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jueves, agosto 07, 2008

Día 10: De Chandler a Amarillo (Texas)

Empieza un nuevo día en nuestro viaje por tierras americanas. Esta noche hemos debido adelgazar unos cuantos kilos pues las habitaciones del motel más bien parecían unas saunas. Nuestros cuerpos lo agradecerán y las mujeres que gozan de ellos también. Sin embargo el calorcito no nos abandonará en todo el día. A las 12 del mediodía el termómetro de Cañonero ya marca 100ºF (unos 37ºC). ¡Qué gran invento el aire acondicionado!
Al poco de salir de Chandler nos encontramos con un gran mural de la ruta 66 que nos da pie a unas fotucas muy chulas. Prácticamente nos pasamos toda la mañana metidos en el coche, tratamos de seguir la vieja ruta 66 evitando autopistas y así de paso no pagamos peajes. Pero a veces la señalización no es la adecuada y damos bastantes vueltas, lo cual nos retrasa bastante.

Comemos en Weatherford donde una guapa camarera nos atiende. Además se esfuerza en hacerse entender cuando no la entendemos a la primera, cosa que no siempre nos ha pasado.

Seguimos nuestra ruta con los estómagos llenos de rico colesterol americano y llegamos a Clinton donde entramos a un Museo de la Ruta 66 por el módico precio de 3$ atendido por una amable anciana, cosa que no es muy frecuente en nuestro país pero que en los USA parece más habitual.
Notamos como el paisaje ha cambiado respecto a días precedentes. Se ha vuelto más seco. Nos preguntamos de donde sacarán el agua en estos parajes, y es que llevamos atravesado casi medio país y no hemos visto ninguna montaña. También vemos alguna máquina extractora de petróleo al lado de la carretera.

Llegamos a Texola del que habíamos leído que era un pueblo fantasma aunque nosotros observamos algún lugareño. Pero lo más curioso nos ocurre al abandonar el pueblo. Vemos atravesar la carretera a una correcaminos madre seguida de 4 o 5 hijos. ¿Huirían del coyote? Poco después entramos en Texas. El calor sigue siendo insoportable (101ºF a las 20.00h). Se hace de noche y nuestros estómagos lo notan. Así que tratamos de buscar un lugar en el que cenar lo cual no nos va a resultar fácil Hay pocos pueblos en Texas y muy distanciados entre sí y en los que paramos, o no encontramos ningún sitio para comer, o han cerrado ya (todavía no son las 9 de la noche). Antes mencionar que Miguel se merece un aplauso por no usar en el día de hoy su pie izquierdo para pisar el inexistente embrague. Nuestros cuellos se lo agradecen.

Así que nos vemos obligados a llegar hasta Amarillo que ya es un pueblo bastante grande. Allí teníamos una visita obligada al The Big Texan porque resulta que la persona que consigue comerse un chuletón de 72 onzas (unos 2 kilos) más todos sus acompañantes (ensalada, patatas fritas, alitas de pollo y creo que algo más) no tiene que pagar nada y entra en el libro de honor del lugar. Nosotros llegamos dispuestos a intentarlo, ¡qué somos de Bilbao la hostia!, pero en cuanto vemos el tamaño del chuletón y de las personas que lo intentan nos damos cuenta que vivimos a unos cuantos kilómetros de Bilbao. Vamos, que nos rajamos. Aquí va un buen ejemplar del tipo de persona que intenta y consigue la hazaña.
Así que pedimos una cena más modesta que aún así nos cuesta terminar. Es curioso el recinto éste. Todo decorado y ambientado al estilo cowboy, hasta los camareros van vestidos con atuendos vaqueros. Incluso el que nos toca a nosotros, al que llamaremos Ronco Bill por esto que comento y por su peculiar voz, tiene gestos de verdadero cowboy. No sabemos si es que es así o es que se mete de lleno en su papel.
Se acaba el día y hay que buscar sitio para dormir. Preguntamos en varios moteles precios y condiciones, regateando siempre. Sopesamos mucho a cuál ir hasta que tomamos la decisión. El más barato, of course.

Día 9: De Saint Robert (Missouri) a Chandler (Oklahoma)

El capullo del Star Motel nos ha timado un poquillo porque después de decirnos anoche que el desayuno estaba incluido, por la mañana nos dicen que allí no dan desayunos. Además el Motel es muy malo, así que ya sabéis donde no tenéis que ir: (Star Motel 1057 Old Route 66, Waynesville, Missouri).

Como somos tipos duros y nos gusta vivir peligrosamente, nos ponemos en marcha sin desayunar. Ya comeremos algo de fruta en el coche. A cinco minutos al oeste de Lebanon paramos en la tienda de antigüedades de Linda August, donde nos proveemos de todo tipo de souvenirs perfectamente prescindibles y que luego veremos más baratos en un montón de sitios.
Como hemos perdido bastante tiempo entre una cosa y otra, optamos por dejar las carreteras secundarias, y cogemos la autopista con rumbo a Galena. Al llegar comprobamos algo que va a ser bastante habitual al lo largo de la Ruta y es el hecho de que pueblos que teóricamente son grandes (es posible que en extensión lo sean), luego no tienen casi nada. Como digo Galena es un buen ejemplo, aunque al menos pudimos hacer unas fotos muy auténticas de una Ruta 66 en decadencia.

Como hemos visto el pueblo en un momento, hay 37 grados, y ya va siendo hora de comer, entramos en el único Restaurante que vemos abierto, el “Mi Torito”, un sitio de auténtica comida mexicana donde nos llevamos una sorpresa agradable, ya que hasta el momento es el mejor sitio en el que hemos comido en todo el viaje, y además nos trataron muy bien (saludos Rafael). Supongo que estarían alucinados de encontrarse allí a unos turistas hablando en español.
Nuestra ruta sigue por Riverton (nada reseñable), y por Baxter Springs, pequeño pueblo típicamente americano, donde parece que lo más destacable es que allí Jesse James robó un banco en 1876.

En Oklahoma la Ruta 66 está bastante conservada, así que no tenemos problemas para seguirla. En una de éstas nos encontramos con un lugar con gradas repleto de gente, coches, barbacoas… pensamos que se trata de un rodeo y que estaría guapo ver uno en vivo, así que paramos. Cuando nos acercamos nos damos cuenta de que en realidad es una carrera de coches, de estas super macarras que se ven en las pelis. El sitio se llama Creek County Speedway.
Hechas las fotos de rigor, ponemos rumbo a Stroud, con la intención de cenar en un Restaurante recomendado por la guía, aunque parece que a algún cliente no le satisfizo mucho la comida, porque cuando llegamos descubrimos que el local está calcinado.


No sé si lo sabréis, pero al menos en esta zona de los EEUU es difícil encontrar algo abierto para cenar más tarde de las 20:30. Un ejemplo es el siguiente pueblo al que fuimos (Chandler). Es sábado, sobre las nueve y media y ya está todo cerrado.
Llegamos hasta el final del pueblo, y nada, así que entramos en una gasolinera para dar la vuelta, con tan mala pata que lo hacemos por dirección contraria, justo cuando está repostando un coche de la policía (glup). Un poco para desviar la atención de nuestra pequeña infracción, y un poco por necesidad, le preguntamos al poli si hay por allí algún sitio abierto para cenar. En ese momento nos damos cuenta de que justo al lado hay un sitio con un cartel enorme que pone “ken’s Pizza”. El poli (que nos mira con cara de no estar pensando “estos putos guiris…”), nos recomienda lógicamente el mencionado local, y para no contrariarle, dirigimos hacía allí nuestras ruedas. Una vez allí, y por cómo nos mira la gente, nos imaginamos que no es muy habitual ver turistas de nuestros lares. Todavía alucinan más cuando pedimos una pizza tamaño “jumbo”, a pesar de las advertencias de la camarera de que era “very, very big”. La verdad es que no era nada big, así que acabamos con ella sin problemas.
Después de cenar buscamos motel y acabamos en el Lincoln, que no os recomendamos, porque en las habitaciones huele a humo, son pequeñas y hace un calor del copón.

martes, agosto 05, 2008

Día 8: 01-08-08. Salida de Illinois y llegada a Missouri

¡¡¡Hola muchachada!!!
Os paso a relatar cómo comenzó y como se dio el primer día del mes de agosto de 2.008 para este grupo de intrépidos.
Todo empezó en la cama de un motel de carretera al lado de Farmersville (en Illinois), bruscamente, cuando el maldito móvil (que cada día que pasa estoy más convencido de que tiene más inconvenientes que ventajas) dijo que ya era la hora de ponerse a trajinar.
Nada más salir del motel nos dirigimos a desayunar (el desayuno en el motel estaba “non incluyed”).
Primero desayunó el que más lo necesitaba: el Cañonero (nombre cariñoso con el que hemos bautizado a la bestia que nos traslada). Le llevamos a desayunar a la gasolinera más cercana y ¡cómo desayuna el jodido! Cada desayuno nos sale a 80$.
Por cierto, lo de echar gasolina aquí (como un motón de cosas rutinarias del día a día) es toda una experiencia.
Después nos tocaba desayunar a nosotros, así que fuimos al pueblo de Farmersville que, como indica su nombre, se dedica al tema del ganado (la granja y todo eso…).
Allí nos metimos el típico y “ligero” desayuno americano, en un local puramente idem llamado “Silver Dollar”. El desayuno consistió en: un huevo frito, salchicha, tostadas y zumo de naranja (y algún insaciable-voraz tomó café).

Ni qué decir tiene que, tras lo anterior, todos, incluido el Cañonero, salimos de Farmersville como señores (en lo que a depósito lleno se refiere…) y proseguimos la marcha hacia el Estado de Missouri.
De camino vimos en un pueblillo una gran superficie (Wal Mart) y decidimos parar a hacer unas compras.
Nos pillamos allí la mejor compra que hemos podido hacer en todo el viaje: una nevera portátil. Desde entonces la llenamos todas las mañanas de hielos (aquí los venden en cualquier lugar…) y metemos agua y cervezas. Cuando se tercia nos tomamos unas cervecitas fresquicas dentro del Cañonero y el viaje se hace la mar de placentero Baldomero.
También pillamos unos bocatas (para comer ese día, lo cual agradecieron nuestros bolsillos y nuestros estómagos, sobre todo éstos últimos), bebidas, fruta, yogures y alguna otra pijada.
Del súper (al igual que lo de echar gasolina que he comentado), decir que es también una experiencia lo de comprar aquí.

Me sorprendió mucho que la ropa aquí está bastante barata (teniendo en cuenta además que a los precios que marcan hay que dividirlos por 1,557 para pasarlos a euros).
Tras el súper proseguimos camino, intentando seguir en todo momento la Ruta 66, o lo que queda de ella (muchos tramos de la misma han desaparecido).
Cuando circulábamos por ella (todavía en el estado de Illinois) paramos en un pequeño museo que vimos al lado de la carretera (Henry’s Rabbit Ranch), pero estaba cerrado, no sabemos por qué. Una pena, pues tenía muy buena pinta...
De esta manera seguimos con la ruta y, poco después, entramos en el estado de Missouri y, al rato, llegamos a San Luis (Saint Louis).
Previamente a llegar a San Luis habíamos podido observar con entusiasmo cómo el termómetro con la temperatura exterior que tiene el Cañonero marcaba 41º (¡¡¡bieeeeeen!!!).
Aparcamos el Cañonero en la 10ª avenida de San Luis y nos fuimos a un parque con nuestras compras (bocatas, frutas, yogures…) y nos dimos un festín. Los bocadillos no nos hizo falta calentarlos, pues para eso ya estaba el ambiente (40º).
En plenos horrores digestivos nos pusimos a visitar la ciudad. Que visitar la ciudad quiere decir visitar su impresionante arco metálico.
Se trata de un arco de casi 200 metros de altura y los mismos metros de cuerda (la separación entre sus “patas”).
Lo anterior, combinado con la esbeltez que tiene, hace que el arco resulte impresionante, especialmente visto desde cerca.
Aunque lo debió diseñar un arquitecto (coleccionista de medallas y honores, ¡faltaría más! ¡qué injusto es este negocio!), se trata de una obra de ingeniería espectacular, como siempre pasa en estos casos.
Y esta reflexión me conduce a otra que debéis tener siempre muy presente: Un arquitecto tiene que ir siempre bien vestido porque en cualquier momento y en cualquier lugar se le puede hacer un homenaje.
A mí me encantó el arco, quizás porque no me lo esperaba tan espectacular y/o quizás por defecto profesional (en un museo que hay debajo del mismo explica cómo lo construyeron, y es la mar de interesante…).
El arco simboliza la “Puerta del Oeste”, que es como se conoce a San Luis. Y es que era la ciudad en la que comenzaban las aventuras antaño para todos aquellos que se dirigían al oeste del país para buscar fortuna.
Comentar también de San Luis otro atractivo de la misma, y es que en ella se juntan los ríos Mississippi y Missouri, para dar lugar a unos de los ríos más importantes del mundo. La vista del río a su paso por San Luis es interesante (tiene una anchura increíble, bastante más que el Ebro a su paso por Reinosa). Curiosamente, ese día bajaba con una crecida espectacular (bajaba marrón y con muchos arrastres de maderas…), de forma que algunas calles anexas al río estaban cortadas por la crecida. Aún así tuvimos valor para acercarnos y, como símbolo, tocar sus aguas.
Yo en San Luis las pasé putas con el calor, pero que mucho. Lo de ser de una zona fría te juega una mala pasada cuando llegas a un lugar con calor extremo.
En lo referente al grupo, por un error de coordinación interno vimos la ciudad separadamente. El subgrupo 1 lo constituyeron Edu-Carlos-Luis. El subgupo 2, los demás.
A eso de las 6 nos fuimos de San Luis.
Me quedé con las ganas de ver la fábrica de cervezas Budweiser (cerveza que se puede encontrar en España en muchos bares), que resulta que es la más grande del mundo. Habría estado bien. Pero el grupo quiso proseguir camino… Paramos en un pueblo llamado “Eureka”, aunque solo fuera por ese nombre. Estuvimos viéndolo en unos 40 segundos (tiempo más que suficiente para ver los pueblos de por aquí) y entramos a una especie de bar, con la intención de tomar una cerveza. Cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos venir a la que atendía aquello con 5 cartas, para cenar. “Mozuca, ¡¡¡que son las 7!!!”. Es lo que nos dieron ganas de decirla. Pero nos limitamos a decirle “¿Is posibol tu teik onli e bier?”. “Sure” dijo ella. Nos supieron a teta de novicia.
Proseguimos camino y, a la hora que Dios manda para cenar (9-10), paramos en un local al lado de la autopista (Miller’s Grill) para hacer o que nos habían ofrecido a hacer tres horas antes.
Cenamos y nos pusimos a buscar motel (que nos costó un ratillo porque eran un poco caros los de por allí) y al final encontramos el “Star Motel”, en Waynesville.
Negociamos con la chavala que atendía aquello un descuento en el precio e incluir el desayuno.
El día siguiente nos depararía una desagradable sorpresa en este sentido, pero eso ya os lo cuenta otro…
Por cierto, comentar de la Ruta 66 que lo que más llama la atención (hablo en 1ª persona, aunque creo que la sensación es general) es el simbolismo y la historia que desprende todo lo relacionado con ella. Por todos los pueblos por los que pasa, o pasaba, existe alguna mención a la misma. Muchos bares están decorados con símbolos o detalles de la ruta y hay muchos museos relacionados con ella a lo largo del recorrido. Al recorrerla sientes que es algo más que una carretera.
Desde el corazón de América, un campurrianu informó al mundo… ¡¡¡Viva Campoo!!! Besitos para ellas. Abracitos para ellos.
Ah. Que tu mama se recupere y que no lo pases mal.

lunes, agosto 04, 2008

Fotos

Times Square en New York

Vista dek Skyline de New York desde el ferry de Staten Island

Comienzo de la ruta 66 en Chicago

Tomando unas birras en un auténtico bar americano en Springfield (Illinois)

Los chicos del maíz. (Illinois)

Ruta 66 (Kansas)

Día 7: Goodbye Chicago

Hoy nos despedimos de Chicago. Nos hubiéramos quedado más, es una ciudad agradable y por la que es fácil moverse. Además ya teníamos localizado el Dunnkin’s Donnuts donde desayunar y la licorería donde… ver los partidos de baseball. Aunque esto ultimo lo hemos descubierto hoy, buscando un lugar donde tomar una cervezuca, después de una dura mañana de compras por la ciudad.
Nos ha resultado difícil dar con un sitio en el que poder tomar una cerveza sin mas, pero cuando hemos visto un local con aspecto de bar de Moe, nos hemos dicho aquí va a ser. Y efectivamente, hemos entrado en un bar que parecía un almacén de cerveza con expositor de botellas de licor. Y ahí hemos tomado nuestra cerveza mientras veíamos un partido de baseball, al mejor estilo americano y acordándonos de nuestros compañeros de viaje, porque como tenemos una responsabilidad con nuestra hoja de ruta, nos dividimos para optimizar el tiempo. Unos van a por el coche de alquiler y otros… nos quedamos de compras por la ciudad. Por cierto, que después de hacerlas y haber mirado en varios sitio, entramos en una tienda más. Mal, eso no hay que hacerlo nunca, porque en la tienda que entres después de hacer las compras, siempre encontraras lo que has comprado mas barato. Y si, resulta difícil disfrutar de una cerveza fría en un local con aire acondicionado, viendo un partido de baseball, mientras tus amigos esperan un coche que no llega, con 35 grados centígrados en la calle.
Al principio nos gusta que nos pidan el pasaporte antes de servirnos la birra. Siempre te sube el ego cuando te echan menos edad de la que tienes. De hecho es lo normal con lo bien que nos conservamos y lo guapos que estamos, eso dice mi abuela. Pero cuando preguntamos si realmente parecemos tan jóvenes, nos gusta que nos lo digan, nos corrige diciéndonos que por norma tiene que pedir identificación a todos los clientes.

Es difícil entender ciertas cosas y ver los contrastes entre el brillo de cristal y acero de los rascacielos y gente que busca un banco donde dormir y algo que llevarse a la boca. Aunque esto no es exclusivo de aquí, si que los contrastes son mayores.

Bueno vamos a pasar de estos comentarios y os sigo contando, lo del día. Los que han tenido que ir a por el coche, vuelven a buscarnos con uno prestado. Lo cual implica volver al concesionario a buscar el que realmente queríamos. No tardará, nos aseguran. Total que cuando hemos llegado al concesionario, nos ha llevado a ver el coche que nos van a dar en lugar del que habíamos pedido. Cuando lo hemos visto, nuestras caras han cambiado. Nos tendrían que haber hecho una foto en ese momento. Las bocas abiertas, los ojos desorbitados y el suelo del parking inundado. Nos han dado un NAVIGATOR, un LINCOLN NAVIGATOR.
Yo no se mucho de casi nada, y menos de coches, menos mal que mis compañeros de viaje me han corregido cuando les he preguntado si habíamos alquilado un autobús escolar. Esto es un trasto como el Cañonero de los Simpsons (gran referencia cultural a tener en cuenta). Después de hacer las fotos oportunas y trastear un rato, es imposible no hacerlo con juguetes nuevos, nos vamos a comer.
Sabemos que ahora empieza lo más duro, carretera y manta. Pero seguro que es una de las partes mas interesantes de este viaje y nos pasarán cantidad de cosas. Buenas, espero.
Conducir estos coches es de lo más aburrido y cuesta un poco dejar el pie izquierdo en el banquillo. El mío ha protestado varias veces y el resto de la tropa ha tenido que sufrir su espontaneidad.
Nos metemos por carreteras en las que parece que estamos en el saltamontes de fiestas del barrio. Con este trasto, nada tememos, aunque vemos que aquí, casi todos los coches son de este estilo y no digamos los camiones. Yo para ser feliz quiero un camión de estos. Deben de gastar más en el coche que en la casa, porque las casas se las lleva el viento.

Nos hemos ido a Sprinfield. Ese nombre nos resulta tan familiar ya desde antes de venir, que claro, hay que verlo, aunque los USA debe de estar infectado de pueblos con este mismo nombre. Hemos cenamos en Sammy’s, un bar del pueblo de Sprinfield. La gente, la música, la comida, todo, muy bien. Después cervecita, otra, con Blues en un bar de enfrente, el Floyd’s. Un tipo muy enrollado que nos pide el pasaporte para poder entrar en el local, al ver que somos españoles, nos hace una referencia a Fernando Torres y no se qué (imagino, mas que traduzco, es un problema que tengo con todos los idiomas) y hace la vista gorda con los que han olvidado su pasaporte en el coche. No hay nada como tener contactos (gracias Fernando). Una noche perfecta, aunque hemos tenido que sufrir los bailes sin sangre de algún rostro pálido. Como no somos quienes para dar clases, hemos pensado que con uno que haga el ridículo es suficiente. Él lo estaba pasando bien, y que coño, nosotros también con él. Hay gente auténtica, a veces demasiado.
Después de esta agradable velada, nos hemos ido a buscar un sitio donde dormir. Lo encontramos sobre las 1:00, en una carretera secundaria. A partir de ahora será siempre así. Unos días tardaremos más que otros en dar con un sitio donde meternos, pero no tendremos problemas, porque estas carreteras están llenas de moteles.

Mas adelante, más y mejor. Seguiremos informando.

Día 6: En Chicago

¿Que hay de nuevo amigos?

Un blog me mandan hacer violante
que en mi vida me he visto en tal aprieto…

Al grano.

Hoy hemos comenzado el día reponiendo fuerzas en un Dunkin’ Donut junto al hotel. Así no variamos la dieta rica en colesterol.
Con el estomago bien lleno nos hemos dirigido al Planetarium, que está situado al final de un muelle del lago Michigan. Desde allí se pueden observar unas magníficas vistas del skyline de Chicago. También hay un museo de Ciencias Naturales y el “Soldier Field”, el estadio donde juega el equipo de fútbol (americano) de Chicago (los “Bears”, de hecho la ciudad está llena de osos… tipos grandes, gordos y peludos).
Le pedimos a una rubia (dato no significativo) que nos hiciese una foto con los rascacielos de fondo. Cabíamos de sobra pero empezó a retroceder más y más y nos temimos lo peor… efectivamente, hizo una foto con un 25% de hierba de jardín, un 25% de hormigón del muelle, un 25% de nuestros cuerpos serranos pero enanos y el resto (otro 25%) de edificios y cielo. En la parte de la hierba se puede ver la bici de la chica posada sobre el césped. Parece que quiso que nos llevasemos un recuerdo de ella.

Desde allí cogimos uno de los buses turísticos que te llevan por la ciudad (GRATIS pero gratis de verdad, no como los autobuses y metros de algunas ciudades europeas, que son gratis si entras por la cara) hasta dar una vuelta casi completa. De hecho, el bus recorría el “Loop” una zona rectangular del downtown de Chicago (el centro del centro, vamos).
Desde una parada de este bus, hicimos un paseito hasta el Chinatown. La verdad es que no merece la pena visitarlo, no tiene nada que ver con el de Nueva York o San Francisco. Eso si, aprovechamos para comer (comida china, por supuesto) y nos ocurrieron un par de anécdotas.
Encontramos una oficina de correos e intentamos aprovechar para comprar sellos (no es fácil encontrar oficinas de correos, se esconden… sobre todo si las estás buscando, Ley de Murphy). Nos atendió un afro-americano (a partir de ahora simplemente negro) que nos preguntó de donde éramos. Le dijimos que de España y empezó a hablarnos de sitios… conocía Madrid y Barcelona (decía que había buena fiesta) y cuando le dijimos que éramos del norte también conocía Bilbao y nos dijo que entonces seríamos vascos… y que estábamos locos por querer hacer la ruta 66, no había nada hasta California.

También hablamos con un mexicano que hablaba a la velocidad de la luz. Intentó contarnos una película que había visto sobre España y una batalla naval contra los “inglaterros” (sic) en la que estos queman petróleo y nos hunden los barcos (¿¿¿???) y una reina que era lesbiana y otra mujer que era ninfómana… en fin, ninguno conocemos la peli, si podéis ayudarnos a saber de que peli se trata os lo agradeceríamos. No hay que descartar que fuese una peli porno.
Tomamos otro medio de transporte (en este caso el metro y pagando) para alejarnos de Chinatown y nos paramos a descansar un rato en Buckingham Fountain, en el Grant Park.

Desde allí fuimos a la torre Shears (el edificio más alto de los Estados Unidos y 2º del mundo) desde donde pudimos contemplar unas magníficas vistas nocturnas de la ciudad.
Por último, pillamos unas pizzas características de la ciudad, con la masa muy gorda, en un restaurante junto a la torre, el Giordano’s. Hay más Giordano’s (y otros similares) dispersos por la ciudad. Estaban cerrando y tuvimos que llevarnos las para comer fuera. Como hacía muy bueno nos las comimos en unas mesas de una plaza del centro, cerca de la zona de teatros de Chicago (similar a Broadway en Nueva York).

Y por fin al hotel a descansar, que mañana nos espera otro duro día de aventuras…

sábado, agosto 02, 2008

Día 5: De Nueva York a Chicago

Hoy toca traslado. Dejamos NY y nos dirigimos a Chicago. Nos marchamos de la Gran Manzana con la sensación general de que esperábamos algo más. No es que nos haya decepcionado pero quizá las expectativas fueran demasiado altas. No es una ciudad especialmente bonita, hay demasiada gente, ruido, coches, taxis, turistas, españoles, demasiados malos olores en algunas zonas que no esperábamos y que nos recuerdan a otro tipo de ciudades. Pero es una visita obligada, es como la capital del mundo. Hay muchas cosas que nos han impactado, pero sobre todo las vistas nocturnas de la ciudad, tanto las vistas del skyline de la zona sur de Manhatan desde Brooklyn, como Times Square de noche, como las impresionantes vistas desde la planta 86 del Empire State. Sólo por esto merece la pena la visita aunque hay muchos más.

Como digo nos marchamos hacia el aeropuerto de Newark situado en New Jersey, fuera del estado de Nueva York, en un suppershuttle. Allí, una vez más, no dejan de sorprendernos las exageradísimas medidas de seguridad. Esta vez incluso nos mandan descalzarnos y contemplamos como un anciano que viaja en silla de ruedas, es obligado a levantarse para pasar por el detector de metales y le tienen un buen rato de pie. En fin,.
Hasta ahora nos hemos encontrado con mucha gente que habla español (no digáis castellano porque no lo entenderían), lo cual nos ha facilitado las cosas. Me temo que a partir de ahora esto se complicará aunque espero que nuestro oído se vaya acostumbrando cada día más al inglés.

La visita a Chicago comienza bien. El hotel es un hotel como Dios manda a pesar de ser tan sólo de 2 estrellas. Muy lejos del hotelmasbienpensión de NY, aunque este último hizo su cometido. Estaba bastante limpio y se dormía de puta madre quizá debido a que llegábamos reventados todos los días.
Nada más llegar salimos a callejear y a tratar de aprovechar lo que nos quedaba del día. Casi de casualidad nos encontramos con el inicio de la Ruta 66. Desde aquí empezaremos nuestro viaje en coche el jueves hasta Los Ángeles. Llegamos al Millenium Park y nos encontramos con el Cloud Gate del arquitecto inglés de origen hindú Anish Kapoor. Se trata de una obra que por su forma la gente la conoce como The Bean, alubia en inglés. Es peculiar porque refleja todo lo de su alrededor. Así que nuestras cámaras echan humo, y la de César más. También hay muy cerca un auditorio al aire libre que por sus formas intuimos que es de Gehry y no nos equivocamos.
Continuamos paseando pero esta vez en los Trolley Bus, autobuses gratuitos que nos llevan a Navy Pier, una especie de centro de ocio americano situado en los muelles de la ciudad que no deja de ser como un centro comercial aunque su noria le da cierto encanto.
Terminamos el día subiendo al John Hancock Center, el tercer edificio más alto de la ciudad del que nos han dicho que tiene las mejores vistas y puede que así sea.
Volvemos al hotel por la Magnificent Mile con la intención de cenar previamente pero una tormenta nos obliga a entrar en el primer sitio que vemos que resulta que es un Mc Donalds. La amable camarera que nos atiende, que no se quita el polvorón de la boca mientras nos habla, nada más darnos la Mc Comida nos comunica que tenemos que salir, que ya es la hora de cierre. Así que no nos queda más remedio que refugiarnos a comer las hamburguesas en los soportales de un edificio junto a algunos homeless. Bonita manera de acabar el día.

Dia 4 en New York City

Lunes día 29 de julio.
Bueno, como el día va a ser largo y tenemos muchas cosas que ver, decidimos no perder el tiempo con el desayuno, así que cogemos algo de fruta en un puesto cercano al hotel, y en marcha. Empezamos atravesando el puente de Manhattan. Las vistas desde aquí son muy chulas, y es curioso comprobar el contraste que hay entre las zonas más deterioradas y los rascacielos. En cualquier caso, os advertimos de que éste es, probablemente, uno de los puentes más ruidosos del mundo, ya que por él circulan constantemente trenes, además de coches y camiones.
La vuelta a Manhattan la hacemos por el Puente Brooklyn, donde César (adicto a los puentes) hace como dos millones de fotos. Saliendo del puente nos dirigimos al Ayuntamiento, y desde allí, visita obligada a la famosa Wall Street, que me defrauda un poco, porque me esperaba una calle más grande, más ancha, más lujosa…
Seguimos nuestra ruta cogiendo el Ferry que va a Staten Island. El Ferry sale cada media hora y el trayecto dura 25 minutos, y aunque en Staten Island no parece que haya mucho que ver, os recomendamos cogerlo porque desde el mismo se pueden contemplar unas estupendas vistas de la ciudad y de la Estatua de la Libertad, y además ES GRATIS!! Una vez llegados a Staten Island, y habiendo comprobado nuestras impresiones acerca de el lugar, nos volvemos.


Como ya va siendo hora de comer, y en nuestro afán por integrarnos completamente, decidimos que hoy vamos a comer unos perritos calientes, como unos auténticos neoyorquinos. Así que vamos a un pequeño jardincillo llamado Bowling Green (cerca de Wall Street), y nos aposentamos allí. Después de comer, encendemos el ordenador para ver si hay wi-fi y ¡premio!, tenemos una estupenda conexión gratuita, así que César aprovecha para hablar a través del Skype en medio del parque sin micrófono ni nada, brindarnos una de las escenas más surrealistas del viaje, para nuestro deleite y sorpresa de los neoyorquinos que había por la zona (ver foto). Parece que se está achuchando con el ordenador…

Después de comer, nos dirigimos a la zona cero. Es un sitio que se intuye antes de verlo, porque según vas andando de repente notas un enorme vacío en una zona plagada de edificios, y cuando te acercas, allí está: las grúas, los obreros, las placas de recuerdo a las victimas… Desde el World Financial Center podéis ver toda la zona desde un punto elevado. Entre nosotros, caras serias y pensativas. No podemos evitar pensar en la gente tirándose desde las ventanas de las Torres Gemelas y en lo que debió sentir la gente que se encontraba allí ese día.
Pero bueno, nosotros debemos seguir la ruta, así que nos sobreponemos y cogemos el camino hacia nuestro próximo destino: el mítico Empire State. Nosotros decidimos visitarlo a la hora de anochecer, para ver desde arriba la puesta de sol. Como ya habíamos cogido las entradas por internet, nos ahorramos esa cola, pero la que hay que hacer para pasar el control de seguridad es inevitable. A pesar de las enormes medidas de seguridad, conseguimos despistar al segurata, diciéndole que lo que pita es el trípode de la cámara, y con semejante argucia conseguimos pasar con 5 tenedores de plástico, una cucharita y una navaja multiusos. Armados hasta los dientes con semejante arsenal, estuvimos pensando un rato si asaltar o no el edificio. Al final decidimos que no, porque teníamos hambre y queríamos cenar pronto, y si nos entretenemos con asaltos a rascacielos no cenamos ni para las mil. Aun así, nos dan ganas de usar los tenedores de plástico con las yugulares de unos italianos que se nos quieren colar.
Total, que entre una cosa y otra tardamos una hora en subir hasta arriba, así que tenedlo en cuenta para hacer vuestros cálculos horarios.
Después de la visita al Empire State nos vamos a cenar, y dada la hora que es, lo cansados que estamos y el madrugón que nos espera al día siguiente, decidimos suspender nuestros planes de volver a Harlem para escuchar jazz en vivo. Una pena, pero así ya tenemos excusa para volver otro año…