en el número 6644; los que se diviertan rastreando entre toneladas de ropa retro, al 6320 donde se levanta Iguana Vintage Clothing y los que quieran conocer la cara más rural, agreste y campesina de la city, al mercado Farmer, entre las avenidas Selma e Ivar, donde se venden frutas, hortalizas y productos de huerta.

6. Exposiciones sin complejos
En Hollywood Boulevard no hay una sucursal del Louvre. Tampoco del Prado, el British Museum o, tan siquiera, del Guggenheim. No los necesita. Los museos que se concentran en este rincón angelino son, sin excepción, un homenaje a la cultura del entretenimiento sin ningún tipo de complejo. Allí, en dos manzanas enfrentadas entre Highland Avenue y Mc Cadden pace el Ripley's Believe it or Not! (con todo tipo de artefactos curiosos como una escultura de Marilyn Monroe hecha con billetes de dólar o la fotografía de un plátano que, con el sello de correos correspondiente, viajó de una punta a otra de los EEUU) o el Frederick's of Hollywood, centrado en el mundo de la ropa interior femenina.
También está allí el Guinness World Records (que recopila las hazañas del famoso libro) o el museo de Cera de Hollywood, que homenajea, con mayor o menor tino, a las estrellas de Hollywood (Charlton Heston aparece montado la cuadriga de Ben Hur) y la industria del entertainment como Britney Spears (cuando estaba delgada) o Michael Landon, de Autopista hacia el cielo. El que apueste por la trascendencia y las habladurías de la Meca del Cine se puede acercar al L. Ron Hubbard Life Exhibition (en el 6331, junto a Wine Street), donde se desglosa la vida y milagros del creador de la iglesia de la Cienciología.

7. La necrópolis de celuloide
Hollywood Forever no es sólo un oasis verde y silencioso en el corazón de la gran ciudad, sino una válvula de escape del mundo de los vivos. Situado a apenas tres kilómetros (una minucia en esta urbe descomunal) al sudeste del meollo hollywoodiense, vecino a los estudios de la Paramount y accesible por el Boulevard Santa Monica, en este camposanto se encuentran enterrados nombres icónicos de la historia del Séptimo Arte como Tyrone Power, Rodolfo Valentino (con su nicho del Mausoleo Catedral siempre florido), John Huston (al que alguien anónimo deja una botellita de Jack Daniel’s sobre su lápida), Cecil B. DeMille, el gángster Bugsy Siegel o rockeros como Dee Dee y Johnny Ramone o Bianca Halstead.
En la entrada, venden un práctico mapa con las tumbas ilustres señaladas por cuatro dólares. Más allá de la mitomanía, la necrópolis es un agradable parque de libre acceso con la hierba cortada al raso, un par de estanques ornamentales y las sempiternas y espigadas palmeras californianas emergiendo entre cuidadas tumbas, algunas de ellas con un banco anexo para departir cómodamente con el difunto.

8. El pavimento sagrado
El suelo de Los Ángeles es bello. Al menos parece serlo en el tramo de Hollywood Boulevard comprendido entre Gower y La Brea y un par de calles aledañas, donde los transeúntes fotografían, una y otra vez, baldosas, posan junto a ellas y acarician el pavimento. ¿La razón? Las más de 2.200 estrellas dedicadas a actores, actrices, directores y demás gentes de la industrial del entretenimiento norteamericana que pueblan las aceras. Los astros del Paseo de la Fama no se ganan, sino que se pagan: cuestan unos 17.000 dólares, miden un metro cuadrado y están hechas de terrazo y carbón, con letras de bronce.
Obviamente, las más famosas (Tom Cruise, Michael Jackson, Marilyn Monroe...) se encuentran en las inmediaciones del Teatro Chino, aunque el Hollywood Walk Of Fame es una continua fuente de sorpresas con estrellas dedicadas a Bugs Bunny o Ronald Reagan o estrellas huérfanas de nombre, a la espera de que alguien las compre

lunes, septiembre 01, 2008

Día 23: Los Ángeles- Bilbao

GAME OVER


Lamentablemente, esto llega a su fin. Apenas quedan unas horas para regresar a casa… Sí, echamos de menos nuestras novias, la familia, nuestras posesiones terrenales, nuestra tierra, el RH+… y no necesariamente en este orden.


Algún intrépido viajero se despierta a las 6:45 (hora local, de Los Ángeles, vamos) con intención de visionar el partido de baloncesto EEUU-España, podéis imaginar quien fue semejante freaky, con tan mala suerte que estos americanos, tan patriotas ellos, no lo emiten por ningún canal de televisión gratuito. Increíble, mucho patriotismo, mucho himno nacional pero nada de nada del partido. Ahora mismo, sólo tienen ojos para Michael Phelps. No hay mal que por bien no venga, se puede dormir más… siempre que no duermas en la habitación de Carlos y te despierte el móvil, claro está.


Después de un suculento desayuno en el hotel, aprovechamos que tenemos la mañana libre para visitar alguna zona de la ciudad. Como nos encontramos en pleno barrio chino (otra vez) nos damos una vueltecilla. Más o menos es lo mismo de siempre… comercios variados, olores extraños, personas con los ojos rasgados… bueno, hay una pequeña zona un poco distinta, con edificios estilo chino. También hay un bar en el que hay cartel que comunica que allí se rodó alguna escena de alguna peli de Jackie Chan (no sé cuál de las 1024).





Vamos a intentar algo nuevo, algo distinto. Vamos al downtown (que está ahí al lado). Como buenos americanos, vamos en coche (y ya sabéis que coche… más americano no puede ser). Además de algunos rascacielos y edificios de oficinas, la calle (a ras de suelo) tiene bastante ambiente. Parece que estamos en México D.F. Hay que aprovechar y entrar en las tiendas, aunque no compremos nada.






El tiempo se nos echa encima, lamentándolo mucho, nos dirigimos hacia el aeropuerto (con bastante tiempo de antelación pues tenemos varias tareas pendientes, como devolver el cañonerou y facturar). Increíblemente, el coche logra llegar a la zona del aeropuerto donde se devuelven los coches de alquiler, a pesar de tener en el depósito, aprox, unos -3 galones de gasolina… tan increíble, o más, es que no nos hayan dicho nada al devolverlo. Un autobús nos traslada desde esta zona a la terminal del aeropuerto.





Una vez allí, nos disponemos a facturar. Mientras hacemos la correspondiente cola un señor traba conversación con nosotros. Es un mexicano que va de viaje con su esposa. Nos cuenta algunos chistes (muy malos, de estos que te obligan a reír sin ganas) y también parte de su vida. Parece que no le han ido mal las cosas y que ha viajado mucho, tanto por motivos de placer como por negocios. Lo cual choca cuando uno se fija en su ropa. No os podéis imaginar que chándal más cutre lleva. Parece un skyjama, pantalón gris, sudadera gris. Si no fuera por la muy prominente barriga y por la edad, podría pasar por uno de esos yonquis que venden kleenex en los semáforos. Cuando les llega su turno nos despedimos con gran pena, pues habíamos empezado a cogerle cariño a Cantinflas y Señora.
Llega nuestro turno, casualmente empieza a facturar César. “No problem”. El chico que nos atiende es latino (eso siempre ahorra malentendidos). Pero cuando va a facturar el siguiente nos dice que nos hemos equivocado, volamos en distintas compañías y tenemos que ir a otra terminal. Vaya, a correr. Nos despedimos de César y quedamos con él en Frankfurt, donde sí que volaremos a Bilbao en el mismo vuelo. César está un poco acojonadillo. A partir de ahora todo lo va a tener que hacer sólo, sin la ayuda de ninguno de sus valerosos compañeros de viaje.


Tras la pertinente carrera, llegamos a la terminal que realmente nos correspondía. Hay un montón de mostradores de facturación y mucha gente dispuesta a volar pero muy pocos empleados. ¡Oh, oh!
Mientras se va acercando nuestro turno vemos como funciona el sistema y empezamos a temernos lo peor. Parece que hay que facturar en unas máquinas y que los pocos empleados, tan solo se dedican a poner las pegatinas a los equipajes para que lleguen a sus respectivos destinos. Cuando llega nuestro turno lo intentamos con la máquina de marras pero todo se complica. De los tres métodos que se pueden usar para meter tus datos, no nos funciona ninguno. Se masca la tragedia. Mientras esperamos a que alguien nos atienda y nos eche una mano, somos nosotros mismos quienes ayudamos a sacar sus billetes a unos chicos italianos. Paradojas del destino… con ellos no hay problemas y se pueden sacar el billete.
Logramos captar la atención de una amable trabajadora que nos echa una mano (pero con cara de pocos amigos… está claro que no es su labor y no le hace mucha gracia). Hace los pasos correctos (casualmente igual que hemos estado haciendo nosotros) pero a ella si le funciona. Tras sacar los billetes de Luis y Miguel por el método de “Home English”, nos dice que hagamos igual con el resto. Ningún problema con el de Carlos, esta vez, pero al llegar a Edu no sólo no se puede, sino que además, aparece un mensaje de “error” (¡horror!) diciendo que nos pongamos en contacto con algún empleado. Igual alguien se tiene que quedar en los Estados Unidos…
Finalmente se lo comentamos a un japo-americano que, esta vez sí, nos ayuda con mucha amabilidad.


Bueno, ¡prueba superada! Ya podemos dirigirnos a la puerta de embarque con más tranquilidad. Después de lo vivido, pasar por todos los sistemas de seguridad nos parece pecata minuta e incluso una inspección rectal para comprobar la existencia (en este caso ausencia) de sustancias estupefacientes, nos habría resultado placentera comparado con lo que acabamos de pasar.
En las pantallas de la puerta de embarque van apareciendo unos mensajes criptográficos que, al principio, no entendemos. Como en nuestros billetes no nos han asignado asiento, deducimos que puede ser esa información… así es. Entre otros números y letras, logramos descifrar nuestros asientos: VEG, M 25; SAI, E 18; CAB, C 21; VIC, L 9. ¡Esos son nuestros nombres y números! ¡Que tranquilidad!
La gente empieza a embarcar. Nos colocamos en la cola cuando ha transcurrido un tiempo, es tontería estar de pie en la cola si vas a entrar de todas maneras. Cuando estamos a punto de pasar escuchamos por megafonía: “Caballerou, Carlos; Sais, Eduardou; Vegas, Miwel Anjel; Visente, Luis por favor acudan al mostrador situado junto a la puerta de embarque” Bueno, en realidad lo dicen en inglés y no somos los únicos viajeros requeridos. Parece que teníamos que haber pasado antes a recoger las tarjetas de embarque… que cosas. ¡¡¡Vaya pardillos!!!
Por esta pequeña minucia, ahora vamos a tener que hacer un viaje de un montón de horas separaditos. Habrá que aprovechar a dormir o ver las interesantísimas películas que ponen. Como los típicos videos de los autobuses. ¡Qué grandes películas se veían! ¡Y cuantas veces se repetían las mismas pelis!


Tras la paliza del vuelo llegamos a Frankfurt, donde podremos volver a juntarnos a nuestro amado compañero de viaje. Como hemos tenido mucho tiempo, incluso para pensar, nos hemos dado cuenta que nos han dado la tarjeta de embarque del vuelo a Frankfurt pero no la del vuelo a Bilbao. ¡Mecachis! ¿Otra vez nos va a pasar lo mismo? ¿Otra vez la prisa y el estrés?
Bueno, vamos a intentar mantener la calma y hacer las cosas como Dios manda.
Primero habrá que localizar el lugar donde lograr nuestra tarjeta de embarque. Todo parece indicar (por lo que dicen los letreros) que tenemos que seguir una dirección. Parece que tenemos que ir hacia↑. Por si acaso, para asegurarnos y contradiciendo las más elementales normas de la física (esa que dice que los hombres somos incapaces de preguntar cuando estamos perdidos) le preguntamos a una chica en un punto de información. Para gran sorpresa nuestra la chica nos dice que tenemos que ir hacia ↓. Nos reunimos los cuatro para decidir qué hacer. ¿Seguimos la indicación de la chica o nos fiamos de nuestro instinto y los carteles? Decidimos lo último. Está claro que es mejor no preguntar…
Llegamos a un punto en el que tenemos que bajar de la planta 2 a la 1. Hay dos escaleras mecánicas que bajan. ¿Cuál cogemos? ¡Que más da!
Vaya… resulta que SI era importante. La que hemos cogido, baja directamente a la planta 0. I’ve never seen that!!!
La planta 0 es la de recogida de equipajes… mal rollito. El tiempo se nos echa encima. Buscamos con la mirada unas escaleras o un ascensor que nos permitan volver a subir. Nada de nada.
Estamos jodidos… pero bien jodidos.
No nos cuesta mucho tomar una decisión. Nos la jugamos subiendo por las escaleras mecánicas que bajan. Si, si, has leído bien.
No es nada fácil intentar subir por unas escaleras mecánicas que bajan. Entre los nervios, el equipaje de mano y la dureza propia de esa proeza… Al principio empiezas fuerte, le vas ganando terreno a la máquina. Pero llega un momento en el que te empiezan a fallar las fuerzas, empiezas a sentir lo mismo que Scott o Amundsen cuando intentaron llegar a los polos.
Pero finalmente lo conseguimos, trastabillando en el último escalón (de hecho, Carlos tropezó y “besó” el suelo.


También logramos nuestras tarjetas de embarque y reencontrarnos con César. A pesar que al principio habíamos pensado que podría tener algún problema por ir sólo, la realidad nos muestra que nada es lo que parece. A César le han puesto en “busines-clas” y ha tenido un viaje de lujo. Con mucho espacio, buena comida, bebidas, etc…


Bueno, esto toca a su fin. Cuando leas estas líneas ya estaremos en casa, echando de menos las hamburguesas, el cañonerou, nuestro inglés de gomaespuminglish, etc…


Ojalá algún día podáis hacer un viaje parecido. ¡Merece la pena!

Día 22: Thousand Oaks- Los Ángeles

WHERE IS PAMELA?
Hemos llegado a Hollywood. ¡¡Hollywood!! ¡¡La ciudad de las estrellas!!
Es cierto eso de que la tele engorda. Desde luego lo ha hecho con esta ciudad, porque vista desde aquí, in situ, no parece tanto. Hollywood Blvd con su Walk of Fame no parece tan grande como en la tele, ni tan brillante. Se han olvidado de ponernos la alfombra roja y las luces no brillan. Que pena no haber coincidido con algún acto, seguro que la ciudad se transforma y luce más.
Eso si, aquí todo “artista” tiene su estrella. A la altura de nuestra suela, como merece más de uno. Quisiera ser critico con este tipo de cosas, pero siendo de naturaleza humilde y de condición sencilla, comprendo que no se pueden separar los talentosos músculos de Schwarzenegger de la no menos talentosa voz de Aretha Franklin. No hemos podido resistir la tentación y nos hemos hecho una foto con nuestro ídolo, Chuck Norris. Le hemos pedido a otro guiri que nos hiciera la foto de rigor, mientras jaleábamos, ¡Chuck! ¡Chuck! ¡Chuck! No se si podremos añadir esa foto, porque se mantenía a una distancia de seguridad propia de contaminación nuclear.
Dando un paseo por Hollywood Bvld, hemos comprobado que la profesión de superhéroe esta de capa caída al ver a Spiderman, Superman, el Zorro y alguno más, repartiendo folletos de no se que historias.

Hemos pensado que no podemos irnos de la ciudad sin ver las letras de HOLLYWOOD.
Nos consta que son bastante grandes, pero nos cuesta dar con ellas. Por fin encontramos el camino de Mulholland Drive, que nos conduce hasta una zona alta desde la que podemos ver las famosas letras. Bueno, una cosa mas.
Nos hemos puesto camino a la playa. Y por supuesto, a la playa de Santa Mónica. Tenemos que comprobar ciertas cosas relacionadas con “Los vigilantes de la playa”.

De camino, pasamos por Beverly Hills y claro, hemos tenido que darnos una vuelta. No esta mal esta zona, me recuerda un poco a Neguri. Me pregunto si una casita por aquí, será tan cara como en mi barrio.

Volvemos a ponernos camino a la playa. Nos encontramos semáforos cada 300 metros, y parece que los tienen programados para que te tengas que parar en todos, así que el camino se nos hace cansino y tedioso. Por fin llegamos a la playa y con esto, al final de la ruta 66. Nos hacemos una foto con la placa que presumiblemente es indicativo del final de la ruta. Se nos mezclan la alegría de haber completado nuestro objetivo, con la tristeza de saber lo que esto supone.
La playa, inmensa. Hemos tenido que cruzar un desierto de arena para llegar a la orilla. Llevad agua para el camino.
Vale, vemos las casetas, vemos los coches de los socorristas, incluso vemos algún socorrista, pero… ¿y las patinadoras?, ¿y las chicas con cuerpos aceitosos?, ¿y las socorristas?, ¿y Pamela? Pues nada, parece que alguien ha avisado de que veníamos. Creo que así es mejor.
Después de tanto tiempo sin ir a la playa, hemos tenido que venir hasta aquí para meternos en la mar. Por fin, chapuzón en el Pacífico. Hora de comer. Nos hemos ido al Café Crepe. En el 1460 3rd st. Hablan español y tanto la comida como el trato es bueno.
Después de comer hemos dado un paseo por la zona peatonal, en la que diferentes artistas nos muestran su arte. Se ve y se escucha a gente, que en nuestra humilde opinión, es realmente buena.

Hemos optado por darle al cañonero lo mínimo para beber, así que vamos todo el día con la reserva en rojo. Esperamos haber calculado bien el consumo y las millas que nos quedan hasta el aeropuerto, porque seria una lástima quedarse tirado por el camino y no poder coger el avión. Jo, no podríamos ir a trabajar.

Decidimos ir a buscar el hotel que habíamos reservado previamente desde casa. Es el Metro Plaza Hotel y se encuentra en el 711 N de la Main St.
Hoy no tendremos que buscar ni regatear para dormir, que bien.
Este hotel, al igual que el de New York, esta en el barrio chino. Nos gusta el riesgo.

Después de asearnos, volvemos a la calle. Tenemos que exprimir el tiempo al máximo. Vamos descubrir la noche de Los Ángeles. Coño, buen titulo para un libro. La noche de los ángeles. Vale, pues como en otros sitios, no somos capaces de encontrar zona de marcha. Tampoco necesitamos mucha, solo un poco, con un nivel parecido a la semana grande de San Sebastián nos conformaríamos. Un beso Amaia. Por otro lado, vemos que es una ciudad un poco oscura y triste por la noche. Tanta estrella y no se refleja en la ciudad. Seguramente no nos hayamos movido por los sitios adecuados, pero ya hemos dado demasiadas vueltas, así que decidimos ir al hotel y tomarnos allí unas garimbas, que esta es nuestra última noche en tierra de los EEUU. La siguiente la pasaremos en el aire.

Hoy cuesta meterse en la cama, sabemos que cronos no se para y que tratar de alargar la noche es retrasar lo inevitable. Conscientes de que esto se está acabando, nos vamos a dormir contentos por lo vivido en este viaje y sabiendo que mañana veremos a nuestra gente. Siempre y cuando no nos quedemos tirados por el camino.

Día 21: San Jose- Thousand Oaks (Los Ángeles)

WHEN POSSIBLE MAKE A LEGAL "U" TURN...
Esta será, sin duda, la frase más escuchada del viaje. Es la frase que nos decía la voz del navegador del cañonero cada vez que nos confundíamos de camino o no hacíamos caso a sus no siempre sabias indicaciones. En general nos ha resultado de gran ayuda pero otras veces... cariñosamente la llamábamos "la guarra" o "la zorra", en función del grado de cabreo que nos produjese.

Tras pasar noche en San José, nos dirigimos ya dirección sur con idea de acabar el día lo más cerca posible de Los Ángeles. Pero primero paramos en Santa Cruz, donde reside un primo de Luis con la idea de desayunar con él. La quedada es en un restaurante brasileño y el desayuno es una fabula. Las camareras están muy bien, en particular hay una increíblemente guapa.

Tras despedirnos del primo de Luis, retomamos el camino hasta Sand, donde paramos en un "Circuit City" (una especie de centro comercial de aparatos informáticos, etc... tipo "Media Markt") con la idea de mirar algunas cosas (un portátil, cámaras, un disco duro externo). Hay un portátil con buena pinta en los papeles de propaganda pero ya se les ha acabado, así que decidimos seguir y parar en algún centro igual (o similar) por el camino (para desesperación de Carlos, que es el único de nosotros que no tienen pensado comprar nada... salvo un pin de la ruta 66, ya difícil de conseguir y en cualquier caso que nos e va a encontrar en un sitio de estos.

Una vez más en el coche, llegamos a Carmel, donde comienza una famosa carretera californiana que recorre el estado de norte a sur (o viceversa). Se trata de la "Big Sur". Ellos la llaman así porque el primer camino que se hizo por allí lo llamaron "Gran Sur" los misioneros españoles que llegaron a las costas californianas a comienzos del siglo XVIII. Solo han cambiado al ingles la primera mitad del nombre. Para que os hagáis una idea, es la carretera por la que conduce Michael Douglas como un perro en celo en "Instinto Básico" cuando va en busca de Sharon Stone.

La carretera está plagada de curvas y tiene un entorno espectacular. Montañas a un lado y al otro el mar. Desafortunadamente, hay algo de niebla y no podemos contemplar la belleza de los parajes en todo su esplendor.

Finalmente, paramos en un sitio donde había buenas vistas (y algo menos de niebla) para comer y luego continuamos hasta San Luis Obispo, donde termina esta carretera.

En esta ciudad volvemos a la carga con la tecnología. Esta vez paramos en un "Best Buy" pero los precios son más caros, de modo que a pesar de la hora (las 7 de la tarde) decidimos seguir camino hasta Santa Bárbara, donde el navegador nos indica que hay otro "Circuit City" pero tenemos que llegar antes de las 9...
Llegamos a las 20:40 y compramos lo que teníamos pensado, tras lo cual, al llegar al coche hicimos cuentas del despliegue tecnológico que teníamos:
- 2 portátiles.
- 9 cámaras digitales.
- 18 tarjetas de memoria.
- 2 discos duros externos.
- 2 navegadores.
- 2 MP4.
- 1 calculadora científica.
- 5 teléfonos móviles.
- 4 pen-drives.
Vamos... ni en la NASA!!!

Ya más relajados todos, reanudamos camino a Los Ángeles hasta llegar a Thousand Oaks uno de los pueblos/ciudades que pertenecen a Los Ángeles o están en su área de influencia. Allí pillamos un motel (un "6", como tantas veces) y cenamos después. Lo cual es bastante raro, pues casi siempre hemos dejado para el final buscar un sitio para dormir.

El viaje se está acabando. Ya solo nos queda ver Los Ángeles mañana y la mañana del día siguiente, pues por la tarde tendremos que tomar los vuelos de regreso a casa. Se nos va a hacer raro no tener hamburguesa y coca-cola para comer o cenar. Lograremos acostumbrarnos y readaptar nuestras vidas a un estilo de vida europeo?

martes, julio 22, 2008

El alojamiento

Sólo tenemos reservado alojamiento en las grandes ciudades. 4 noches en Nueva York, 2 en Chicago y una en Los Angeles. Para el resto de días esperamos disfrutar de los típicos moteles de carretera tan conocidos allí. Haremos noche donde nos apetezca cada día, sin planes previos.

Debido a alguna incorporación de última hora hemos tenido que cambiar las reservas de los hoteles que teníamos previstas y este es el resultado. Un consejo. No dejéis las reservas de hoteles para muy tarde, luego es complicado encontrar algo que os guste, sobre todo en Nueva York y a lo que precio se refiere más que nada.

-Nueva York: 4 noches en el New York Hotel, cerca de Chinatown. 2 habitaciones por 1361.28$. Sólo tiene una estrella...Ya os comentaremos la experiencia.

-Chicago: 2 noches en el Travelodge Hotel Downtown de 2 estrellas. Parece centrico. 2 habitaciones por 592.6$

-Los Angeles: 1 noche en el Metro Plaza Hotel de 2 estrellas. Está muy céntrico. 2 habitaciones por 227.7$

Ya os comentaremos también qué tal los moteles, sus precios, comodidad,etc.

lunes, julio 21, 2008

El transporte

Viajaremos de Bilbao a Nueva York haciendo escala en Munich. La vuelta será desde Los Angeles hasta Bilbao con escala en Frankfurt. Los billetes los adquirimos en Viajes El Corte Inglés a través de una conocida (gracias Sonia. Te debemos una, otra vez más). El precio es de 1059,68 euracos y la compañia emisora del billete es Lufthansa. Llegaremos al aeropuerto JFK de Nueva York y volveremos desde el Aeropuerto Internacional de Los Angeles.
Seguramente se hubiera podido encontrar un precio mejor si se busca con más antelación. Nosotros creo recordar que lo empezamos a mover sobre febrero. También hay que tener en cuenta que el lugar de salida del vuelo de vuelta no es el mismo que el punto de llegado del vuelo de ida (volvemos desde Los Angeles y llegamos a Nueva York), con lo cual el vuelo se encarece. Y el hecho de tener a un conocida que trabaje en una agencia de viajes te facilita muchas cosas: el trabajo de busqueda lo hace otro, jeje, el trato será mucho mejor y en caso de cualquier problema de última hora la solución puede ser más rápida y mejor. Algo de esto ha habido en las últimas semanas.

De Nueva York a Chicago iremos también en avión. Lo adquirimos a traves de http://www.rumbo.es solo con 2 meses de antelación. El precio fue de 94,92 euros. Saldremos desde el aeropuerto de Newark y llegaremos al Aeropuerto Internacional O'Hare de Chicago.

Y finalmente, a partir de Chicago nuestro recorrido será en un coche de alquiler adquirido en http://www.hertz.com/. Hemos reservado un Toyota Sienna o similar con capacidad para hasta 7 personas. Esperamos que sea más que suficiente para los 5 que vamos y nuestros equipajes, y que sea bastante cómodo pues pasaremos bastantes horas metidos en él. El precio es de 1189,93 euros para dos semanas enteras y 3 días. Hay que tener en cuenta:
-Por devolver el vehículo en una ciudad distinta a la de recogida cobran 500 dólares.
-En el momento de hacer la reserva se pagó por anticipado aproximádamente el 50 %. Existía la posibilidad de no pagar nada por anticipado, pero se encarecía unos 200 euros.
-Tenemos millas ilimitadas.
-Incluye seguro total por robo y colisión y seguro a tercero hasta 1000000$. También incluye un seguro personal de 3,76€/dia (ya incluido en el presupuesto) que nos cubriría a todos los pasajeros.
-El presupuesto incluye un navegador

Todo el proceso de alquiler del coche fue muy sencillo y te permiten realizar modificaciones hasta el último momento a través de su página web.

domingo, julio 20, 2008

El viaje


Vamos al grano. El viaje en si.

Llegaremos a Nueva York previa escala en Munich, donde estaremos 4 días. Luego en avión hasta Chicago 2 días. Y luego empieza la verdadera aventura. Cogeremos un coche de alquiler en esta ciudad para dirigirnos hasta Los Angeles a través de la mítica Ruta 66. La idea es hacer kilómetros e ir parando cada día donde nos dicte el cuerpo y donde nos interese, sin planes. Eso sí, tenemos paradas obligatorias en Las Vegas y en El Gran Cañon. Tambien pararemos en algún otro parque natural (Yosemite, Death Valley, Parque Natural de las Sequoias, Joshua Tree...), pero como digo lo iremos viendo sobre la marcha y en función de nuestro tiempo y ganas. Para finalizar acabaremos nuestro recorrido en Los Angeles, donde cogeremos el camino de vuelta y volveremos a la cruda realidad. San Francisco también lo tenemos en la recamara pero más bien como una posibilidad bastante remota. No tendremos tiempo de ver todo lo que nos gustaría.

La foto muestra el recorrido provisional en coche desde Chicago.