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jueves, diciembre 03, 2009

Fotos de Las Vegas


El siguiente destino en nuestro viaje fue Las Vegas, nombre que se debe a un español, Antonio Armijo, que llego alli tras seguir un viejo camino desde Texas. Lo denominó así por el contraste de algunas zonas verdes creadas por los manantiales de la zona con el desierto que las rodeaba.
Se trata de la ciudad más grande del estado de Nevada y la mayor ciudad fundada en el siglo XX en los EEUU. La fama mundial de Las Vegas empezó a raiz de la legalización del juego en 1931. A partir de 1941 se empezaron a construir grandes hoteles con casinos en su interior con dinero, en muchos casos que provenía de los sindicatos del crimen de la costa Este. De hecho el primer hotel de estas características , El Flamingo, fue creado bajo la supervisión del gangster Benjamin "Bugsy" Siegel. Y a partir de los años 50 comienza la actividad musical como complemento alos casinos. Así por ellos han pasado estrellas como Elvis Prestley, Tom Jones, Cher o el mismísimo Frank Sinatra.

También se la conoce como La Capital Mundial del Entretenimiento o La Ciudad del Pecado (Sin City) debido al auge de las apuestas legales a la disponibilidad de alcohol las 24 horas del día o a la legalidad de la prostitución en los condados vecinos. "Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas".

Actualmente Las Vegas se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos en EEUU. En 1989 con la apertura del hotel The Mirage se inició una etapa de construcción que se alejaba del downtown para situarse en la zona conocida como Las Vegas Strip que se ha convertido en la principal zona de visita de la ciudad. En la wikipedia hay un extenso artículo sobre esta zona en la que viene un gráfico con la situación de los hoteles.

Destacar por último las elevadas temperaturas que se alcanzan durante el verano. Y es que no hay que olvidar que está situada en pleno desierto.

Crónica del día en Las Vegas

Pincha en la foto para ver todas nuestras imágenes de Las Vegas

martes, noviembre 03, 2009

Cómo casarse en Las Vegas...y no morir en el intento

Artículo extraído de ELMUNDO.es

En helicóptero, limusina, en plan Lejano Oeste, sobrevolando el Cañón del Colorado o vestidos de Elvis y el oso Yogi. 120.000 parejas dicen 'sí, quiero' cada año en la ciudad americana más extravagante por la módica cantidad de 200 euros... o 25.000. Acompañamos en su aventura a una de ellas


Se puede celebrar sobrevolando el Gran Cañón del Colorado, mientras se da una vuelta en limusina, vestido de Elvis (o de Priscilla, de Marilyn, de Oso Yogi, de Luke Skywalker...), dentro de un barco pirata, en plan Lejano Oeste, al estilo Harley Davidson, con una banda de mariachis animando la faena... e incluso en medio de una fiesta nudista. Habían oído hablar de casi todas las propuestas (casi: lo del Oso Yogi es demasiado), pero ya suficientemente exótico les parecía emular a Britney Spears, Nicky Hilton, Angelina Jolie o Frank Sinatra casándose en Las Vegas como para encima cargar con el disfraz del de Yellowstone a cuestas.

Por eso, Fernando y Clara, de 31 y 25 años, a quienes acompañamos en su aventura nupcial de 48 horas, apostaron por lo seguro, aunque hablar de eso en la imprevisible ciudad de Nevada (que no California) es mucho hablar. Así que decidido: se casarían en lo alto de la Torre Eiffel del hotel Paris, uno de los muchos (hay 150.000 plazas hoteleras en Las Vegas; el triple que en Madrid y eso que la ciudad estadounidense sólo tiene 1,5 millones de habitantes) repartidos a ambos lados de la Strip, la efervescente avenida principal. Es uno de los favoritos de las 120.000 parejas que se casan aquí cada año.

La idea iba tomando forma a medida que se aproximaban en coche junto a otras dos parejas con las que venían recorriendo la costa oeste de Estados Unidos. Ya estaban en Las Vegas, en medio de insistentes carteles del espectáculo de turno (The Lion King, O, Cher o Celine Dion, quien, por cierto, vive aquí), outlets a precios de risa, bufetes de abogados (para quien vende su alma en los casinos y luego no puede afrontar las deudas), pastores evangélicos o psicólogos (para ayudar a los desaforutnados viciosos; no es tontería: la tasa de suicidos en Las Vegas dobla la media nacional). Y a lo lejos, la silueta de la pirámide del Luxor comienza a despuntar.

Desayuno con champán

Pero el sueño de dar el sí, quiero en la réplica gala (mide justo la mitad que la verdadera Torre Eiffel) duró poco, lo que tardaron en hacer el check in en el hotel Montecarlo (hay que pagar antes; no vaya ser que el huésped se lo juegue todo a las tragaperras y la cuenta se quede tiritando) y preguntar el precio de la broma: 1.300 euros el paquete más barato, el Bordeaux, de media hora de ceremonia. Y sin incluir las tasas ni la tarifa del minister o reverendo. El más caro, el Paris Perfection, 10.000 euros, con dos horas de limusina para seis personas, desayuno con champán y chocolate con fresas, suite nupcial bañada de rosas, masaje en el spa Mandara...

¡Fuera Torre Eiffel! Y eso que no es lo más caro. Un par de noches y todo tipo de pijaditas románticas (música celestial de violines, limusina, actores-testigos vestidos de Elvis, arreglos forales que ni la boda de Letizia...) pueden sobrepasar tranquilamente los 25.000 euros. Cuestión de gustos y bolsillos. El de nuestros protagonistas no andaba sobrado, así que, tras recorrer los principales hoteles durante día y medio Strip arriba Strip abajo, apuestan por una elegante pero informal capilla: Vegas Adventurer, cerca de Bonanza, la tienda de souvenirs más grande del mundo, por el módico precio de 250 euros 15 minutos de boda (más impuestos más 50 euros del ministro más 30 de las fotos más 30 del DVD...). «Algunos sitios daban hasta miedo, pero éste nos dio buenas vibraciones», suelta Clara encantada.

La boda, en español, se fija para las 9 del día siguiente. Esa noche toca cena en el hotel The Venetian y, después, sesión ludópata en el casino. Siguiente reto: obtener la licencia, ésa que prueba que los contrayentes tienen más de 18 años, que no están casados con otros (más de uno ha tenido problemas por cuestiones de bigamia) y que están bien sanos, aunque el análisis de sangre que se pide en el resto del país para demostrarlo no es obligatorio en el condado de Clark, al que pertenece Las Vegas. Precio de la licencia: 45 euros. Eso sí, hay que solicitarla antes de las 12 de la noche y sobrio. Antes, podía pedirse a cualquier hora, pero llegó Britney Spears completamente borracha (y luego completamente arrenpentida) y las reglas cambiaron.

El altar de Elvis Presley

A eso de las ocho, los novios entran en la capilla, cuya puerta cuelga el típico cartel de OPEN, todo encendido. Es pequeña pero coqueta, agradable, con bancos blancos y enredaderas que trepan entre éstos y el altar. Porque también lo hay. Igualito que en la tele. Eso sí, el homenaje a Elvis espera en la esquina, donde resurge a modo de altar la foto gigantesca del Rey entre ramos de novia de toda condición e incluso un sombrero mexicano (??). Ella, a un habitación. Él, a otra. Las dos amigas acompañan a Clara, que va sacando el prendedor que lució su madre en su boda, el ramo de su hermana y el bolso de su mejor amiga. ¿Su look? Camiseta y falda blancas estilo ibicenco, aunque le ofrecen alquilar el típico vestido, peluquería, manicura, maquillaje... Full service. ¿Él? Camisa y vaquero.

Suena la música nupcial y el ministro de origen colombiano, Sebastián Salas, con su sotana negra y sus 50 bodas a cuestas un sábado cualquiera («Hay veces que no paro desde las 10 de la mañana a las 2 de la madrugada», confesará luego), espera al fondo junto al novio y los dos amigos. Avanza Clara pisando los pétalos rojos tendidos en el suelo. «Estamos aquí para casar a...», espeta Salas entremezclando su español colombianizado con un tremendo acento yanqui. Lo dicho, igual que en la tele, pero mucho más serio de lo que podría pensarse. Incluso menos hortera. Bueno, es un decir...

Duración: 15 minutos, con intercambio de anillos, felicitaciones y regalito de los asistentes (una llamativa tarjeta fucsia de just married) incluidos. Después viene la visión del vídeo en grupo y la discusión sobre qué fotos (y por cuánto) se quedan. Que si éstas entraban en el precio, que eso no era lo pactado... Es lo de menos: Fernando y Clara ya son marido y mujer. Ahora, sólo queda convalidarlo en España (que se puede) y, por supuesto, la noche de bodas

lunes, septiembre 01, 2008

Día 17: Beatty-Porterville (California)

LEAVING LAS VEGAS



Salimos del motel Death Valley, en Beatty, a las 11:00 de la mañana. Un poco tarde, pero el día de ayer fue intenso y aprovechamos hasta tarde.
Bueno, ya podemos decir que hemos dormido en el desierto. No ha resultado tan duro. Se nota que estamos hechos de otra pasta.

Hemos pasado por el punto de información turística de Beatty, pero lo hemos encontramos cerrado. Así que sin consejos acerca de cómo atravesar este desierto, nos hemos preparado por nuestra cuenta poniendo en práctica nuestros conocimientos de supervivencia. Como no nos decidimos entre camellos o mulas, optamos por seguir en el cañonero.

Seguimos sin cobertura, así que nos resulta imposible ponernos en contacto con la gente que queremos. Tenedlo en cuenta, que luego hay malos rollos con eso de “no me llamas nunca” y “no te acuerdas de mi”. Es mejor poner sobre aviso a quienes acostumbréis a llamar. Y después del desierto vienen los parques naturales y pasara más de lo mismo.

Nos hemos metido en el desierto y bueno, como describir lo que vemos… esto es inmenso y esta lleno de… nada. Vale, tierra seca, mucha caló y las plantas normales de estos lugares, pero no vemos el típico cactus de las pelis. Tal vez estén en Almería.

Hemos hecho un descanso en el desierto. Por llamarlo de alguna manera, porque el termómetro marca 113º F, que vienen a ser 45º C.


Nos hemos parado en Stovepipe Wells, no se puede decir que sea un pueblo. Vemos dos tiendas, un salón, un restaurante, una gasolinera y creo que un… ¿motel?

Os preguntareis ¿a quien se le ocurre montar en mitad del desierto, este chiringuito? Pues os contestamos. A alguien con mucha visión de negocio. La hostia con el oasis en mitad del desierto, seguro que es más rentable que Las Vegas.

Mejor que no os pille necesitados de gasolina. ¿Y la tienda? En el poco rato que estuvimos allí, no paraba de pasar gente por la caja. Nosotros incluidos, of course. Hay momentos en los que el aire acondicionado es un reclamo demasiado fuerte.

En marcha de nuevo hasta Lone Pine, donde nos paramos a comer. Entramos en el “The Mt. Whitney Restaurant” que esta en la carretera principal de entrada al pueblo. Salimos contentos tanto por el trato recibido, como por la comida. Una de las chica que trabaja aquí, habla español, así que por respeto a ella, por unos instantes volvemos a nuestra lengua materna incluso para hablar entre nosotros.

Después de comer, completamos lo que nos queda del Death Valley, para poner rumbo hacia el parque de las Sequoias.
Por cierto, sabíais que… ¿el Death Valley es el segundo parque natural más grande de EEUU, después de Alaska? Pues os digo mas, en él se encuentra la cota mas baja de América del Norte y el pico mas alto de EEUU. De lo que se entera uno cuando lee, eh?
Hemos pasado al estado de California y se va notando en el paisaje. La tierra empieza a tomar otro color y donde antes veíamos arbustos y tierra seca, ahora vemos árboles y arroyos. Es sorprendente este cambio tan acentuado en el paisaje.


La noche nos ha atrapado en el coche y hemos sido testigos de un accidente protagonizado por una vaca parda, por ser de noche. Parece que los ocupantes del coche se encuentran bien y el único que ha resultado herido, ha sido el animal. Después de un intento de envestida, sin daños, el cowboy nos dice que podemos avanzar, pero que lo hagamos despacio para no asustar mas al animal y por el coche que se encuentra siniestrado delante nuestro. Buff, que mal rato.

Hemos llegado a Porterville y hemos pensado que lo mejor a estas horas es pasar por un supermercado y hacer compras para cenar hoy, y desayunar mañana. Así ahorramos tiempo y dólares.
Un día tranquilo, de no ser por el accidente. Hoy nos quedamos a dormir aquí, en Porterville. Buenas noches y buena suerte

Día 16: Boulder City- Las Vegas- Beatty (Nevada)


En anteriores capítulos de “Lost” (in the USA):

Cinco intrépidos jóvenes viajan de una punta a otra de los Eh, Eh, Uh, Uh en un cañonerou. Pero el camino está lleno de peligros que hay que sortear… por ejemplo,
- ¿Qué clase de grifo tendrá el motel de esta noche? ¿Me helaré con agua fría hasta que logre descifrar como sale la caliente?
- ¿Qué tipo de taza habrá en el water? ¿Las de absorción (normal) o las de abducción (que arrastran todo al hiper-espacio con una velocidad tres veces superior a la de la luz)?
- ¿Qué diferencia hay entre un Hotel y un Motel? Aparte de la H y la M.

Las últimas noticias sobre ellos les situaban en un Hotel-Casino de Boulder City (Nevada), después de no haber podido realizar su tan ansiada excursión en helicóptero sobre el Gran Cañón…


Bueno, ya hemos abandonado la ruta 66 de manera definitiva, lo que no vamos a dejar es la ruta del colesterol.
Parece que hoy nadie ha despertado a nadie erróneamente. Aún así, Carlos persiste en sus problemas… hoy no le ha sonado el móvil/despertador.

Tras haber encontrado ese increíble hotel de Boulder City (a precio de motel) nos disponemos a desayunar en el mismo. Problema, entre pedir y que nos sirvan tardan más de 50 minutos. Nosotros nos lo engullimos en menos de 10 minutos. Por primera vez no ponemos ni un céntimo de propina.
Y por fin llegamos a Las Vegas, antro de perdición. Una ciudad llena de hoteles/casinos que por dentro son como parques de atracciones. Lo primero que nos sorprende al llegar es que vemos varias capillas para casarse. Bueno, eso lo conoce todo el mundo. Lo que no sabíamos es que también hay capillas “drive-trhu”, es decir, que te puedes casar desde el coche (romántico, ¿eh? Podría dar para la letra de una canción de Mana o La Oreja de Van Gogh). Yo me pregunto… ¿quién ordena a los sacerdotes que celebran estas bodas? ¿Carlos Jesús? ¿El padre Apeles?...

Las Vegas es una ciudad grande en medio de un desierto. ¿De dónde sacan el agua? Es un misterio. Ya en Galena (Kansas) le preguntamos a Rafa (camarero del restaurante de comida mexicana “Mi torito”, sito en la susodicha ciudad) y nos miró con cara rara (como pensando, de dónde vendrán estos pobres hombres). Nos comentó que “aquí” el agua sale por el grifo todo el año y que no sabe el origen.
El meollo de la ciudad se encuentra en Las vegas Boulevard (también conocido como “The Strip”) una calle muy larga en la que se encuentran gigantescos hoteles que también albergan casinos en su interior. En realidad, podría decirse que son como parques de atracciones o temáticos, que sirven para atraer a los jugadores (o turistas).
Por poner algún ejemplo, el “Luxor” es una pirámide y dentro está ambientado estilo antiguo Egipto; el “Paris-Las Vegas” tiene una reproducción de la torre Eiffel, del Arco del Triunfo y por dentro, el techo está pintado el cielo con nubecitas… ¡parece que es de día permanentemente!; el “Venetian” es parecido. Por dentro hay un canal con góndolas (y gondoleros) incluidas.
Así podría contaros de unos cuantos…

Este día hemos variado la táctica de ataque a la ciudad. Como es muy fácil no perderse (es ir recorriendo una calle) nos damos una hora y quedamos a la entrada de uno de los hoteles pero la visita la hacemos cada uno a nuestro ritmo. Luego comida y a la tarde seguimos igual, esta vez nos damos dos horas y media.
Comimos en el “Harley Davidson Café”, muy chulo. Decorado con motos y con unas camareras de escándalo. No sé que las dan de comer…
Nos pegan un buen puyazo y, por segunda vez en el viaje (que yo recuerde), nos incluyen la propina en la cuenta sin consultar (un 17%...). No me parece justo. Tendríamos que ser nosotros quienes decidamos en función del servicio.

Por cierto, estamos los cinco de acuerdo en que hemos visto cantidad de jamelgas por Las Vegas. Como todo el mundo sabe, los seres inertes y la mayoría de los seres vivos tienen tres dimensiones, exceptuando a la vaca que tiene 6 (delante, detrás, Izquierda, derecha, arriba y abajo y las mujeres que tienen cuatro. Pues bien, en Las Vegas, las mujeres tienen muy desarrollada la cuarta dimensión.
Da la impresión que aquí se puede pillar fijo (basta intentarlo).

Tras la quedada en el punto de encuentro de la tarde vemos alguno de los hoteles juntos (el “Venetian”). Decidimos que ya que estamos en Las vegas hay que apostar algo, ¿no?
El resultado fue el siguiente:
* César se encuentra un cuarto de dólar.
* Carlos echa 1 USA $ en las tragaperras con escaso éxito.
* Entre todos nos jugamos 20 USA $ en la ruleta. Repartimos las fichas y… mierda, sale el 2. ¿Cómo vamos a proseguir ahora el viaje si todos nuestros ahorros se han ido al carajo?
Afortunadamente, en nuestra mesa solo estábamos nosotros y el “crupier” (o como se llame la persona que atiende a la ruleta). Por cierto, era igualito que “el chino Kudeiro”.
Curiosamente, para poder jugar les pidió la identificación a Carlos y Miguel (no debía fiarse que fuesen mayores de edad) cuando son los más veteranos de nosotros.

Entre pitos y flautas salimos de las Vegas a eso de las 11:30 p.m. con dirección a Pahrump (es difícil de escribir pero más difícil es de pronunciar) y con idea de dormir allí. Después de lo de la noche anterior hemos preguntado en varios hoteles de Las Vegas a ver si hay algún chollo… pero nada. Todos completos (y son mega hoteles) salvo uno y cuesta 341 $ la habitación. Con lo que hemos perdido en las apuestas no nos lo podemos permitir.
Increíblemente, en Pahrump tampoco encontramos un motel con habitaciones libres, así que decidimos seguir camino hacia nuestro siguiente destino (Death Valley Nacional Park) y rezar para encontrar algún pueblo con moteles con plazas libres…
Todo lo que nos vamos encontrando esta cerrado.
Llegamos a un pueblo (Beatty, Nevada) que parece tener varias opciones. El primer motel está cerrado por obras. Probamos en el siguiente y justo cuando vamos a entrar se nos adelanta un coche… y cogen las tres habitaciones que quedaban libres. ¡Que mala pata!
En el siguiente motel nos dicen que tampoco tienen plazas pero nos ven tan desesperados (son casi las tres de la noche) que la chica de la recepción hace una llamada para ver si nos pueden dar 2 habitaciones en el motel del pueblo que estaba en obras. Bajo nuestra responsabilidad si pasa algo, nos dan las dos habitaciones. ¡Menos mal! Hay que ver el lado positivo, hemos hecho de noche el trayecto que habríamos tenido que hacer por la mañana. Podemos levantarnos un poco más tarde de lo habitual.

Y así termina la historia del día. Lo que suceda a partir de mañana nadie lo sabe.

domingo, agosto 31, 2008

Día 15: Flagstaff- Grand Cannyon-Boulder City (Nevada)

Era uno de los días más esperados. Nos esperaba el paseo en helicóptero por encima del Gran Cañón del Colorado. El vuelo lo habíamos reservado en el aeropuerto el día anterior en el aeropuerto, que queda un poco antes de la entrada sur del parque. Igual deberíamos haberlo reservado antes porque no había hasta las 14.00h y lo queríamos a primera hora. Pero bueno, así aprovechamos para visitar otro rato más el Gran Cañón.

Esta vez fuimos al Desert View que queda al este del Parque. Para ello nos levantamos temprano, una vez más. Carlos siguió con sus problemas con la alarma del móvil. Esta vez no le sonó. El dijo que lo había dejado bien puesto. Ya, claro.
Una vez allí, Después de las fotos de rigor en las que se veía el Río Colorado más cerca que desde los miradores del día anterior, nos dispusimos a realizar una foto completa con los 5 fantásticos. Para ello un miembro del grupo les dijo a 2 chiquillas que teníamos al lado, y que hablaban medio en catalán medio en castellano, a ver si estas 2 chicas tan guapas y tan españolas lo podían hacer. La foto la sacaron pero no pusieron buena cara. Que conste que no lo hicimos con mala intención.

El tiempo se nos había echado encima. Debíamos volver al aeropuerto rápidamente. Así que al conductor, cuyo nombre omitiré, no le quedó más remedio que saltarse todos los límites de velocidad posibles y efectuar unos cuantos adelantamientos temerarios. Ni aún así llegamos a tiempo. De todas formas no nos valió de nada. Ya al llegar y ver todos los helicópteros en tierra nos temimos lo peor. Era un día con bastante viento y estaba nublado. Efectivamente no estaban saliendo los vuelos.
Fue un bajón tremendo. Era una de las cosas más atráctivas que habíamos planeado para nuestras vacaciones, sino la que más. Se juntaba el vuelo en helicóptero, que ya solo es suficientemente atractivo, con hacerlo sobre el Gran Cañón.

No había solución. Asi que nos tuvimos que ir a comer unos tristes sándwiches de mortadela y salami que habíamos comprado en un Walmart y que en otras condiciones nos hubieran sabido a gloria. Además justo empezó una tormenta, así que decidimos largarnos del Gran Cañón rumbo a Las Vegas donde podríamos matar nuestras penas jugándonos el dinero que nos habíamos ahorrado con la suspensión del vuelo.

Nos estuvo siguiendo la tormenta prácticamente toda la tarde. En algún punto intentamos coger algún rayo con nuestras cámaras y alguno lo consiguió. También vimos algún arcoiris.

Pasamos por pueblos como Seligman y Kingman. El primero mucho más pequeño y coqueto con todos los establecimientos de la Main Street haciendo alguna mención a la ruta 66. Es una parada obligatoria de todos aquellos que quieran seguir la ruta. El segundo en cambio es un pueblo más grandote y no tiene tanto encanto. También tiene un museo de la ruta 66 al que llegamos cuando estaba cerrado una vez más.

Como anécdota decir que al llegar a Kingman un vagabundo nos recibió preguntándonos si eramos franceses, enemigos de EEUU. Parece que desde la guerra de Irak no tienen mucho aprecio a los franceses por aquí.

Después de tomar unas frescas birras en un tugurio local retomamos el coche. Aquí abandonamos la ruta 66 que nos ha acompañado desde Chicago (que lejos suena ya). Nos vamos dirección Las Vegas y luego seguiremos hacia el norte dirección San Francisco. Trataremos de llegar al final de la ruta 66 en Santa Monica cuando nos acerquemos a Los Ángeles.
Ya de noche pasamos por la presa Hoover que sirve de frontera para llegar al estado de Nevada. Si de noche ya nos parece espectacular de día debe serlo mucho más. De una simple presa también tratan de hacer negocio, pues había carteles de visitas guiadas por la presa, tiendas y demás.

Buscamos alojamiento y lo encontramos en el Hotel-Casino Hacienda en Boulder City, a unas 30 millas de Las Vegas. Nos sorprendió con sus precios bajos, más barato que algunos moteles, y el hotel estaba muy bien. Allí que nos quedamos y así pudimos tener una primera toma de contacto con las máquinas, el poker, las ruletas, el blackjack, etc. Fue sólo un aperitivo de lo que nos esperaba al día siguiente.