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lunes, septiembre 01, 2008

Día 17: Beatty-Porterville (California)

LEAVING LAS VEGAS



Salimos del motel Death Valley, en Beatty, a las 11:00 de la mañana. Un poco tarde, pero el día de ayer fue intenso y aprovechamos hasta tarde.
Bueno, ya podemos decir que hemos dormido en el desierto. No ha resultado tan duro. Se nota que estamos hechos de otra pasta.

Hemos pasado por el punto de información turística de Beatty, pero lo hemos encontramos cerrado. Así que sin consejos acerca de cómo atravesar este desierto, nos hemos preparado por nuestra cuenta poniendo en práctica nuestros conocimientos de supervivencia. Como no nos decidimos entre camellos o mulas, optamos por seguir en el cañonero.

Seguimos sin cobertura, así que nos resulta imposible ponernos en contacto con la gente que queremos. Tenedlo en cuenta, que luego hay malos rollos con eso de “no me llamas nunca” y “no te acuerdas de mi”. Es mejor poner sobre aviso a quienes acostumbréis a llamar. Y después del desierto vienen los parques naturales y pasara más de lo mismo.

Nos hemos metido en el desierto y bueno, como describir lo que vemos… esto es inmenso y esta lleno de… nada. Vale, tierra seca, mucha caló y las plantas normales de estos lugares, pero no vemos el típico cactus de las pelis. Tal vez estén en Almería.

Hemos hecho un descanso en el desierto. Por llamarlo de alguna manera, porque el termómetro marca 113º F, que vienen a ser 45º C.


Nos hemos parado en Stovepipe Wells, no se puede decir que sea un pueblo. Vemos dos tiendas, un salón, un restaurante, una gasolinera y creo que un… ¿motel?

Os preguntareis ¿a quien se le ocurre montar en mitad del desierto, este chiringuito? Pues os contestamos. A alguien con mucha visión de negocio. La hostia con el oasis en mitad del desierto, seguro que es más rentable que Las Vegas.

Mejor que no os pille necesitados de gasolina. ¿Y la tienda? En el poco rato que estuvimos allí, no paraba de pasar gente por la caja. Nosotros incluidos, of course. Hay momentos en los que el aire acondicionado es un reclamo demasiado fuerte.

En marcha de nuevo hasta Lone Pine, donde nos paramos a comer. Entramos en el “The Mt. Whitney Restaurant” que esta en la carretera principal de entrada al pueblo. Salimos contentos tanto por el trato recibido, como por la comida. Una de las chica que trabaja aquí, habla español, así que por respeto a ella, por unos instantes volvemos a nuestra lengua materna incluso para hablar entre nosotros.

Después de comer, completamos lo que nos queda del Death Valley, para poner rumbo hacia el parque de las Sequoias.
Por cierto, sabíais que… ¿el Death Valley es el segundo parque natural más grande de EEUU, después de Alaska? Pues os digo mas, en él se encuentra la cota mas baja de América del Norte y el pico mas alto de EEUU. De lo que se entera uno cuando lee, eh?
Hemos pasado al estado de California y se va notando en el paisaje. La tierra empieza a tomar otro color y donde antes veíamos arbustos y tierra seca, ahora vemos árboles y arroyos. Es sorprendente este cambio tan acentuado en el paisaje.


La noche nos ha atrapado en el coche y hemos sido testigos de un accidente protagonizado por una vaca parda, por ser de noche. Parece que los ocupantes del coche se encuentran bien y el único que ha resultado herido, ha sido el animal. Después de un intento de envestida, sin daños, el cowboy nos dice que podemos avanzar, pero que lo hagamos despacio para no asustar mas al animal y por el coche que se encuentra siniestrado delante nuestro. Buff, que mal rato.

Hemos llegado a Porterville y hemos pensado que lo mejor a estas horas es pasar por un supermercado y hacer compras para cenar hoy, y desayunar mañana. Así ahorramos tiempo y dólares.
Un día tranquilo, de no ser por el accidente. Hoy nos quedamos a dormir aquí, en Porterville. Buenas noches y buena suerte

Día 16: Boulder City- Las Vegas- Beatty (Nevada)


En anteriores capítulos de “Lost” (in the USA):

Cinco intrépidos jóvenes viajan de una punta a otra de los Eh, Eh, Uh, Uh en un cañonerou. Pero el camino está lleno de peligros que hay que sortear… por ejemplo,
- ¿Qué clase de grifo tendrá el motel de esta noche? ¿Me helaré con agua fría hasta que logre descifrar como sale la caliente?
- ¿Qué tipo de taza habrá en el water? ¿Las de absorción (normal) o las de abducción (que arrastran todo al hiper-espacio con una velocidad tres veces superior a la de la luz)?
- ¿Qué diferencia hay entre un Hotel y un Motel? Aparte de la H y la M.

Las últimas noticias sobre ellos les situaban en un Hotel-Casino de Boulder City (Nevada), después de no haber podido realizar su tan ansiada excursión en helicóptero sobre el Gran Cañón…


Bueno, ya hemos abandonado la ruta 66 de manera definitiva, lo que no vamos a dejar es la ruta del colesterol.
Parece que hoy nadie ha despertado a nadie erróneamente. Aún así, Carlos persiste en sus problemas… hoy no le ha sonado el móvil/despertador.

Tras haber encontrado ese increíble hotel de Boulder City (a precio de motel) nos disponemos a desayunar en el mismo. Problema, entre pedir y que nos sirvan tardan más de 50 minutos. Nosotros nos lo engullimos en menos de 10 minutos. Por primera vez no ponemos ni un céntimo de propina.
Y por fin llegamos a Las Vegas, antro de perdición. Una ciudad llena de hoteles/casinos que por dentro son como parques de atracciones. Lo primero que nos sorprende al llegar es que vemos varias capillas para casarse. Bueno, eso lo conoce todo el mundo. Lo que no sabíamos es que también hay capillas “drive-trhu”, es decir, que te puedes casar desde el coche (romántico, ¿eh? Podría dar para la letra de una canción de Mana o La Oreja de Van Gogh). Yo me pregunto… ¿quién ordena a los sacerdotes que celebran estas bodas? ¿Carlos Jesús? ¿El padre Apeles?...

Las Vegas es una ciudad grande en medio de un desierto. ¿De dónde sacan el agua? Es un misterio. Ya en Galena (Kansas) le preguntamos a Rafa (camarero del restaurante de comida mexicana “Mi torito”, sito en la susodicha ciudad) y nos miró con cara rara (como pensando, de dónde vendrán estos pobres hombres). Nos comentó que “aquí” el agua sale por el grifo todo el año y que no sabe el origen.
El meollo de la ciudad se encuentra en Las vegas Boulevard (también conocido como “The Strip”) una calle muy larga en la que se encuentran gigantescos hoteles que también albergan casinos en su interior. En realidad, podría decirse que son como parques de atracciones o temáticos, que sirven para atraer a los jugadores (o turistas).
Por poner algún ejemplo, el “Luxor” es una pirámide y dentro está ambientado estilo antiguo Egipto; el “Paris-Las Vegas” tiene una reproducción de la torre Eiffel, del Arco del Triunfo y por dentro, el techo está pintado el cielo con nubecitas… ¡parece que es de día permanentemente!; el “Venetian” es parecido. Por dentro hay un canal con góndolas (y gondoleros) incluidas.
Así podría contaros de unos cuantos…

Este día hemos variado la táctica de ataque a la ciudad. Como es muy fácil no perderse (es ir recorriendo una calle) nos damos una hora y quedamos a la entrada de uno de los hoteles pero la visita la hacemos cada uno a nuestro ritmo. Luego comida y a la tarde seguimos igual, esta vez nos damos dos horas y media.
Comimos en el “Harley Davidson Café”, muy chulo. Decorado con motos y con unas camareras de escándalo. No sé que las dan de comer…
Nos pegan un buen puyazo y, por segunda vez en el viaje (que yo recuerde), nos incluyen la propina en la cuenta sin consultar (un 17%...). No me parece justo. Tendríamos que ser nosotros quienes decidamos en función del servicio.

Por cierto, estamos los cinco de acuerdo en que hemos visto cantidad de jamelgas por Las Vegas. Como todo el mundo sabe, los seres inertes y la mayoría de los seres vivos tienen tres dimensiones, exceptuando a la vaca que tiene 6 (delante, detrás, Izquierda, derecha, arriba y abajo y las mujeres que tienen cuatro. Pues bien, en Las Vegas, las mujeres tienen muy desarrollada la cuarta dimensión.
Da la impresión que aquí se puede pillar fijo (basta intentarlo).

Tras la quedada en el punto de encuentro de la tarde vemos alguno de los hoteles juntos (el “Venetian”). Decidimos que ya que estamos en Las vegas hay que apostar algo, ¿no?
El resultado fue el siguiente:
* César se encuentra un cuarto de dólar.
* Carlos echa 1 USA $ en las tragaperras con escaso éxito.
* Entre todos nos jugamos 20 USA $ en la ruleta. Repartimos las fichas y… mierda, sale el 2. ¿Cómo vamos a proseguir ahora el viaje si todos nuestros ahorros se han ido al carajo?
Afortunadamente, en nuestra mesa solo estábamos nosotros y el “crupier” (o como se llame la persona que atiende a la ruleta). Por cierto, era igualito que “el chino Kudeiro”.
Curiosamente, para poder jugar les pidió la identificación a Carlos y Miguel (no debía fiarse que fuesen mayores de edad) cuando son los más veteranos de nosotros.

Entre pitos y flautas salimos de las Vegas a eso de las 11:30 p.m. con dirección a Pahrump (es difícil de escribir pero más difícil es de pronunciar) y con idea de dormir allí. Después de lo de la noche anterior hemos preguntado en varios hoteles de Las Vegas a ver si hay algún chollo… pero nada. Todos completos (y son mega hoteles) salvo uno y cuesta 341 $ la habitación. Con lo que hemos perdido en las apuestas no nos lo podemos permitir.
Increíblemente, en Pahrump tampoco encontramos un motel con habitaciones libres, así que decidimos seguir camino hacia nuestro siguiente destino (Death Valley Nacional Park) y rezar para encontrar algún pueblo con moteles con plazas libres…
Todo lo que nos vamos encontrando esta cerrado.
Llegamos a un pueblo (Beatty, Nevada) que parece tener varias opciones. El primer motel está cerrado por obras. Probamos en el siguiente y justo cuando vamos a entrar se nos adelanta un coche… y cogen las tres habitaciones que quedaban libres. ¡Que mala pata!
En el siguiente motel nos dicen que tampoco tienen plazas pero nos ven tan desesperados (son casi las tres de la noche) que la chica de la recepción hace una llamada para ver si nos pueden dar 2 habitaciones en el motel del pueblo que estaba en obras. Bajo nuestra responsabilidad si pasa algo, nos dan las dos habitaciones. ¡Menos mal! Hay que ver el lado positivo, hemos hecho de noche el trayecto que habríamos tenido que hacer por la mañana. Podemos levantarnos un poco más tarde de lo habitual.

Y así termina la historia del día. Lo que suceda a partir de mañana nadie lo sabe.

domingo, agosto 31, 2008

Día 15: Flagstaff- Grand Cannyon-Boulder City (Nevada)

Era uno de los días más esperados. Nos esperaba el paseo en helicóptero por encima del Gran Cañón del Colorado. El vuelo lo habíamos reservado en el aeropuerto el día anterior en el aeropuerto, que queda un poco antes de la entrada sur del parque. Igual deberíamos haberlo reservado antes porque no había hasta las 14.00h y lo queríamos a primera hora. Pero bueno, así aprovechamos para visitar otro rato más el Gran Cañón.

Esta vez fuimos al Desert View que queda al este del Parque. Para ello nos levantamos temprano, una vez más. Carlos siguió con sus problemas con la alarma del móvil. Esta vez no le sonó. El dijo que lo había dejado bien puesto. Ya, claro.
Una vez allí, Después de las fotos de rigor en las que se veía el Río Colorado más cerca que desde los miradores del día anterior, nos dispusimos a realizar una foto completa con los 5 fantásticos. Para ello un miembro del grupo les dijo a 2 chiquillas que teníamos al lado, y que hablaban medio en catalán medio en castellano, a ver si estas 2 chicas tan guapas y tan españolas lo podían hacer. La foto la sacaron pero no pusieron buena cara. Que conste que no lo hicimos con mala intención.

El tiempo se nos había echado encima. Debíamos volver al aeropuerto rápidamente. Así que al conductor, cuyo nombre omitiré, no le quedó más remedio que saltarse todos los límites de velocidad posibles y efectuar unos cuantos adelantamientos temerarios. Ni aún así llegamos a tiempo. De todas formas no nos valió de nada. Ya al llegar y ver todos los helicópteros en tierra nos temimos lo peor. Era un día con bastante viento y estaba nublado. Efectivamente no estaban saliendo los vuelos.
Fue un bajón tremendo. Era una de las cosas más atráctivas que habíamos planeado para nuestras vacaciones, sino la que más. Se juntaba el vuelo en helicóptero, que ya solo es suficientemente atractivo, con hacerlo sobre el Gran Cañón.

No había solución. Asi que nos tuvimos que ir a comer unos tristes sándwiches de mortadela y salami que habíamos comprado en un Walmart y que en otras condiciones nos hubieran sabido a gloria. Además justo empezó una tormenta, así que decidimos largarnos del Gran Cañón rumbo a Las Vegas donde podríamos matar nuestras penas jugándonos el dinero que nos habíamos ahorrado con la suspensión del vuelo.

Nos estuvo siguiendo la tormenta prácticamente toda la tarde. En algún punto intentamos coger algún rayo con nuestras cámaras y alguno lo consiguió. También vimos algún arcoiris.

Pasamos por pueblos como Seligman y Kingman. El primero mucho más pequeño y coqueto con todos los establecimientos de la Main Street haciendo alguna mención a la ruta 66. Es una parada obligatoria de todos aquellos que quieran seguir la ruta. El segundo en cambio es un pueblo más grandote y no tiene tanto encanto. También tiene un museo de la ruta 66 al que llegamos cuando estaba cerrado una vez más.

Como anécdota decir que al llegar a Kingman un vagabundo nos recibió preguntándonos si eramos franceses, enemigos de EEUU. Parece que desde la guerra de Irak no tienen mucho aprecio a los franceses por aquí.

Después de tomar unas frescas birras en un tugurio local retomamos el coche. Aquí abandonamos la ruta 66 que nos ha acompañado desde Chicago (que lejos suena ya). Nos vamos dirección Las Vegas y luego seguiremos hacia el norte dirección San Francisco. Trataremos de llegar al final de la ruta 66 en Santa Monica cuando nos acerquemos a Los Ángeles.
Ya de noche pasamos por la presa Hoover que sirve de frontera para llegar al estado de Nevada. Si de noche ya nos parece espectacular de día debe serlo mucho más. De una simple presa también tratan de hacer negocio, pues había carteles de visitas guiadas por la presa, tiendas y demás.

Buscamos alojamiento y lo encontramos en el Hotel-Casino Hacienda en Boulder City, a unas 30 millas de Las Vegas. Nos sorprendió con sus precios bajos, más barato que algunos moteles, y el hotel estaba muy bien. Allí que nos quedamos y así pudimos tener una primera toma de contacto con las máquinas, el poker, las ruletas, el blackjack, etc. Fue sólo un aperitivo de lo que nos esperaba al día siguiente.

sábado, agosto 30, 2008

Día 14: Flagstaff- Grand Canyon-Flagstaff

El Gran Cañón o viviendo peligrosamente.

Flagstaff, hora indeterminada de la mañana. Algo me despierta. Abro los ojos y veo a César dándole golpes a mi teléfono móvil. Le pregunto que qué hace y me mira con cara de asesino. Al cabo de un rato descubro que con los tapones no he oído el despertador y parece que ha estado sonando un buen rato… Bueno, tampoco es para ponerse así. Me levanto y voy a ducharme. Una vez en el baño miro el reloj: las 5:15 am. Lo vuelvo a mirar. Siguen siendo las 5:15 am. Vaya bazofia de reloj que me he comprado en el Walmart, menos de una semana y ya funciona mal. Es curioso que con la hora que es esté todo tan oscuro… ¡¿Oscuro?! Ay Dios, que creo que he metido la pata. He puesto el despertador del móvil sin acordarme de cambiar la hora (en Arizona es una hora menos). Bueno, hay dos buenas noticias: el reloj del Walmart funciona bien, y tengo una hora más para dormir, así que me voy a la camita.

Flagstaff 6:15 am. Ahora sí, arriba. César sigue con cara de asesino. No entiendo por qué, si sólo ha sido un pequeño despiste sin importancia...
Bueno, al grano. Desde Flagstaff al Gran Cañón hay más de 80 millas, así que tenemos un ratillo de coche. La entrada al Parque son 25 dólares por vehículo. Pensábamos que además teníamos que pagar por persona, pero por suerte no es así. Es curioso, pero la entrada al parque nos va a costar la tercera parte de lo que nos costó ayer la entrada al Meteor Crater, y os aseguro que entre uno y otro, no hay comparación posible. El Gran Cañón es sencillamente impresionante: inmenso, con un colorido y unas formas increíbles.

Cuando entramos al Parque nos damos cuenta de que si al día siguiente queremos coger la excursión en helicóptero sería mejor reservarlo ya, así que dos de nosotros nos acercamos al aeropuerto para hacer la reserva.

Dentro del parque te puedes mover en coche, aunque por zonas limitadas, o en unos autobuses que son gratuitos. El plan que tenemos es ver el Cañón desde varios de los puntos con vistas panorámicas, luego hacer una excusioncilla a pie por la garganta Bright Angel (algo suavecito, no os penséis), y luego coger un autobús hacia la zona oeste, concretamente a Hopi Point, para ver desde allí la puesta de sol.

Lo de la excursión al final se queda en un paseo, ya que cuando llevábamos un ratillo bajando empieza a llover bastante (ya nos había advertido una amable guarda del Parque que probablemente iba a haber tormenta). Nos resguardamos como podemos en un recodo del camino y esperamos a que pase. De repente se oye un ruido sobre nuestras cabezas y tenemos el tiempo justo para apartarnos antes de que caiga una piedra de tamaño bastante respetable justo en el sitio en el que hacía unos segundos habíamos estado haciendo unas fotos. La verdad es que acojona un poquillo, así que entre eso y que el camino está ya impracticable, optamos por regresar al punto de salida.

Y lo de ir a ver la puesta de sol al Hopi Point también ha tenido su historia. Para empezar, la carretera está en obras, así que optamos por ir andando. En ello estamos cuando vemos un cartel con letras enormes y colores llamativos que dice algo así como “NO CAR OR PEDERASTRIANS ALLOWED. KEEP OUT”. Como nuestro inglés es muy avanzado entendemos perfectamente lo que quiere decir: “NO SE PERMITEN COCHES NI PEDERASTAS. LOS DEMÁS, P’ALANTE”. Así que p’adelante.

Al cabo de un buen rato de avanzar sin ver un alma nos barruntamos que quizás el cartel no quería decir lo que imaginamos, y que tal vez los guardas del Parque no vean con buenos ojos nuestra presencia allí, así que decidimos tener preparada una buena excusa, por si es menester.
De todas las estupendas ideas que surgen de la brainstorming, la más votada es la de Miguel y que consiste en convencerle al guarda de que después de lo Pearl Harbor, no queríamos tener que ver el atardecer rodeados de japoneses, y que por eso nos hemos salido del camino. Esperemos que se lo traguen…

El caso es que andando, andando, llegamos por fin al Hopi Point sin atisbar espécimen humano alguno. Cuando ya va a ponerse el sol, y estamos todo confiados, oímos a nuestras espaldas acercarse un coche que se para, una puerta que se cierra, unos pasos que se acercan. Cuando ya nos imaginamos a un guarda echándonos una bronca enorme, apareció un tipo que resulta ser un almeriense que está de voluntario en el Parque. El caso es que el tío se porta bien y ni siquiera nos pregunta qué hacemos allí.
Pasado el susto nos dedicamos a disfrutar de la puesta de sol. Ya sé que me repito, pero sólo sé calificarla de impresionante. Según se va escondiendo el sol, el Cañón se va tiñendo de rojo poco a poco, oscureciéndose y difuminando sus formas. Lástima que hay un poquillo de brumilla.

Pero volvamos a la realidad, porque ahora hay que regresar hasta al coche, que está a un buen rato andando, y sin apenas luz, y para colmo tenemos que evitar los coches de los guardas que pasan por allí. Cuando por fin llegamos al Cañonero ya es completamente de noche, y aún tenemos que cenar y encontrar donde dormir. Cenamos algo rápido en una pizzería de Tusayan, por cierto bastante cara y que a alguno le ha hecho estar toda la noche bebiendo agua. Lo de encontrar sitio para dormir se complica y al final tenemos que volver hasta Flagstaff, al motel de la noche anterior. Y así termina nuestro primer día en el Gran Cañón, en el que, por cierto, hicimos una amiga, como se ve en la foto siguiente.

Día 13: Grant- Flagstaff (Arizona)

PASO DE NUEVO MEJICO A ARIZONA O "LA MENTIRA DEL METEORITO"
El día no prometía mucho, la verdad, metidos en el Nuevo Méjico profundo para pasar a la Arizona profunda. Desierto, calor, sed, polvo (suciedad… so pillastres).
Sin embargo, haciendo ahora un balance del mismo, puedo concluir con que fue a resultar un día la mar de interesante, el cual paso a comentar.
A pesar de ello, si yo me llamase Yorch Lucas le hubiese titulado al día “La mentira del Meteorito”, como podréis comprender más adelante.
8:30 de la mañana, sonó el puto móvil-despertador. Qué momento más duro.
Lo primero, nada más despertar y tomar conciencia de la nueva realidad, a comprobar que nuestros cuerpos habían sido respetados. Y me voy a explicar, cosa conveniente teniendo en cuenta que conviviendo y durmiendo juntos los cinco durante 3 semanas se pueden llegar a coger grandes confianzas que, en condiciones normales, son impensables y que, el que lee esto, rápidamente puede imaginar, maliciosamente, eso sí.
La explicación es que desde que llegamos la noche anterior a la habitación del motel hasta que nos acostamos, matamos en ella más de diez mosquitos. Algunos de ellos en plena faena chupatil. Los cabrones se ponían en la puerta por fuera y, cuando la abrías, entraban para dentro. No son listos ni na los muy pequeñicos.
Yo me acojoné bastante, porque soy incapaz de dormir sabiendo que hay un bicho alrededor que quiere chuparme (…), sea cual sea. Y es que el que escribe tiene un gran problema con estos pequeños animalillos (mosquitos, pulgas… y demás fauna parásita). Debe de ser que tengo una sangre exquisita.
Así que, por si había quedao alguno vivo, decidí recurrir a viejas tácticas de supervivencia en estas guerras. Una táctica para evitar que te piquen los mosquitos es que el ambiente esté fresco, para así no destaparte con el calor (hace frío, asín que te tapas bien) y asín no te pican los mosquitos, pues no disponen de pista de aterrizaje/despegue.
De esta manera, le propuse a Edu (mi compañero de rum esa nait) poner el aire acondicionado de la habitación a tope durante toda la noche. Asín, a lo sumo, nos chuparían en la cara, pero no en las paturrias ni en los estómagos repletos de comidas basura.
Por la mañana, al despertar, nos examinamos y pudimos comprobar, con entusiasmo y alborozo, que nuestros cuerpos habían sido respetados, tanto por los mosquitos como por el ser humano que dormía a escasos decímetros de la presunta víctima (nosotros). Por lo primero el alivio fue grande. Por lo segundo indescriptible.
Tras ello, la rutina de ducha-vestirse-recoger-ponerse en marcha.
Guió el Cañonero Míguel. Como ha hecho alguno de mis compañeros de viaje, yo me sumo a agradecerle que ese día no tendiese a pisar el inexistente embrague del Cañonero cada vez que tenía que detenerlo por cualquier motivo. Nuestros cuellos le están eternamente agradecidos por ello y olvidan sin rencor los latigazos del pasado como consecuencia de las consecuentes paradas bruscas.
Ese día desayunamos en el Cañonero, mientras viajábamos hacia Arizona. El desayuno consistió en lo que bien podría ser el “oficial brecfast” de nuestro viaje: un plátano, un yogur líquido y, para los ansiosos, un zumo de naranja. La verdad es que el Cañonero da un juego enorme, pues desayunas en él como un señor. Los manjares los habíamos comprado la noche anterior en un súper mejicano (la mar de peculiar).
El paisaje, continuando con la planicie y la aridez, empezó a vislumbrar alguna montaña, cosa que no había sucedido hasta entonces a pesar de los muchos km. (aquí como son muy suyos los llaman millas) recorridos hasta entonces.
Nos sorprendió ver multitud de trenes de mercancías que circulaban por la llanura en sentido contrario al nuestro (de oeste a este). Además del número nos llamó la atención la cantidad de vagones de cada uno de ellos (más de cien). No calculo las toneladas de mercancías en vagones que nos pudimos cruzar aquel día. Estos tíos son un poco animales para todo. Cada tren lo remolcaban hasta cuatro máquinas.
A media mañana llegamos a un pueblillo de Nuevo Méjico llamado Gallup, en plena Ruta 66. La guía que había comprado para el viaje lo recomendaba, por tener muchas tiendas de artesanía y demás cosas indias.
Lo primero, siguiendo a rajatabla el protocolo del buen turista, fuimos al punto de información (Gallup Cultural Center). Un indígena (es decir, un indio, descendiente de los que había allí antes de que llegaran los ingleses a darles caña…) nos atendió y se afanó en ofrecernos multitud de cosas para ver (calles, museos…), entre ellas un festival intercultural que empezaba aquel día.
Dimos una vueltilla por el pueblo, con un calor bastante majo (treinta y muchos).
En muchas paredes del centro había dibujados murales de gran tamaño, y chulos. En la foto adjunta podéis ver uno.
Tal y como comentaba la guía, pudimos ver muchas tiendas de artesanía indígena.
El pueblo me gustó mucho. Merece la pena pasar por él.
Me sorprendió muchísimo que una buena parte de su población fuera indígena. Es como si fuese un pueblo que mantuviese las generaciones de los indios que poblaron aquellas tierras antes de que llegaran los hijos de la gran… bretaña. Solo que ahora los indios, en vez de ir montados en un caballo iban sobre un montón apretujados en el motor de una potente rancheras o de un deportivo.
Un poco antes de las 12 de la mañana nos fuimos de Gallup.
Y enseguida pasamos a Arizona, séptimo Estado de la Ruta 66 y noveno de nuestro viaje.
En la hoja de ruta planeada por Edu antes del viaje estaba el visitar el “Petrified Forest Nacional Park”, del cual no había oído hablar en la vida.
El parque resultó ser sorprendente, positivamente.
Se trata de una zona de pequeñas montañas de colores muy diferentes y formas curiosas.
El nombre (bosque petrificado) le viene porque hay un montón de troncos que, por un rollo geológico, se han petrificado y ahora son rocas (pero no te das cuenta de ello hasta que estás muy cerca, pues de lejos parecen troncos de madera).
Comentar que antes de entrar al parque tuvimos que decirles a los guardas del mismo, a su requerimiento, que no llevábamos con nosotros ningún fósil ni ningún mineral. Esto venía para controlar el que no nos llevásemos del parque ninguno de estos troncos petrificados, lo cual estaba prohibido, como nos dejaron muy claro a la entrada (si decíamos a la entrada que no teníamos nada con nosotros, nada teníamos que tener a la salida).
Insisto en que el parque merece mucho la pena. A mí me encantó, en parte porque fue una sorpresa que no me esperaba. Lo malo, como ya era habitual, el calor que nos hizo.
Se nos hizo un poco tarde para comer… y nos temimos lo peor. Pero al final se apiadaron de nosotros en “Mr. Maestas”, en Holbrook. Claro que esa misericordia la cobraron con creces después al autoajudicarse un 15% de propina (aquí lo hacen en algunos sitios), que el grupo decidió no discutir. Comimos la que es la comida oficial de nuestro viaje y del país en sí: hamburguesaza y patatas fritas. Homenaje al colesterol.
Tras la comida cogimos ruta hacia Flagstaff, pueblo lanzadera hacia el Gran Cañón, que visitaríamos los dos días siguientes.
De camino paramos en el “Wigwam Motel” que es curioso porque las habitaciones se encuentran dentro de tiendas de campaña que simulan a las de los indios. Así el motel parece un poblado indio, de los de las películas. Además, delante de cada tienda hay un coche antiguo de los que les gustan aquí (Cadillac por ejemplo). Me quedé con las ganas de saber lo que costaba una habitación. De todos modos, aparte de la tontería de decir que has dormido en un poblado indio (es un decir), las habitaciones no parecían muy cómodas.
Seguimos ruta y de camino nos salimos de la carretera para ir al “Meteor Crater Natural Landmark”. Se trata de un boquete gigantesco que hay en mitad de la llanura (aquí las llanuras son llanuras, es decir, mires a donde mires no se ve ni un minúsculo montículo) y que produjo hace ya unos cuantos años (fijaos que de aquella todavía no había nacido Fraga) un meteorito que chocó a mucha velocidad contra la Tierra.
El cráter estaba a unas cuantas millas de la autopista, que tardamos un ratillo en recorrer.
Al llegar pudimos comprobar, una vez más, lo buenos que son los norteamericanos para el tema de montar un negocio y sacar los cuartos al prójimo.
En este caso el gancho, aparte del propio cráter, es el “ya que hemos llegado hasta aquí entramos ¿no?”. Los cabrones se sirven de eso para cobrarte 15$ por barba. Este precio resulta abusivo, teniendo en cuenta lo que vimos detrás de aquellas puertas y teniendo en cuenta que hemos pagado mucho menos por ver Parques Naturales que le dan millones de vueltas a esto (Gran Cañón, Yosemite…).
Así que nos miramos y nos dijimos “ya que hemos llegado hasta aquí entramos ¿no?” y sucumbimos. “75$ plis” nos dijo el de la ventanilla.
Dentro hay un cráter gigantesco (que llama la atención, pues es muy ancho y muy profundo).

También hay una especie de museo relacionado con los meteoritos, con los planetas… que no es más que un pretexto que le ponen para justificar que te han cobrado esa pastísima para entrar. Lo único interesante que tenía es un aparato con el que podías hacer una simulación del choque de un meteorito (podías elegir su masa, su velocidad…) contra un planeta (yo elegí la Tierra).
También hay unos WC en los que alguno aprovechamos para soltar un meteorito que nada tuvo que envidiar al que había originado aquel emporio mucho tiempo atrás.
Una cara tienda, en la que no nos compramos nada, completaba el compendio.
El cráter tenía dos miradores, desde los cuales nos hicimos las obligadas fotucas al grito enérgico de “¡¡¡meteoritorrr, meteoritorrr, meteoritorrr….!!!”, el cual hizo que los otros visitantes nos mirasen un tanto flipaos. Como he comentado, se supone que ese boquete gigantesco lo produjo un meteorito que desde la aurora interestelar chocó contra el planeta Tierra, que es en el que vivimos. Esto dio lugar a otro de los grandes debates del viaje. Y es que a alguno de nosotros, entre los que me incluyo, toda la historia esta del meteo no se qué nos suena un poco a película. Yo me decanto más porque aquello ha sido excavado por los americanos para atraer y sacar los cuartos (75 cuartos, o más bien enteros, exactamente) a cinco gilipollas como nosotros.
Ya oscureciendo continuamos el camino hacia Flagstaff, a donde llegamos ya de noche. Allí teníamos la referencia de una pizzería que nos había recomendado alguien en España (gracias Noemí): Picazzo´s. Preguntamos en el centro del pueblo a una atractiva joven y más o menos nos lo supo indicar. Estaba en las afueras del pueblo.
Nos costó un poquillo encontrarlo, pero después de unas cuantas vueltas y casi de casualidad, dimos con ello. Mereció la pena, pues nos metimos pal cuerpo un par de pizzas y unas cervezazas dignas de cinco intrépidos como nosotros.
Tras ello nos pusimos a buscar motel (como todas las noches). Esta vez nos costó un poco encontrarlo, pues, aunque había muchos, los propietarios se subían bastante a la parra y pedían muchos dólares. Al final encontramos el “Arizonan Motel” en el que dormimos placenteramente los cinco por 101,6$, previo preceptivo regateo con el indio-pakistaní que lo regentaba, un tipo bastante peculiar.
Nos acostamos con un cosquilleo en el cuerpo propio de saber que al siguiente día nos esperaba uno de los platos fuertes (si no el más) del viaje: el Parque Nacional del Gran Cañón del Colorado.
El siguiente día nos confirmaría que ese cosquilleo estaba más que justificado, pero esa ya es otra historia…

jueves, agosto 21, 2008

Más fotos

Mientras las crónicas siguen en proceso vamos con algunas fotucas para poner los dientes largos.

Nueva York (que lejos queda ya). El puente de Brooklyn al fondo.

El Grand Cannyon.

Una intrépida ardilla trata de robarle la manzana al intrépido reportero. Y lo consiguió. La cámara de fotos sería imposible quitarsela de las manos.

No es New York sino Las Vegas.

Así se quedo alguno tras una noche de apuestas en Las Vegas.


miércoles, agosto 13, 2008

Día 12: Santa Rosa- Grant (Nuevo Mejico)

Nos encontramos en el estado de Texas, sí la tierra de los Rangers como Walker, no el andarin al que todos conocemos y con el que pasamos momentos alegres, sino el que da ostias como panes. Personaje interpretado por ese gran actor (antes que actor persona), Chuck Norris. Una màquina jugando al póquer, seguro.

Nos hemos ido a desayunar a un bar del pueblo, el Silver Moon en Santa Rosa. Nuestra intención, desayunar en condiciones. Y por todos los dioses del universo que lo conseguimos.

La taza de café siempre hasta arriba, tortitas a porrón con mantequilla, mermelada, miel y esto acompañado de huevos con beicon, alguna tostada como pan y zumo. Vamos, lo que acostumbro a tomar yo todos los días en mi casa para ir con fuerzas a picar a la mina.

La señora que nos atiende, muy amablemente nos ofrece algo picante para nuestros güevos. Después de secarnos las lagrimas, tanta amabilidad nos conmueve, le decimos que no, gracias. A lo largo de estos dias hemos desarrollado una tolerancia muy alta al picante, debido a nuestra dieta, pero cabia la posibilidad de que estuviera hablando de otra cosa. Pues si que empiezan fuerte la mañana.

Después de este desayuno de cowboy, nos vamos a ver el museo del automóvil de la ruta 66 (Route 66 Auto Museum). Esta en el mismo pueblo y en la misma calle, como casi todo, dicho sea de paso.
Es una parada obligada si os gustan los coches y muy recomendable si no es asi, porque podeis ver coches que difícilmente vereis en otro sitio que no sean las películas de los años 60. Los coches y los objetos, como carteles de anuncios publicitarios o de películas junto con juguetes y la musica ambiente, os pondran en situación para vivir un poco, momentos de aquella epoca. La entrada cuesta 5$, y se encuentra en Santa Rosa, NM
88435, en la 2766 Historic Route 66.
Por cierto, la mayoria de estos coches estan a la venta. Si os interesa hacer la ruta 66 con el mejor estilo, esta podria ser una posibilidad. Nosotros seremos fieles a nuestro cañonero… a su aire acondicionado y demas prestaciones.
Con buen sabor de boca, tanto por el desayuno como por el museo que acabamos de dejar nos ponemos rumbo a Santa Fe, en Nuevo Mexico.
De camino a Santa Fe hemos hecho un alto en Las Vegas. Me ha pillado con los ojos cerrados (vale, sobao) y cuando me han dicho que estabamos en Las Vegas, me he acojonado. “ Ya? Pero si antes teniamos que ver el Cañon. Y las luces de los casinos?”
Me corrigen, esto es Las Vegas de Nuevo Mexico. “ ¡Ah! Vale, que como conduce el campurriano…” El resto me entiende. Y es que a Cesar le falta mundo cuando conduce.
Hemos visto lo poco que habia que ver en el pueblo y nos hemos quedado a comer.
Mexicano otra vez, da igual con nuestro estomago inmune. Hemos comido en el Estella`s Café. Comemos bien, pero aquí la coca-cola te la sirven de lata, no a granel y hasta que te hartes, que es a lo que nos habiamos acostumbrado.
Después de comer, nos vamos a Santa Fe. Cerca de este lugar se encuentra Los Alamos, lugar conocido por ser el centro de experimentación e investigación de las bombas nucleares que mas tarde los yankis dejaron caer sobre Hiroshima y Nagasaki.

Los ranchos por esta zona tienen un aspecto mas mexicano y se ve cierta influencia tanto india como hispana, tanto en las formas como en los colores.

Llegamos a Santa Fe y nos acercamos a la plaza, centro pricipal desde el que nos movemos para ver lo mas destacado.

Nos sorprende. No deberiamos haber perdido tiempo en Las Vegas (de Nuevo Mexico).
El pueblo esta muy bien, es bonito, tiene ambiente y se ve mucha actividad por la calle. He de decir que llegamos coincidiendo con un festival de blues.
Genial, la peña bailando en la plaza. Como el chicharrillo de nuestro barrio, pero con sombreros vaqueros en vez de txapela. Vemos como un tipo, con aspecto de vaquero, (puede que no haya visto una vaca en su vida), va donde un grupo de tres mujeres que estan sentadas viendo el baile y una por una, las va invitando a bailar. A la tercera va la vencida. Pa mi que estan en algun grupo de baile o lo llevan haciendo toda la vida, porque se mueven muy bien. Hay que tener cuidado de no pisarle el callo a la parienta con esas botas camperas. Después como todo buen caballero, la acerca al sitio donde ella se encontraba sentada, se despide de ella con un beso, un abrazo y suponemos que la promesa de volver a intentarlo.

En Santa Fe, si llegais antes de las 18:00, tendreis la oportunidad de ver y comprar en los puestos ambulantes de los nativos. Encontrareis cosas muy chulas y a precios algo mas baratos que en las tiendas que hay alrededor de la plaza.

Pudimos ver al pasear por sus calles, incluso antes de entrar en el pueblo, el aspecto colonial que aun seguian queriendo dar a sus casas. Casas de color tierra, simulando las
de adobe colonial.

Salimos de Santa Fe hacia Albuquerque, con pena de no poder dedicarle mas tiempo.
De camino paramos en Grant, que ya es tarde y hay que buscar un sitio donde planchar la oreja. Después de varios intentos, damos con uno que se ajusta a nuestras necesidades economicas. Por fin a la cama y solo son las dos.

sábado, agosto 09, 2008

Día 11: Amarillo - Santa Rosa (Nuevo Mejico)

Another “brick” on the Blog (04-08-08)

¡¡¡Hola corazones (de verano)!!!

Espero que captéis la el juego de palabras...

Tras la escasa cena de anoche en “The Big Texan” nos hemos levantado un poco empanados y nos ha costado encontrar el “Visitor’s Center” de Amarillo. Tras algunas vueltecillas por el centro lo hemos logrado. Allí, una amable americana nos ha aconsejado que visitar en el pueblo y alrededores y esta es la crónica.

Lo primero nos hemos dirigido a Palo Duro Canyon, un parque estatal situado 25 millas al sur de Amarillo, a ver las increíbles hendiduras que el viento y el agua han horadado en la roca. Se podían ver varias capas de sedimentos (cada una de distinto color). Un adelanto de lo que nos espera en Grand Canyon.
También hemos visitado un centro de interpretación y dado un mini-paseo (38º C).

Finalizada esta excursión hemos vuelto al centro y hemos estado por la calle por donde pasaba la antigua Ruta 66. Hemos parado a comer en un auténtico restaurante americano. Allí hemos podido conectarnos a Internet y hemos estado hablando con Óscar y Amaia (gracias al skype). ¡Que puntazo!

Para terminar nuestra visita a Amarillo, nos hemos dirigido a las afueras a ver “Cadillac Ranch”. Un patatal en el que también hay plantados 10 cadillacs (morro abajo). Los coches están todos grafiteados y hay unos botes de pintura para que el que quiera deje su “firma”. Nosotros lo hemos hecho, como quedará demostrado en alguna de las fotos.
Nuevamente tomamos el coche para adentrarnos más en el “Pandhandle” de Texas (la zona norte, la que cruza la Ruta 66). Hemos parado en Vega y Adrian, dos pueblos que se disputan ser el punto intermedio de la ruta entre Chicago y Los Ángeles.
Después hemos llegado a Glenrio, pueblo que se sitúa en la frontera entre Texas y Nuevo México. Otro pueblo fantasma (en este caso 100% fantasma, no había ni una casa con aspecto de estar habitada, ni una persona, ni siquiera un animal.
Pensaréis que nos repetimos un poco, al principio, cada día visitábamos un rascacielos, ahora cada día un pueblo fantasma…
Lamentablemente, en nuestro periplo por el estado de Texas no hemos podido ver ninguno de los famosos “Rangers” de Texas, ninguna noticia del inigualable Chuck Norris.

Desde Glenrio hemos tomado una pista de grava hasta San Jon (ya Nuevo México), lo cual es pecata minuta para nuestro “CANYONEROU”.
Para finalizar el día, nada mejor que reponer fuerzas en Santa Rosa. Hoy hemos buscado (y encontrado) el motel antes de ir a cenar. Es la primera vez que nos pasa.

Vamos a muy buen ritmo. Más o menos hemos ganado un día y si seguimos así es probable que nos de tiempo a visitar San Francisco, aunque sea a la carrera.

Hasta mañana o un día de estos.