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lunes, septiembre 01, 2008

Día 21: San Jose- Thousand Oaks (Los Ángeles)

WHEN POSSIBLE MAKE A LEGAL "U" TURN...
Esta será, sin duda, la frase más escuchada del viaje. Es la frase que nos decía la voz del navegador del cañonero cada vez que nos confundíamos de camino o no hacíamos caso a sus no siempre sabias indicaciones. En general nos ha resultado de gran ayuda pero otras veces... cariñosamente la llamábamos "la guarra" o "la zorra", en función del grado de cabreo que nos produjese.

Tras pasar noche en San José, nos dirigimos ya dirección sur con idea de acabar el día lo más cerca posible de Los Ángeles. Pero primero paramos en Santa Cruz, donde reside un primo de Luis con la idea de desayunar con él. La quedada es en un restaurante brasileño y el desayuno es una fabula. Las camareras están muy bien, en particular hay una increíblemente guapa.

Tras despedirnos del primo de Luis, retomamos el camino hasta Sand, donde paramos en un "Circuit City" (una especie de centro comercial de aparatos informáticos, etc... tipo "Media Markt") con la idea de mirar algunas cosas (un portátil, cámaras, un disco duro externo). Hay un portátil con buena pinta en los papeles de propaganda pero ya se les ha acabado, así que decidimos seguir y parar en algún centro igual (o similar) por el camino (para desesperación de Carlos, que es el único de nosotros que no tienen pensado comprar nada... salvo un pin de la ruta 66, ya difícil de conseguir y en cualquier caso que nos e va a encontrar en un sitio de estos.

Una vez más en el coche, llegamos a Carmel, donde comienza una famosa carretera californiana que recorre el estado de norte a sur (o viceversa). Se trata de la "Big Sur". Ellos la llaman así porque el primer camino que se hizo por allí lo llamaron "Gran Sur" los misioneros españoles que llegaron a las costas californianas a comienzos del siglo XVIII. Solo han cambiado al ingles la primera mitad del nombre. Para que os hagáis una idea, es la carretera por la que conduce Michael Douglas como un perro en celo en "Instinto Básico" cuando va en busca de Sharon Stone.

La carretera está plagada de curvas y tiene un entorno espectacular. Montañas a un lado y al otro el mar. Desafortunadamente, hay algo de niebla y no podemos contemplar la belleza de los parajes en todo su esplendor.

Finalmente, paramos en un sitio donde había buenas vistas (y algo menos de niebla) para comer y luego continuamos hasta San Luis Obispo, donde termina esta carretera.

En esta ciudad volvemos a la carga con la tecnología. Esta vez paramos en un "Best Buy" pero los precios son más caros, de modo que a pesar de la hora (las 7 de la tarde) decidimos seguir camino hasta Santa Bárbara, donde el navegador nos indica que hay otro "Circuit City" pero tenemos que llegar antes de las 9...
Llegamos a las 20:40 y compramos lo que teníamos pensado, tras lo cual, al llegar al coche hicimos cuentas del despliegue tecnológico que teníamos:
- 2 portátiles.
- 9 cámaras digitales.
- 18 tarjetas de memoria.
- 2 discos duros externos.
- 2 navegadores.
- 2 MP4.
- 1 calculadora científica.
- 5 teléfonos móviles.
- 4 pen-drives.
Vamos... ni en la NASA!!!

Ya más relajados todos, reanudamos camino a Los Ángeles hasta llegar a Thousand Oaks uno de los pueblos/ciudades que pertenecen a Los Ángeles o están en su área de influencia. Allí pillamos un motel (un "6", como tantas veces) y cenamos después. Lo cual es bastante raro, pues casi siempre hemos dejado para el final buscar un sitio para dormir.

El viaje se está acabando. Ya solo nos queda ver Los Ángeles mañana y la mañana del día siguiente, pues por la tarde tendremos que tomar los vuelos de regreso a casa. Se nos va a hacer raro no tener hamburguesa y coca-cola para comer o cenar. Lograremos acostumbrarnos y readaptar nuestras vidas a un estilo de vida europeo?

Día 20: Escalon-San Francisco-San Jose (California)

Empieza un nuevo día. Hoy toca San Francisco. Ayer nos quedamos en Escalon, a algo más de 80 millas de la ciudad de las cuestas, así que nos toca madrugar algo más de lo habitual en nosotros. Desayunamos de camino en el coche nuestro habitual yogur y un plátano con la intención de no perder demasiado tiempo con los copiosos desayunos americanos.

Amaneció un día algo ventoso (alguno no lo tuvo en cuenta cuando se hizo una parada antes de llegar a San Francisco para echar un meo) y bastante más fresquito que en jornadas precedentes. Incluso tuvimos que sacar nuestras sudaderas del fondo de las maletas por primera vez en todas nuestras vacaciones (alguno más friolero ya lo tuvo a mano hasta el último día). La idea de bañarnos en el Pacífico por primera vez en nuestras vidas la tuvimos que dejar para otra ocasión. Sólo un intrépido viajero tuvo la osadía de introducirse en dicho océano.

Llegamos a San Francisco y después de callejear un rato enseguida nos dimos cuenta de por qué le llaman la ciudad de las cuestas. Y menudas cuestas. Nuestro cañonero sufría y rugía mucho en ellas. Y como consumía el tío. El marcador de la gasolina bajaba rápido, como todo el viaje, pero esta vez más.

Enseguida llegamos a la orilla de la bahía de San Francisco, al lado del Golden Gate. El otro puente, por el que entramos a la ciudad, el Bay Bridge es más largo pero el primero es más emblemático. En medio de la bahía se veía la isla de Alcatraz con su prisión.

Poco después atravesamos a pie el Golden Gate ida y vuelta. Bonitas vistas de San Francisco desde el medio del puente. A la vuelta la niebla se iba echando sobre el puente, así que pudimos hacer algunas fotos diferentes de él.

Tras comer en un italiano en el barrio italiano de la ciudad seguimos callejeando por las cuestas. Nos acordamos de Steve McQueen en la película Bullit pero nos reprimimos nuestras ganas de una carrera con el cañonero aunque lo compensamos haciendo un travelling desde el techo del Lincoln Navigator con una de nuestras supercámaras bajando Lombard Street, famosa calle que es tan empinada que han tenido que hacerla formando eses para poder bajar por ella.


Otra cosa curiosa que tiene la ciudad son unos autobuses eléctricos conectados pòr unos cables que cuelgan sobre las calles. También es famoso el tranvía de San Francisco, con el que nos cruzamos varias veces.

Acabamos el día tratando de realizar unas compras (sí, otras más) que nos habían encargado. A algún dependiente no le sentó bien que le regateáramos y que comprobáramos que la mercancía estaba en buenas condiciones. Como vimos que se ponía borde nos fuimos sin comprarle nada después de estar un buen rato en la tienda. Detrás de nosotros algún mother fucker y alguna que otra lindeza. Curiosa manera que tienen de tratar a los clientes por aquí.